Alfonso nava in Curiosidades de la Historia, Venezuela, Profesores y educadores Escritor • Fivver Jun 2, 2020 · 2 min read · +700

Cultura Musical Toense


                                       Cultura Musical Toense


Cultura Musical Toense


     La cultura musical, perteneciente al Municipio Almirante Padilla, del Estado Zulia, en nuestra bella Venezuela, es la Décima. Aunque la Décima tiene sus inicios con el poeta Murciano Vicente Espinel en el año 1591 y fue llevada a nuestras tierras desde la lejana España, hoy es la forma musical más arraigada a nuestra cultura.

   Se dice que fue llevada en forma de declama y no con su conjugación letra-música-ritmo, como la conocemos hoy, algunos afirman que su principal uso fue llevar el evangelio y creencias católicas a las nuevas tierras. Otros cuentan que Espinel trajo este estilo guiado al ritmo de la guitarra y en el expresaba increíbles poesías que a los oídos de los incultos parecían sacadas de otro idioma. La décima conocida como Espinela, llamada así por su promotor en tierras venezolanas, Vicente Espinel, utilizaba un lenguaje muy culto, con palabras ya rebuscadas para la época. Aun así, su ritmo y contenido a medio entender resultaron pegajosos para los lugareños. En las orillas de la Isla de Toas, San Carlos, Maraca, Zapara y Sabaneta de Montiel, se empezó a popularizar este ritmo, solo que se adaptó al sonido del cuatro Venezolano, instrumento que era mucho más fácil de fabricar o comprar en esas tierras isleñas.

     Los lugareños consiguieron imitar los compases musicales o mejor dicho adaptarlo lo más parecido posible a lo que escuchaban de los españoles, estos cultores sin estudios musicales, de instrumento y sin ni si quera haber estudiado en una escuela en la mayoría de los casos, entonaban sus cantos en los que incluían anécdotas de cosas sucedidas, historias jocosas de sus jornadas de trabajo o en lo cotidiano, pero en esta oportunidad sus  versos comprendían palabras sencillas, palabras populacheras y propias del dialecto del gentilicio común de su pueblo. 

   Algo impresionante  y lo más increíble del caso es, como lograron dominar estas personas, que en la mayoría eran pescadores,  iletrados o en el mejor de los casos graduados de tercer o quinto grado de educación primaria, dominar la composición estructural de la décima,  ya que está compuesta de un esquema que cuenta de diez versos, (por lo cual se le da su nombre, décima) donde cada verso se estructura de ocho silabas métricas, que han de terminar de la siguiente conjugación básica: A-B-B-A;A-C-C-D-D-C. Los versos de la Décima  Espinela pueden ser diferentes de octosílabos en los siguientes casos: Cuando el verso termina en una palabra esdrújula: nueve sílabas y cuando termina en palabra aguda: siete sílabas.

     Entre el cuarto y quinto verso hay una pausa obligatoria. Destacando que la última silaba métrica de cada verso debe terminar con la misma silaba que determina el diagrama, aunque también es aceptable que la terminación sea consonante, es decir que el sonido de la misma haga referencia a sus compañeras según el diagrama de estructura de la décima.

     Por ejemplo: 1 versos, si termina en "la"; el verso 4 y 5 deben terminar igual o con un sonido equivalente.

     Normalmente a las poesías de este tipo que cumplen de manera nítida la regla de terminación vocálica en la última métrica de cada verso e incluyen palabras que encajan con un vocabulario de alguien letrado, se les denomina décimas cultas. Y a las que carecen de algunas de estas características, se les denomina populares u orilleras, refiriéndose a que fueron creadas por pescadores o pueblerinos de pocos o ningún estudio seglar.

     En Isla de Toas, por ejemplo, los pescadores y sus familias se divertían entonando estos cantos en su vida diaria, al salir a la pesca, mientas se pescaba o al regresar, nunca estaba demás entonar una buena décima, o componerla en plena faena. Lo más fabuloso es que estos personajes aparentemente incultos tenían la capacidad de componer perfectamente estas poesías cumpliendo con sus exigencias, en el mayor de los casos no usaban papel y lápiz, pues las construían en su mente y las grababan allí para luego entonarlas con sus amigos y pasar gratos momentos.

     En resumen,  algunos no sabían leer ni escribir, pero conjugaban diez versos octosilábicos cumpliendo con la estructura simétrica A-B-B-A; A-C-C-D-D-C, y al terminarlas dentro de sus mentes, las almacenaban, a veces por años, de donde las sacaban cuando alguien les decía: Vamos, cántate la del Zamuro...

     Hoy en día, la décima sigue su curso, en Isla de Toas se encuentran muchos decimistas y cultores... si deseas lerer una décima tóense o incluso ver un vídeo donde un verdadero Isleño entona una, visita mi blog aquí: https://alfonso04nava.wixsite.com/isladetoas

Autor: Alfonso Nava