Carolina Acuña Canto en Grandes Escritores, Oficios y profesiones, Escritores fotógrafa • Trabajo como freelance 22/9/2016 · 1 min de lectura · +600

Habitacíon 210, desayuno continental

Este cuento es uno de mis favoritos, porque lo escribí basandome en un romance que viví hace algunos años. Espero les guste.


Habitacíon 210, desayuno continental

Habitación 210, Desayuno Continental

Se levanto esa mañana un tanto desorientada, la costumbre del alimento matutino, hizo que

quisiera desayunar esta vez frente a la ventana de la habitación. La sensación de pesadez en la

cabeza le recordó su noche anterior; no había bebido tanto, pero la falta de sueño siempre le

pasaba la cuenta. Notó que se le hacia difícil salir de la cama, estiro su cuerpo para desperezarse,

miro a su izquierda y, aun la silueta de su acompañante se dibujaba en la almohada. En el velador,

el despertador marcaba las 09:30 horas.

Sentada en la cama, alcanza el citófono,

-Hola, quisiera pedir el desayuno.

-Claro, ¿té o café?

La voz de su interlocutora molesta su oído, que desagradable sonido nasal piensa ella.

-Té por favor

-¿Tostadas con mermelada o mantequilla?

-mantequilla estaría bien

-¿el jugo de naranja o frambuesa?

-quiero el de frambuesa.

-¿algo más en que poder ayudarle?

-no, creo que esta todo bien.

Una vez terminada la fluida conversación con la mucama, prende el radio; siempre le sabía a

soledad esto de despertar, como un pequeño alumbramiento, la sensación de desgarro del sueño.

Suena Je Sui Malade en la emisora - que bella canción - piensa mientras recorre la habitación con

la mirada pausada. Se detiene en esa puerta entreabierta del baño, la que deja al descubierto esa

desnuda espalda, arañada frenéticamente la noche anterior. Aun sobre la cama ella piensa –un

mes es tiempo prudente y, un atisbo de sonrisa se asoma en su rostro. Desde el baño, una voz

ahogada grita con elegante gracia.

-¡El agua esta fría!

Ella, en un salto casi olímpico, se asoma y responde

-¡se nota!

Causando la carcajada en ambos, mientras piensan -el humor es buena razón para estar juntos.

Vestido, casi listo para salir de la habitación, la mira como habitualmente lo hace; con los ojos

sonrientes y los labios apretados. Ella, envuelta en su camisola de satín color carmín, acaricia su

barbilla y le sonríe.

-me gustó mucho esta última cita – dice él, mientras acaricia sus hombros. –te veo en un mes.

-¿te quedas a desayunar? – pregunta ella, en una mezcla de vergonzosa coquetería y melancolía

gastada.

-Te prometo un desayuno cuando vuelva – responde con ternura, mientras besa su frente.

Camina hacia la puerta y, se cruza con la mucama, el piensa – que terrible rostro tiene esta mujer-

y ella, desde la mesita frente a la ventana asiente, como leyendo esa mirada.

-Adiós linda – dice el,

-Hablamos.

La mucama sirve el desayuno, mientras, ella mirando hacia la calle, lo ve perderse entre la gente.

Un mes es tiempo prudente – dice ella, y bebe su té cargado.

En el radio suena yann Tiersen y su hermosa canción, Esther.