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ABEL ENRIQUE SINNING CASTAÑEDA

ABEL ENRIQUE SINNING CASTAÑEDA

ELEGIA AL GENERAL INOCUO
La elegía, como nos indica el diccionario, no es solo el canto por un personaje fallecido; también puede componerse para lamentar algún acontecimiento.
Recuerdo esto por las numerosas elegías compuestas con ocasión del abrupto retiro del taciturno general Mora Rangel de las conversaciones de La Habana. Se reclama el regreso de ese oficial retirado a las llamadas conversaciones de paz dizque para asegurar que el proceso no se desvíe, porque su presencia se considera esencial para lograr la desmovilización y la entrega de armas, como si durante estos largos años de logomaquia, el general Mora hubiera, alguna vez, influido en algo, u objetado las sucesivas concesiones a las FARCUP.
Siempre silente (discreto dirán algunos), ha asistido impasible al teatro que se representa en la capital cubana para protocolizar lo que, a espaldas de Colombia, se acuerde entre Timo y el presidente a través de los auténticos negociadores, “Iván Márquez” y Sergio Jaramillo, detrás del eficaz mascarón de Humberto de la Calle. ¡Da, entonces, lo mismo con Mora que sin él!
Nunca en la historia de Colombia hubo un personaje con el poder decisorio del general Mora Rangel, pero él no supo que lo tenía o no quiso ejercerlo. Hubiera bastado con una carta de renuncia digna en la que se revelase la magnitud de la entrega que se hace de la democracia y el derecho, para reventar el mal llamado proceso de paz. Pero Mora Rangel prefirió el silencio impenetrable y el cobro oportuno de sus emolumentos antes que cumplir con la patria.
Ya es tarde para reaccionar. Lo sacan de La Habana y lo pasean como estólido trofeo, en compañía del doctor Santos, por las guarniciones del país, para que dizque aleccione a los militares sobre las bondades del procesode La Habana y acerca del principio de la obediencia irrestricta al poder civil. Triste humillación para un personaje inseguro, porque el gran general Mora alcanzó su nivel de incompetencia como negociador.
Tendrá, pues, que seguir mudo. Si ahora habla, ya nadie le hará caso porque participó demasiado tiempo en la infame farsa. Ya no lo espera la embajada soñada (como la que consiguió Villegas con su silencio). Se quedó, pues, con el pecado y sin el género.
A los alegres y confiados pasajeros que bailan en la cubierta del barco mientras este atraviesa una encrespada tormenta, nada les preocupa, ni siquiera se ponen el chaleco salvavidas…
He ahí la imagen de la actual situación nacional. Con la entrega a las FARCUP del control territorial de millones de hectáreas rurales (las ZRC) y con una serie de reformas constitucionales para facilitarles el acceso al poder, no se logrará un equilibrio duradero de fuerzas. Pensar que aquí no pasará lo de Venezuela porque la subversión se reduce a dos golpeadas bandas castro-terroristas, que dizque “estarían mejor en el Congreso que en los campos”, no pasa de ser pasmosa candidez, o excusa para seguir amenizando la parranda populista en que se solaza el país.
Una vez se firme la “paz”, la subversión, que conservará sus armas, trasladará su accionar a las ciudades, donde vive más del 70% de la población.
Nadie sabe cuántos efectivos tienen sus milicias. Algunos calculan que por cada guerrillero en filas hay 3 o 4 colaboradores urbanos, para cuya activación solo se espera la firma.
Cuando los guerrilleros se trasladen del campo a las urbes, empezará una nueva fase en la lucha ineludible para alcanzar el poder, que las FARCUP nunca han negado, mientras la sociedad espera que se conviertan en otro partido inofensivo, democrático y parlamentario.
La legislación vigente es democrática, pero la judicatura y el magisterio están infiltrados de arriba abajo. Los medios son de los cacaos, pero sus contenidos están sesgados a favor de la entrega. Abundan, especialmente en la Compañía de Jesús, los mamertos eclesiásticos.
Pero en vez de reaccionar, seguimos bailando en la cubierta…
¡Qué vergüenza! Tiene que venir Felipe González a defender a los opositores de la dictadura venezolana, porque todas las izquierdas “democráticas” de América Latina baten palmas a favor del castro-chavismo.

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