Antonio Blanco Llamas en Oficios y profesiones, Recursos Humanos, Telecomunicaciones e Informática Departamento técnico FTTH 23/9/2016 · 3 min de lectura · +800

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX

Por Antonio Blanco Llamas.

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX con la revolución industrial, se materializó un esquema de trabajo en cadenas de producción que no tardó en implantarse en todas las empresas de la época. A grandes rasgos el sistema de trabajo era sencillo y planteaba muchas características comunes independientemente del sector de producción:

- Jornadas de trabajo infinitas.

- Baja remuneración y amenaza constante de despido para incitar la productividad.

- Nepotismo en la mayoría de puestos directivos y mandos intermedios.

- Contratación de trabajadores jóvenes, sin experiencia y con contratos de aprendiz.

Pero, ¿no estábamos hablando del siglo XIX? Exacto, muchos que lean este artículo se verán claramente reflejados en sus empresas en el siglo XXI.

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)Muchas empresas siguen ancladas en un esquema de producción decimonónico y ni siquiera quieren oír hablar de otras opciones. Lo más importante es “fichar”, que el jefe te vea horas y horas en la oficina y se valora mucho más a los “sufridores” que la productividad real que son capaces de llevar a cabo.

De acuerdo amigo empresario / gerente / responsable de producción del siglo XIX. ¿Y si yo le propusiera la forma de rebajar costes en la empresa, aumentar la productividad y, por lo tanto, los beneficios de su negocio?

La respuesta es sencilla. Teletrabajo.


Vamos a analizar esta opción desde el punto de vista empresarial del siglo XIX.

1. Reducción de gastos.

Se suprimen los costes de alquiler de oficina, mobiliario, luz, agua, calefacción, internet… Es más, todos esos costes los “asume” el empleado.

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)

2. Control total del empleado.

Uno de los miedos de cualquier empresa sobre el teletrabajo es ¿y cómo sé qué estás trabajando?

La primera manera de saber si un empleado es eficiente, independientemente de la ubicación de su lugar de trabajo es muy simple, el trabajo se ve. Una valoración por objetivos conseguidos es la mejor forma de que un trabajador se “mate” para lograrlos.

Por otra parte, con la excusa de “trabajo en casa”, se pueden implementar muchísimas herramientas para controlar a los trabajadores con pleno consentimiento por su parte. Programas de capturas aleatorias de pantallas, verificación de tiempo real conectado al servidor de la empresa, envío automático de historial al finalizar el día… Hay cientos de formas de controlarlo, vamos, el trabajador no podrá ni levantarse al baño sin que usted lo sepa. Se acabaron las pausas para el café, las ventanas abiertas en el ordenador que se cierran en cuanto aparece el jefe y el usar la banda ancha de la empresa para descargarse películas. Usted paga por una jornada de cuarenta horas semanales (en principio) y esas son las horas de trabajo “real” que su trabajador tiene que hacer. ¡Y encima él paga la conexión a internet!

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)

3. Disminución de salarios.

Muchos de los empleados con los que he trabajado a lo largo de mis veinte años de experiencia, estarían dispuestos a ganar un poco menos si pudieran trabajar en su ciudad. De hecho, una de las más importantes razones para cambiar de trabajo es la cercanía al lugar de residencia. Conciliar la vida laboral y familiar, no perder horas y horas en el coche o en el metro, poder comer en familia…. Todas esas cosas se tienen en cuenta a la hora de elegir un puesto de trabajo, a menudo por encima del sueldo o del puesto en cuestión.

El teletrabajo es una forma de evitar la “fuga de cerebros”, o desde el punto de vista de nuestro próspero empresario del siglo XIX, “conseguir trabajadores muy cualificados a precio de ganga”.

EL TELETRABAJO EN EL SIGLO XIX (SÁTIRA)

4. Expansión, expansión, expansión.

La empresa puede abrir delegaciones en cualquier parte del mundo en menos de 24 horas, con sólo una conexión a internet y un equipo informático. La ventaja sobre la competencia tradicional es evidente…

5. Satisfacción de los trabajadores.

¡¿Cómo qué satisfacción de los trabajadores?! ¿¡Nos hemos vuelto locos?!

Al contrario, nos hemos vuelto extremadamente inteligentes. Un trabajador satisfecho es un trabajador productivo. Es un trabajador que no estará haciendo “como que trabaja”, mientras mira cada cinco minutos el reloj de su ordenador esperando que llegue la hora de salir. Es un trabajador que jamás dejará trabajo “para el lunes, que ya es fin de semana”.

Si yo le dijera, qué por el mismo sueldo, sus empleados van a dormir, comer y vivir en su oficina delante de su puesto de trabajo y qué no sólo no van a protestar sino que encima lo harán contentos ¿a usted qué le parecería?

Sin lugar a dudas, si pudiéramos exponer estos argumentos a cualquier empresario del siglo XIX, aceptaría sin dudarlo, pero desgraciadamente todo esto es una utopía inalcanzable en el siglo XIX… Pero, espera, ¡¡¡no estamos en el siglo XIX sino en el XXI!!!

Tenemos conexión a internet, ordenadores portátiles, Smart phones... toda una red tecnológica de globalización a nuestra disposición como ya se han dado cuenta muchas de las empresas más grandes y potentes del mundo Microsoft, Google, Apple…

Fuera ya de elucubraciones satíricas, hoy en día el teletrabajo es una opción muy interesante tanto para el empleado como para el empleador y que cada vez está más en auge entre las empresas punteras de todos los sectores.

EN CONCLUSIÓN: EL TRABAJO ES LO QUE HACES, NO DONDE LO HACES.