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ANTONIO BENITEZ MARTINEZ

ANTONIO BENITEZ MARTINEZ

Quiero contarle una historia.

Ayer tuve oportunidad de conocer el caso de un joven que vivía en la escasez. Hasta sus 24 años, pobre.

Pero como manda la ley de la pobreza: pobre que se respeta, toma. Y ese era el caso de este muchacho. Todos los fines de semana, a tomar. A gastar en licor.

Además de ser hincha de la cerveza, era amante del fútbol. Sabía a cuánto ascendía el contrato de Messi, Ronaldo y todas las estrellas de ese deporte.

Ayer lo escuché distinto. Contó su historia de superación, y ahí parado ante un auditorio dijo: "Yo sabía cuánto valían esos grandes jugadores, y no sabía cuánto valía yo. Estaba al tanto de los millones de Messi, y no de mi propia vida."

Señores, de la pobreza no se sale con vicios.
De la pobreza no sale estando al tanto de la vida de otros.
Al éxito no llegamos contando dineros ajenos. Tampoco con lamentos.

Al dinero grande se llega con gran autoestima y gran decisión.
Usted debe estar ocupado haciendo su imperio, no haciendo dinero para otros.

Porque las cosas suceden así: Con su pobreza usted está haciendo rico a otro. Con sus vicios está dándole su trabajo a otro. Ese dinero que sale de sus bolsillos llega a las manos de alguien.

Hágase de esta norma: "Si sale dinero de mi bolsillo, que sea para construirme y no para destruirme. Para enriquecerme y no para empobrecerme."

El joven que yo escuché, ahora piensa distinto. Ya empezó su negocio... ahora habla más de éxito personal, que de fútbol.

La riqueza es mental. El cambio de actitud lo es todo. Usted no puede envejecer para contar la historia de otros, sino su propia historia.

Al finalizar el chico me dice: "Messi puede ser el mejor jugador del mundo, pero en mi vida el tigre soy yo. El partido más importante de mi vida lo juego yo y nadie más que yo. Y no lo voy a ganar sentado frente a un televisor, ni bebiendo cerveza, sino haciendo empresa"

Señores: el futuro es ahora, no mañana

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