arturo ortega moran en Estudiantes y Universitarios 17/5/2016 · 3 min de lectura · 5,1K

No le ladraban a Sancho... era a Gohete

Por Arturo Ortega Morán

No le ladraban a Sancho... era a Gohete

Imagen cortesía de http://www.eltribuno.info

¡Qué difícil es ir por la vida con tranquilidad! Apenas nuestras acciones marcan huella y, como perros, no faltan adversarios que con fuertes ladridos tratan de persuadirnos de que nos detengamos. Cuando esto sucede, a manera de conjuro para contrarrestar la agresión, solemos repetir la frase atribuida al Quijote:“Ladran, Sancho, señal de que cabalgamos”.

El hecho es que, la susodicha frase, no aparece en ninguna parte de la magna obra de Cervantes. Como a muchas otras, se le ha adjudicado una paternidad equivocada. Pero, entonces ¿cuál es su origen?

Los perros que ladran a los caminantes, como metáfora de los gritos desprestigiantes que tratan deNo le ladraban a Sancho... era a Gohetedetener a alguien que avanza pisando fuerte, es de muy antiguo. A principios del siglo XVI, el escritor italiano Andrea Alciato (1492-1550), publicó una colección de epigramas en su obra Emblematum Liber, uno de ellos, el No. 163, se llama Inannis Ímpetu (ímpetu vano), del que me permití hacer una traducción:

Lunarem noctu, ut speculum, canis inspicit orbem,
Seque videns, alium credit inesse canem,
Et latrat: sed frustra agitur vox irrita ventis,
Et peragit cursus surda Diana suos.
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Para el perro, es la luna un gran espejo;
Ve su reflejo creyéndolo  otro perro,
Vanos ladridos ahogados por el viento.
La luna sorda, prosigue su camino
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La misma idea, la encontramos en un texto extraído de un ejemplar del Semanario de Salamanca, publicado el 30 de agosto de 1794:

“Y sufriré desprecios de tontos, que son lo mismo que ladridos de gozquecillos (perros falderos) contra los mastines; y así como estos no hacen caso de aquellos, lo mismo tendré que hacer con los de igual casta”.

En los ejemplos citados, se habla de un caminante seguro de sí mismo, que ignora a los perros que le ladran. Es el gran Goethe quien da un nuevo matiz a la metáfora. En 1808, escribe un poema en el que los ladridos de los perros son señal, para un inseguro caminante, de que aún sigue en el camino.

Kläffer (1808) Goethe
Wir reiten in dieKreuz und Quer
Nach Freuden und Geschäften;