Aitor 🐝 Díez Fernández en Médicos y Profesiones Sanitarias, Moda y belleza, Oficios y profesiones Brand Ambassador - Embajador de la marca • Bebee 17/11/2016 · 2 min de lectura · 2,1K

Las palomas no son un vector de enfermedades tan terrible como creemos. Las odiamos por otro motivo

Las palomas no son un vector de enfermedades tan terrible como creemos. Las odiamos por otro motivo

Las consideramos una plaga tan infecta que se han ganado el apelativo de las ratas del aire, pero ¿realmente son tan peligrosas? El sociólogo Colin Jerolmack se embarcó en una investigación de 150 años, y la respuesta a la que llegó es sorprendente: el odio a las palomas es infundado.

Todo empezó, paradójicamente, con una cagada de paloma. Jerolmack salió a un parque a pensar cómo se podían mejorar las zonas verdes de Nueva York y la respuesta le cayó encima. Sin embargo, en lugar de abogar por exterminar a esos pequeños retretes con alas, el sociólogo se preguntó por qué las odiamos tanto.

Para dar con una respuesta, Jerolmack recopiló toda la documentación que pudo encontrar sobre la relación entre palomas y humanos en Manhattan en los últimos 150 años. Lo que descubrió es que el odio exacerbado a las palomas es un fenómeno relativamente reciente. Las palomas han acompañado al ser humano durante cientos de años, pero solo se han convertido en un problema en las últimas décadas.

Las palomas no son un vector de enfermedades tan terrible como creemos. Las odiamos por otro motivo

El odio a las palomas comenzó a gestarse en la década de los 30 y 40 debido a la proliferación de estas aves y de sus abundantes cagarrutas. Las palomas defecan una media de 11 kilos de excremento al año, y el PH de su materia fecal es lo bastante ácido como para suponer un problema para los edificios que llevan más décadas soportando esa lluvia infecta.

En los años 50 la animosidad hacia las palomas subió un nuevo peldaño después de que se descubriera que son vectores de varias enfermedades que pueden afectar al ser humano. Se conocen más de 30 afeccionesvinculadas a estas aves como la listeria, la salmonellosis o la toxoplasmosis. Sin embargo, la realidad es que, como vector, las palomas son muy poco efectivas. El centro de Control de Enfermedades de Estados Unidos no las considera una amenaza para la salud publica y sus epidemiólogos confirman que los casos de contagio de alguna enfermedad a seres humanos son muy raros.

Pese a que son mucho menos plaga de lo que pensamos, nuestra imagen de ellas siguió empeorando. En 1966, el responsable de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Nueva York acuñó el término “Ratas con alas” y la paloma se convirtió en el enemigo público número uno en el imaginario colectivo.