Amparo Mahecha Parra in Comunicación y Periodismo, Escritores, Viajes traductora y redactora • Sociedad de San Pablo Apr 21, 2020 · 1 min read · +600

DIARIO DE UNA CUARENTENA

Diario de una cuarentena

Los días… los días se desparraman unos encima de otros, se empujan, formando una masa informe, que aumenta su tamaño como una bola de nieve que rueda sin saber hacia dónde. Estamos hechos de esa masa, que se comprime pero que al desdoblarse devela señales de nuestra fuerza de voluntad: el baño diario, las comidas (aunque a deshoras), el lavado de la loza, la oración (cualquiera que ella sea), la lectura, las 100 idas y venidas por el pasillo, los documentales en la noche, las continuas pesadillas, la búsqueda de los otros en redes sociales, en Skype, en el teléfono, como si nos comunicáramos con señales de humo. La comunicación es lenta, porque resbalamos y caemos con frecuencia en el ensimismamiento, que algunos no comprenden ni perdonan.

Ya conocen los otros lo que experimentamos a diario las personas que vivimos en soledad interna y externa: la falta de referentes. Uno no sabe qué tan viejo es porque no le ha crecido un hijo ni los años han estado marcados con eventos, tales como bautismos o aniversarios. Ya saben cómo se percibe el tiempo deslizándose sobre las superficies y deteniéndose en ellas, ya saben cómo se vive con total consciencia cada acto cotidiano.

La cuarentena es una especie de muerte. Recordamos la última vez que… recibimos un abrazo, que tomamos vino en buena compañía o que realizamos un acto de solidaridad en tiempo real, que escuchamos el sonido del mar, en fin, las cosas que no sabemos si volveremos a hacer o de qué manera, porque será un mundo nuevo transformado por esta experiencia novedosa, dolorosa e impuesta.

La cuarentena hace que todos vivamos como enfermos, al fin y al cabo, el mundo está enfermo. Cuando uno está enfermo experimenta sentimientos nuevos. Se vive en un mundo diferente, que solo está habitado por uno mismo y nuestras necesidades más precarias. Se siente que los otros viven una realidad diferente y son privilegiados de muchas formas: pueden moverse, circular libremente por las calles, participar en reuniones, asistir a eventos… Se siente que ellos, los que están sanos, pertenecen a otro mundo, son eximidos del castigo, de la purga, por alguna razón, y eso trae dolor y mucha alegra, porque preferimos ser nosotros los dolientes y no que sean nuestros seres queridos.

El mundo del enfermo, y yo he estado enferma de gravedad, se reduce a la habitación hospitalaria, a las rondas de los médicos, a las breves charlas con el personal de enfermería, a las lentas caminatas por los pasillos del piso, arrastrando la cruz de los miles de cables, el suero y demás aditamentos, a las esperadas y ansiadas visitas, a las noches eternas de insomnio y ansiedad. El mundo del enfermo se mide por los avances del día a día, como cuando, después de muchas semanas, me pude poner de pie y gritaba de alegría.... Me pregunto, entonces, ahora que todos estamos enfermos, que todos estamos contagiados de una u otra forma, ¿quiénes son los que viven la otra realidad, la de la libertad? ¿Cuáles son nuestros pequeños avances en el día a día como humanidad? ¿Quiénes son los médicos? ¿Quiénes los visitantes? ¿Cuál es la cruz?DIARIO DE UNA CUARENTENA


Amparo Mahecha Parra Apr 27, 2020 · #2

#1 Gracias, me parece muy lindo lo que dices....... habrá mucha más poesía!

+1 +1
Juan Ignacio Gilligan Apr 24, 2020 · #1

Tu gatita/o es parecida a la que tenemos en casa! Gracias por compartir tu texto, tan personal y real. A veces abro mi perspectiva y pienso que esto es un paso necesario para que surja un paradigma diferente. Sabios y maestros se internaban en el desierto para borrar la huella que el mundo les había impreso. Buda, Jesús, los poetas persas, y tantos otros. Cuando salgamos de esto seremos otros, habrá mucha más poesía....

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