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WILLIAM DARÍO HINCAPIÉ GARCÍA

WILLIAM DARÍO HINCAPIÉ GARCÍA

El siglo que aun se inaugura le ha dejado a la política y a las instituciones sociales, la tarea de descubrir, avizorar y promover una sociedad distinta, diferente, democrática. Dicho así, parece bastante idealizado y puede que nos sepa a lo mismo, pero si tenemos por axioma que, el ser humano es un ser de referentes, hábitat, mundo y lenguaje, estaremos acercándonos a una comprensión más amplia de las cosas. De este modo entonces, se entiende que a lo referencial le corresponde disponerse a enseñar el rostro donde los otros se miren y puedan advertir la voluntad, la honestidad y el coraje de aquellos que siempre miran hacía adelante e imaginan que lo imposible se puede tornar posible y real. El hábitat y el mundo del que hablamos, los configuran todas aquellas acciones que se ejercen sobre lo natural, y lo vemos en el municipio, cuando a la vuelta de veinte años el proyecto urbano y citadino no puede hacerse más evidente. Ese proyecto tiene implicaciones y las tiene, incluso, en el orden de las relaciones, los espacios se acortan y el uno y el otro están cada vez más cerca intentando colonizar una porción del hábitat para sí mismos, pues es con esa porción que se aseguran estar en el mundo, tener un lugar. Ahora bien, mediar en la tensión entre el uno y el otro, tensión por el hábitat y el mundo, tal vez sea una de las responsabilidamás apremiantes que las naciones tienen que enfrentar cuando la meta es el progreso y el desarrollo. Por ultimo, el lenguaje, aquel que se compone de palabras, gestos y expresiones que comunican y hacen puente en la relación con el otro, es llamado aquí para que se le reconozca como la raíz que hunde su vitalidad en el acto hacer comunidad, si el ser humano se constituye humano, lo hace gracias a las posibilidades de decirse y afirmarse en el lenguaje, y con ello, significar y ser representado por y para los demás. Hablamos de lenguaje en este espacio, pues es menester nuestro, señalar que, por ejemplo, la palabra y el gesto siempre nos han acompañado en el camino de construir naciones, formar instituciones y emprender utopías, pero si estos han sido siempre nuestros acompañantes, la pregunta que nos sobreviene se deriva de reflexionar si ¿acaso los proyectos más macabros, deshumanizantes y destructores han tomado forma y se han llevado a la practica por la vía de la palabra y el gesto? Probablemente si. De modo que, el llamado que se hace en estas letras tiene que ver con exhortar a todos los que nos comprometemos con la intervención social para que cuidemos la palabra y el gesto que nos acompaña en la relación con el otro, pues tanto la palabra y el gesto que usamos puede crear o destruir las condiciones de esa sociedad distinta que todos anhelamos. En este sentido, concibo mi inscripción en el campo de la intervención social como una responsabilidad con la palabra, el hábitat, el lenguaje y el mundo, intentando mediar entre la tradición y el esfuerzo por re-significar nuestro orden simbólico.

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