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David Generoso Gil

David Generoso Gil

To crohnicas31/12/2015

Star Wars, el despertar de la fuerza
Doscientos minutos de anuncios y trailers después, por fin empieza. Miles de estrellas salpicando el espacio desafiante, un resumen para situarnos en medio de la historia construido con frases que se alejan hacia el horizonte, un travelling vertical. Y John Williams. Su música enciende un interruptor, a modo de magdalena de Proust, y me lleva a mi adolescencia, a una sala de cine improvisada en un centro cultural, La guerra de las galaxias, la primera vez de muchas, un espectáculo grandioso para mis inocentes doce años, qué leches, y para mis cuarenta y pico, la gigantesca nave de la flota imperial que no termina nunca de pasar, la princesa Leia escondiendo un mensaje en un robot cabezón llamado R2-D2 y Darth Vader, su propio padre, atrapándola. Ahí empezó todo. Treinta y cinco años después, esas imágenes transitan por mi circuito emocional recién engrasado. Padres y madres aplauden el inicio de la nueva trilogía mientras sus hijos les miran desconcertados y a mí se me saltan las lágrimas en un ejercicio de nostalgia puntuado con un nueve alto. No importa que el guión tenga huecos que rellenar, que el abrumador espectáculo visual sea excesivo en algunas batallas o que ciertas escenas recuerden demasiado a otras ya disfrutadas. La película nos lleva por territorios emocionales perfectamente calculados y personificados en los dos jóvenes héroes, que asisten a los acontecimientos como si fuéramos nosotros mismos, fascinados con cada referencia al pasado y ante la aparición de personajes clásicos que, nos cuentan, ellos han mamado en las leyendas. A la media hora de espectáculo ya sabes que no estás, ni de lejos, ante la abominable batalla entre Sith y Jedis que ensució el nombre de Star Wars. Y cuando aparece ÉL con su amigo peludo y la sala atrona en aplausos, a ti se te sube un nudo a la garganta y piensas que tu hijo, que da buena cuenta de un cucurucho de palomitas en el asiento de al lado, ya tiene su propia saga galáctica con la que emocionarse treinta años después. Que la fuerza le acompañe. En la vida, y en el cine, que también alecciona, curte frente a las adversidades y emociona.

David Generoso Gil
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