Adriana Bevacqua García en Curiosidades, Nutricionistas, Ecología y Medioambiente Responsable Dpto Soporte a Usuarios, Moderación y captación de contenido en español • beBee.com 27/11/2017 · 4 min de lectura · 2,3K

¿Que tipo de alimentación tendremos dentro de 50 años?

Arroces vitaminados, harinas de insectos, verduras cultivadas en el desierto, algas cosechadas en el mar... las piscifactorías irán flotando libres, la carne será un lujo, habrá huevos sin huevo...

Hace 40 años, en su nevera no había leche sin lactosa, bebida de soja ni mozzarella de búfala. En su despensa, ni rastro de pistachos o nueces de macadamia. En el frutero, manzanas y naranjas, pero no kiwis o sandía sin pepitas. En el salero había sal, a secas, nada de escamas, ni del Tíbet, ni de Hawái. Nos prometimos que nunca probaríamos las algas que se comían en Japón, y ya ven... Desde inicios de los setenta han pasado por las sartenes de los restaurantes todo tipo de carnes, algunas ya forman parte de nuestra dieta, otras sólo fueron una anécdota. Arroz había de un tipo, y ahora…

En la pescadería, ya hay quien no compra atún rojo, amenazado de extinción. Y hay quien duda entre poner en la cesta la hamburguesa ecológica o la vegetal. Ser o no ser. ¿Ser vegetariano? ¿Seguir comiendo carne, pero racionándola? Los huertos urbanos no existían; harinas, sólo la de trigo, el apellido light apenas empezaba a asomar…

¿Qué habríamos adivinado de todo ello hace 40 años? ¿Qué nos deparará el futuro? El aumento de la población planetaria a los 9.500 millones de habitantes obligará a buscar nuevas alternativas alimentarias. Las exigencias del cambio climático, la escasez de acuíferos, los gases contaminantes que produce la ganadería mundial obligarán a pasar muchas páginas, a mirar a los insectos como fuente de alimento y a conquistar el desierto como superficie arable con cultivos que necesiten poco riego, además de reconsiderar el mar como una despensa vegetal y no tanto animal. Frutas y hortalizas que se creían desaparecidas volverán a comercializarse igual que ahora sucede con algunas verduras ancestrales habituales hasta que se impusieron en la dieta los productos venidos del Nuevo Mundo.

¿Que tipo de alimentación tendremos dentro de 50 años?


Insectos

Millones de personas en el mundo practican la entomofagia, la costumbre de comer insectos (grillos, gusanos de la harina…), bien enteros, bien molidos. Hoy es ya una alternativa a la carne en muchos países por su alto poder nutritivo. En el 2051 podrá ser una opción alimentaria mayoritaria si se vencen los prejuicios que en algunas partes de Occidente también se tenían al pescado crudo o a las algas. La FAO ya ha apostado por este tipo de explotaciones “ganaderas” cuyos costes, espacio y consumo de agua son muy bajos (2.500 veces menos que las de una granja de reses) y cuyo producto final aporta muchos nutrientes, es bajo en colesterol y alto en calcio y hierro, lo que paliará los efectos de la desnutrición y las hambrunas. Los defensores de la entomofagia recuerdan que hoy en día todos consumimos insectos (casi siempre sin saberlo) como la cochinilla (que sirve para dar color a algunos embutidos y a algunos yogures), la kerria lacca (que sirve para dar brillo a caramelos y golosinas) o los áfidos que pueden hallarse en su caña de cerveza.



Verduras y algas

Las granjas del futuro serán muy distintas a las de hoy en día: las de ganado irán a la baja; las de insectos, al alza; las explotaciones agrarias ganarán terreno a la desertización con nuevos sistemas de irrigación y de desalinización del agua marina, si bien la gran despensa del futuro, que ya asoma, estará bajo el mar. El 70% de la superficie del planeta es agua, pero de ella sólo obtenemos el 2% de lo que comemos. En el mercado habrá tantas clases de algas como ahora lechugas y se conservarán mucho mejor que ahora en un tipo de sal menos salada. En el 2050 ya no pedirá una hamburguesa vegetal, sino que especificará: de kombu, de dulse, o quién sabe, de clorella. Esta alga microscópica tiene un gran potencial no sólo alimentario (deshidratada tiene alto contenido proteínico y grasas poliinsaturadas) sino médico, en la prevención del cáncer y el control del peso.



Arroces

En Asia, millones de personas sufren desnutrición al basar su dieta casi exclusivamente en este cereal. Investigadores de todo el mundo están desarrollando arroces que llevarán incorporadas más proteínas y vitaminas. En los últimos años, institutos como el IRRI, con sede en Filipinas, han creado 843 clases diferentes de arroz, entre ellos el green super rice (superarroz verde), que es la síntesis de 250 variedades, y el golden rice (arroz dorado), de un color anaranjado porque lleva betacaroteno (nutriente y antioxidante) incluido. Con este arroz, no hará falta poner azafrán a la paella.



Carne

Muchos expertos coinciden en que, dentro de tres o cuatro décadas, el consumo de carne animal será muchísimo menor que el actual y que para algunas familias un solomillo será un capricho que podrán permitirse de uvas a peras. Los altos costes, la escasez de agua y la factura ecológica de criar ganado ponen en duda el actual modelo de producción, que, sin embargo, no desaparecerá. De hecho, los productores de carne intentarán quitarle la etiqueta de “producto de lujo” a un alimento que acabará siéndolo. Una parrillada de carne “de verdad” valdrá su peso en oro y será mucho más cara que la mejor mariscada de hoy en día. ¿Alternativas? Carne vegetal con idéntica textura y sabores a la opción animal, sólo que elaborada a partir de soja, guisantes, extracto de plantas, gelatinas y condimentos naturales. Y carne elaborada a partir de las bisnietas de las actuales impresoras 3D. ¿Y la cocción? Pues como quieran, pero los que la pidan poco hecha, que no esperen sangre.



Pescado

Un estudio de prospectiva alimentaria y medioambiental (Lantern, 2014) señala la cría del atún rojo en cautividad, especie amenazada con la extinción, como uno de los grandes retos de las próximas décadas. Desde hace 30 años, los científicos japoneses buscan la fórmula para que el atún pueda crecer en cautividad, pero no hallan la manera de alimentara las larvas. Ya han obtenido resultados; para el 2050, ya habrán solucionado el jeroglífico. La pesca del futuro será muy distinta a la actual, también las piscifactorías. En realidad, ambos métodos tenderán a solaparse, pues se extenderá la idea de la granjas móviles, es decir, grandes esferas donde irán creciendo los peces en cautividad que se alimentarán del plancton flotante, como si de un banco en semi libertad se tratase. La empresa Kampachi ya ha probado un prototipo.



Cereales y huevos

Las “nuevas harinas” se han adueñado de la alacena: de castaña, algarroba, espelta, kamut… En el 2050, la quinoa será el pan nuestro de cada día, y el 2050, el club sándwich podrá ser como el que pide ahora en el servicio de habitaciones del hotel o todo lo contrario. El teff, cereal de origen etíope que da una harina grisácea, está llamado a ser una alternativa al trigo: se cultiva con facilidad y crece muy rápido, es panificabley no contiene gluten, ideal para celiacos. El sorgo, otra gramínea cultivada para uso humano y forraje de animales, aporta propiedades y vitaminas poco exploradas hasta ahora. Una receta del futuro: pastel dulce de sorgo con huevos sin huevos. Hay empresas, como la startup Hampton Creek, respaldadas por grandes capitales, que ya fabrican galletas de sorgo y que están combinando nutrientes de plantas en el laboratorio para dar con la fórmula de un huevo igual que el de gallina, pero 100% vegetal.


¿Cómo se adaptará la industria alimentaria a los cambiantes caprichos del cambio climático? Y aún, ¿comeremos lo que nos vendrá en gana o más bien lo que nos dictarán nuestros doctores y guardianes de la salud? Tal vez tengamos una pulserita personalizada que determinará lo que podemos comer (puré de verdura, sí; pastel de grillos, no). ¿Los productos sanos tendrán un descuento por el hecho de serlo o serán más caros que los procesados y menos nutritivos?

Habrá que esperar un poco, pero no mucho, para tener las respuestas...



Interesante, pero sin duda será diferente. Además lo que hoy pensamos que es bueno, seguro que dirán que es malo y lo malo que es ya bueno. Yo por si acaso aprovecharé que todavía hay buenos chuletones para comerme alguno que otro, no vaya a ser que en 50 años no queden.

+2 +2
Antonio Riobó Conde 29/11/2017 · #17

Este usuario ha eliminado este comentario

0
Antonio Riobó Conde 29/11/2017 · #15

Interesante Adriana. Esto será más pronto que tarde.

+2 +2

Pues los bichos así, grima dan, pero la harina no me parece mala idea. Se han comprobado, sabor parecido a nueces, pollo y Miguel de la Cuadra Salcedo, en una de sus expediciones reconoció haber sobrevivido gracuas a la ingesta de insectos.

+1 +1
David Sánchez González 29/11/2017 · #13

Curiosa la foto con los cultivos circulares. ¿Qué seran...?

+2 +2
David Sánchez González 29/11/2017 · #12

Me imagino pidiendo triglofiros proteinicos, con edulcorante EZ-9, y un comprimido fruteico bañado con un liquido amniótico B12 con sabor a "chateaux" del 45... ¡Que no "chato", que noo! Que mientras pueda pegarle un "bocao" a la sandía. Antes que darselo a la cabeza de un saltamontes😊😊 En serio. Gran articulo. Que mas veremos o nos quedara por ver...

+2 +2

Muy interesante! Enhorabuena 😌

+2 +2
Ana Rebón 28/11/2017 · #10

Muy interesante @Adriana Bevacqua García y mucho más cercano de lo que pensamos

+4 +4