Anabel Timor Tornero en Microrrelatos Docente 28/2/2018 · 1 min de lectura · 1,2K

AMOR ETERNO

AMOR ETERNO

Sólo un cruce de miradas y le hizo estremecerse. 

Era la criatura más bella que jamás había visto, y eso que andaba años y años cambiando de lugares para poder pasar desapercibido, viviendo las noches, durmiendo los días. Su condición de muerto-viviente era incómoda, desoladora.

Con el paso del tiempo tuvo que desistir de crear vínculos con los humanos. Cada vez era más terrible tener que despedirse, ver cómo iban envejeciendo, muriendo. Era demencial.

Nunca supo bien cierto quién o qué  era el culpable de su condición. Había perdido la noción del tiempo. Estaba sólo. Hacía años que se había separado de sus últimos congéneres. No soportaba su brutalidad, su salvajismo.

La vida no era fácil. La soledad pesaba más que el hambre.

Era nómada por necesidad. No podía consentir que nada ni nadie le atara a ningún sitio. Echaba de menos tener amigos, tener un trabajo, tener pareja. Quería ser normal.

Cuando la vio por primera vez bajo el resplandor de la luna, no daba crédito. Sus ojos, su mirada… ¡Cuánta intensidad! Tan etérea. No parecía humana. Se quedó paralizado.

  • ¿Te ocurre algo? preguntó ella de repente. ¡Estás pálido! exclamó.

  • No, nada. Sólo es un ligero mareo.

  • Bien, entonces podemos solucionarlo. Te invito a un café y te reanimas.

  • Gracias, pero no puedo aceptarlo. Debo irme.

  • No admito un no como respuesta. Anda. Entremos en esa cafetería.

  • Bueno, pero sólo unos minutos.

Ella quedó prendada no sabe muy bien si de su timidez, de su palidez o  de ambas cosas. Le dio su número de teléfono y le hizo prometer que la llamaría.

Él no la llamó.

Ella lo buscó. Salía por las noches, deambulaba por las calles desiertas. Su intuición se acentuó, confió en su instinto  y al final logró encontrarle.

No hicieron falta las palabras. Ambos sabían que estaban destinados el uno para el otro.

Él no podía confesarle su verdad.

Ella empezó a sospechar. Empezó a investigar. Era alucinante todo lo que estaba descubriendo.

Él tenía miedo. Miedo a no poder controlarse, miedo a perderla. El miedo lo paralizaba.

Ella no tenía miedo. Ella quería saber más y más.

  • Dime qué está ocurriendo, dijo ella una noche.

  • Debo irme, volvió a decir él.

  • ¡No!, exclamó ella. Tengo derecho a saberlo. Quiero saberlo y quiero formar parte de ello.

  • Déjame que me vaya, por tu propio bien.

  • Sabes que eso no va a ser posible, dijo ella. Demasiado tarde.  

  • Bien, si así lo deseas, te contaré mi historia.

Una historia tan surrealista como su relación. Tan tétrica, tan lúgubre, tan triste, que hizo que su amor por él creciera hasta el punto de querer perder su propia vida para poder seguir a su lado.

Al final pudo convencerle y convirtió a su amada en su eterna pareja.

Fueron felices en la medida de lo posible, es decir, por encima y a pesar de todas las cosas.




Intenso relato. 
Hay que ver las pasiones que guardamos en la mente y corazoncito, me encanta que lo hayas dejado fluír, sabes enganchar. Esperando tú aiguiente relato. 

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#19 Bienvenido a beBee Miguel Giménez Perez.

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Anabel Timor Tornero 11/3/2018 · #22

#21 Gracias a ti @Maria Llopis por leerlo y por el comentario.

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Maria Llopis 10/3/2018 · #21

Qué bonito relato @Anabel Timor Tornero !! Me ha gustado mucho . Gracias por compartirlo !!

+1 +1
Anabel Timor Tornero 1/3/2018 · #20

#19 Ha sido entretenido @Miguel Giménez Pérez, y el tema me gustaba.

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Miguel Giménez Pérez 1/3/2018 · #19

Ya has empezado. No pares.

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Anabel Timor Tornero 28/2/2018 · #17

#9 Muchas gracias @Maria Merino

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