Christian Gálvez en Christian Gálvez by me, Escritores, Libros Escritor • Penguin Ramdom House Grupo Editorial 18/3/2017 · 10 min de lectura · 1,6K

LEONARDO DA VINCI - CARA CARA

Leonardo da Vinci —cara a cara—  es un fascinante analisis, profusamente ilustrado, de las teorías existentes acerca del verdadero rostro del artista toscano. Apoyándose en las opiniones de reconocidos expertos, Christian Gálvez nos va guiando en una búsqueda que demuestra que muy poco acerca de la apariencia física de Leonardo es indiscutible.

Si bien la mayoría de nosotros tenemos en mente una imagen aproximada del genio renacentista —pelo largo, coronilla calva, barba ondulada, cejas gruesas y mirada penetrante—, esa idea se basa en gran medida en el dibujo custodiado en la Biblioteca Real de Turín, un presunto autorretrato que, sin embargo, muchos especialistas ponen en duda.

Por este motivo, el autor ha decidido analizar en profundidad dicha obra, así como el retrato atribuido a su discípulo Francesco Melzi y la llamada Tavola Lucana, principalmente, además de otras imágenes de las que se ha venido argumentando que podrían considerarse retratos o autorretratos de Leonardo. Siguiendo el método del propio florentino, Christian Gálvez aplica la observación visual y la investigación cientíca a fin de despejar algunas de las muchas incógnitas existentes a este respecto.

Con la intención de explicar los motivos por los que el presunto autorretrato turinés cuenta con tanta aceptación popular, el libro recrea el contexto histórico del siglo xix, concretamente la época del Romanticismo, momento en el que dicha imagen cobró fuerza como icono leonardiano. El autor nos explica que fue entonces cuando surgieron los mitos visuales, debido a la necesidad del individuo romántico de reflejarse en el espejo del otro, convirtiendo al ser humano en un icono construido a imagen y semejanza de una nueva sensibilidad. Sin embargo, desde un punto de vista más científico y riguroso, muchos especialistas se resisten a otorgarle credibilidad a esta obra, de la que apenas se conoce siquiera la procedencia.

Con la ayuda de las autorizadas intervenciones de numerosos expertos en diversas materias, el autor comienza entonces un análisis detallado de las principales obras que somete a juicio: el ya mencionado presunto autorretrato turinés, el retrato atribuido al discípulo Francesco Melzi y el David de Verrocchio, para el que pudo haber servido de modelo un joven Leonardo. De todas ellas se realiza un completo estudio que abarca cuestiones cronológicas y de datación de las obras, así como la justificación histórica de las mismas en textos de épocas cercanas; aspectos de técnica pictórica y artística; argumentos de fisonomía y morfopsicología ; una amplia comparación que corrobora la compatibilidad entre unas y otras obras; su relación con los planteamientos filosóficos y anteriores efigies de pensadores griegos; o su influuencia en representaciones posteriores.

Siguiendo este mismo esquema, Christian Gálvez analiza a continuaciónn una serie de obras que en ocasiones se han considerado eventuales retratos o autorretratos de Leonardo, pero que él descarta como tales. Entre ellas se encuentran imágenes tan conocidas como la Sábana Santa, el Hombre de Vitruvio, La útima cena, La Escuela de Atenas o La Gio- conda, y el autor las somete a un estudio multidisciplinar en el que toca temas tan dispares como la influencia en ellas de la ausencia de la figura paterna de Leonardo, sus creencias religiosas, su relación con la naturaleza, sus conocimientos de óptica, geometría y perspectiva o incluso sus tendencias sexuales. Finalmente, el autor examina en profundidad la llamada Tavola Lucana, último de los posibles retratos de Leonardo en haber salido a la luz, y quizáaquel destinado a modificar las convicciones existentes hasta la fecha.

En la parte destinada a valoraciones y conclusiones, se nos ofrecen dos amplios estudios, uno morfopsicológico y otro maxilofacial, de los rostros que se han barajado como posibles imágenes de Leonardo. La conclusión de Christian Gálvez es que existen similitudes y diferencias entre el David y el Santo Tomás de Verrocchio, el retrato atribuido a Melzi y la Tavola Lucana, si bien no puede descartarse que representen a la misma persona. Lo que sí tiene claro el autor es que la morfología de los anteriores no es compatible con la del presunto autorretrato turinés. Posteriormente, la obra se ocupa de relatar cómo se llevo a cabo en el siglo XIX la búsqueda y exhumación del presunto cadáver de Leonardo da Vinci, un proceso a todas luces poco riguroso y que hace pensar que los restos que actualmente se encuentran en el castillo de Amboise pueden no corresponderse con los del genio florentino.

A modo de reflexión final, y una vez expuestas todas las pruebas, Christian Gálvez insta al lector a que se deje guiar por su propia percepción y mantenga una opinión propia sobre el tema. A fin de cuentas, cada uno desea encontrar la imagen que a él le suponga una respuesta y, en el fondo, tal vez lo importante no sea el rostro en sí, sino la curiosidad, ob- servación, perseverancia, sacrificio y pasión que le hayan llevado a buscarlo.

Como todo estudio científico que se precie, la obra se cierra con unos completos apéndices que incluyen apuntes de distintas biografías históricas de Leonardo, la reproducción de su testamento, una serie de páginas autógrafas y apócrifas del maestro florentino, un esbozo de la situación política en el Renacimiento de Leonardo, una tabla cronológica en la que se emparejan la vida y obras del maestro toscano con los sucesos históricos del momento, cientos de notas explicativas y una extensa bibliografía en cuatro idiomas.


Extractos de la obra

Sobre Leonardo:

«Leonardo da Vinci fue pintor, científico, matemático, ingeniero, inventor, anatomista, escultor, arquitecto, urbanista, botánico, músico, poeta, filósofo y escritor. Pero, lejos de permanecer impávido en cada una de las ramas del saber, Leonardo siempre buscó la sincronía entre los conocimientos para llegar a un objetivo común. Como ejemplo tenemos los estudios de hidráulica. El Leonardo científico analizaba los movimientos del agua mientras que el Leonardo artista utilizaba esos experimentos para poder aplicarlos a sus bocetos y crear las ondas de los mechones de pelo de los retratos. Aplicaba el movimiento del fluido a la oscilación de los cabellos».

«Leonardo, en ocasiones, se refería a Dios como el Arquitecto Supremo […] y en otras nombraba a la naturaleza con sus propias leyes como eje fundamental de su investigación científica y matemática. Por lo tanto, no podemos asegurar que Leonardo da Vinci, al menos no el cien por ciento de su vida, fuese creyente y cristiano».

«“Todos admiran al genio, pocos conocen al hombre”, suelo decir cuando menciono a Leonardo da Vinci […] Leonardo da Vinci, ese gran (des)conocido. Prototipo del hombre universal y genio de ese movimiento artístico europeo conocido como Renacimiento, la cumbre del conocimiento y de la multidisciplina en un mundo donde hombres como Michelangelo Buonarroti, Raffaello Sanzio, Sandro Botticelli, Domenico Ghirlandaio o Fra Angelico hicieron volar con la imaginación a una humanidad que empezaba a comprender el significado del antropocentrismo, doctrina que sitúa al ser humano como medida de todas las cosas. El hombre dejaba de responsabilizar y a la vez culpar a Dios y buscaba respuestas científicas a todo cuanto le rodeaba».

«Todos conocemos al de Vinci por ser […] el hombre universal, el genio del Renacimiento. ¿El genio del Renacimiento es un hijo ilegítimo, iletrado y supuestamente disléxico, bipolar y con déficit de atención?».

Sobre el objeto de esta obra:

«Llevo desde noviembre de 2009 haciendo experimentos […] con la figura de Leonardo da Vinci. Cuanto más me pongo a prueba, más lo hago también con el florentino y más examino al lector, antes me doy cuenta de que nos gusta el misterio, lo lejano, todo aquello relativo a lo arcano. Pero también nos atrae la cercanía, la ausencia de ficticios pedestales y el tuteo con aquello que consideramos digno de ser alabado o aprendido. En mis trabajos siempre pretendo arrancar la pátina de genio de Leonardo da Vinci y mostrar el lado más humano, más auténtico, más plausible, sin negar algunas otras evidencias».

«Ahora bien, ¿cuál es el motivo de este estudio que el lector tiene entre sus manos? ¿Por qué centrar la búsqueda en Leonardo da Vinci […]? [Porque] la faz de Leonardo da Vinci no consigue convencer al cien por ciento de los estudiosos del florentino. No logra ponerlos de acuerdo. Ni siquiera a mí. A través de estas páginas repasaremos todas aquellas efigies que, por un motivo u otro, han dado que pensar a historiadores, expertos en arte y escritores».

«Cuando alguien me pregunta qué es lo que me motiva a perder el tiempo intentando descifrar el enigma del rostro de Leonardo da Vinci, me viene a la cabeza el trabajo excelso de Nuccio Ordine La utilidad de lo inútil (Acantilado, 2016). No es por el éxito. No es por los honorarios. Solo hay dos motivos, mucho más poderosos que cualquier cosa material. Me hace feliz y me hace ser mejor».

«Reconocer rostros no solo es una cuestión científica […], también es un asunto humano. Y Leonardo era ambas cosas, humano y científico. El mero cometido de buscar su rostro no es una excentricidad, no debería ser motivo de controversia o disputa, sino más bien el anhelo del ser humano en su intento por buscar la verdad. No es cotilleo, como apuntaba Taddei. Es buscar ese referente donde poder reflejarnos, donde poder echar un pulso con nosotros mismos y con los rasgos de Leonardo observando desde un imaginario horizonte con una sonrisa por nuestra perseverancia. No es chismorreo. Es justicia. Las pinceladas y los escritos son el verdadero legado de Leonardo da Vinci. Intentar atribuir los verdaderos ojos con los que Leonardo escudriñó el futuro significa ser honestos no solo con él. También con nosotros mismos».

«Al fin y al cabo, todos tenemos una pequeña obsesión por ponerles un rostro o una imagen a nuestros temores, a nuestras ilusiones o a nuestros sueños […] A veces incluso buscamos una imagen que nos represente, una metáfora que nos ilusione, un símbolo que solape nuestros defectos, un icono que nos dé respuestas, un rostro que hable por nosotros. El rostro de Leonardo, la foto del Che Guevara, el símbolo de Superman, la cruz cristiana o la máscara de Guy Fawkes —que ahora representa a un colectivo anónimo ciberactivista denominado Anonymous— sirven de fuentes de inspiración, ya sea artística, política, infantil, religiosa o revolucionaria».

«Quién sabe, quizá el verdadero legado de Leonardo da Vinci no tenga nada que ver con su rostro, con su imagen. Quizá jugó con nosotros y todas las imágenes que conocemos no sean más que un macabro rompecabezas sin derrotero alguno. Quizá el único sentido que podamos encontrar en ese hipotético mensaje de Leonardo […] es que la curiosidad, la observación, la perseverancia, el sacrificio y la pasión no tengan rostro y que sean universales, para todos, para todos los tiempos».

Sobre el presunto autorretrato turinés y su influencia:

«Es muy complicado nadar contra la corriente del peso de la tradición. Cuando una idea o una imagen está depositada en nuestro imaginario, cambiar las reglas resulta difícil o tedioso. Generar un estímulo para que la gran mayoría cambie de opinión o, siquiera, se plantee la veracidad de la información establecida genera una complicación que no todo el mundo está dispuesto a asumir».

«En efecto, el periodo histórico conocido como Romanticismo nos acostumbró al mito visual, construyó rostros para la historia y fue el tiempo en el que lo que existió alguna vez se encarnó en una imagen. Es la necesidad del individuo romántico de reflejarse en el espejo del otro, convirtiendo al ser humano en un icono construido a imagen y semejanza de la nueva sensibilidad. Con la imaginación, las emociones y los sentimientos, el individualismo y el instinto como características principales, se ansía la libertad con un espíritu rebelde, se exalta el yo, se defiende la personalidad individual y se valora la diferenciación en cuanto que unidad nacional».

«En resumen, ¿podemos dar el cien por ciento de la credibilidad a un retrato, el de Turín, que aparece en el siglo xix, en pleno Romanticismo, sin saber su procedencia y que de la noche a la mañana termina con la iconografía que desde el siglo xv se mantenía a la hora de representar a Leonardo da Vinci?».

Sobre el retrato atribuido a Francesco Melzi:

«Pero ¿tuvo Melzi la destreza suficiente a tan temprana edad como para regalarnos uno de los (posibles) retratos más bellos de Leonardo da Vinci? ¿Fue en su origen un dibujo de Melzi que pasó por las manos de su maestro a posteriori? ¿Copió Melzi un dibujo anterior que representaba a Leonardo da Vinci a una temprana edad que Francesco Melzi nunca llegó a conocer?».

«Aunque la prudencia no nos permite en ninguno de los casos afirmar categóricamente qué retrato representa al hijo de Vinci, sí que podemos decir que, tanto a nivel histórico como a nivel artístico, el retrato en posesión de Melzi, independientemente de quién sea el artista, está mucho más cerca de representar a Leonardo da Vinci que el supuesto Autorretrato de Turín».

Sobre la Sábana Santa:

«¿Podría ser Leonardo da Vinci el auténtico creador de la Sábana Santa? [Algunos autores] afirman que el lienzo de Turín es la primera fotografía de la historia y que el autor, no les cabe duda, es Leonardo da Vinci. La imagen habría sido posible gracias a los estudios de óptica de Leonardo mediante proyecciones, compuestos de plata sensibles a la luz y un aparato basado en la cámara oscura llamado «linterna mágica» —o, en palabras de Leonardo “el ojo artificial”—, que sería el precursor del cinematógrafo, proyectos de imágenes en movimiento. […] ¿Realizó Leonardo da Vinci la imagen impresa de la Síndone? A juzgar por las pruebas, yo diría que no».

Sobre el Hombre de Vitruvio:

«Leonardo era un observador nato y un brillante científico. Sus cuadernos siempre le acompañaban y era proclive a registrar todo cuanto pudiera ser objeto de estudio. No hay ninguna prueba escrita de que se usara él mismo como modelo de las proporciones humanas. Con esto no se puede negar en rotundo que Leonardo sea el arquetipo utilizado en el Hombre de Vitruvio, pero tampoco podemos afirmar al cien por ciento que sea el patrón delineado sobre la cuadratura del círculo».

Sobre La última cena:

«La última cena es una de las obras maestras de todos los tiempos, desde mucho antes de que Dan Brown la convirtiera en una fuente de enigmas más allá del pigmento y la composición. El mural, que asombra a todo aquel que penetre en el refectorio de Santa Maria delle Grazie en Milán, ha resistido el paso del tiempo como buenamente ha podido con más pena que gloria, ya que Leonardo intentó innovar la técnica —temple y óleo sobre yeso— con desastrosos resultados. […] De visita con reserva obligada, esta obra maestra de Leonardo es una oda al movimiento —una especie de perpetuum mobile—, no solo a la perspectiva y al punto de fuga, sino también de la acción de las figuras. En realidad parece casi una instantánea tomada en un momento muy determinado. “Uno de vosotros me traicionará”, dice Jesús; acto seguido, los doce invitados reaccionan de maneras distintas y Leonardo da Vinci es capaz de capturar todas y cada una de ellas como si las fotografiara».

«Es muy complicado saber si Leonardo utilizó su rostro para personificar a una o varias de las efigies de los trece personajes que aparecen en esta escena. De momento, solo se ha dado credibilidad a las valoraciones subjetivas, pero hasta el día de hoy no hay ninguna prueba que nos lleve a afirmar que Leonardo aparece en esta representación de la institución del sacramento de la eucaristía ni de quién se trataría».

Sobre La Gioconda:

«¿Quién es realmente la dueña de la sonrisa retratada en el cuadro más famoso del mundo? Es uno de los grandes enigmas en los que ni los historiadores, ni los estudiosos del arte, ni los eruditos de Leonardo, ni los amantes de las teorías de la conspiración o los misterios ancestrales han conseguido ponerse de acuerdo. Cada uno tiene su verdad, pero nadie es capaz de refutar sin lugar a dudas a ninguno que defienda cualquier otra teoría. Por supuesto, La Gioconda es otra de esas obras que podrían llenar —y han llenado— miles de páginas».

«[Algunos autores] afirman que se trata de un retrato críptico del mismo Leonardo da Vinci. En contra de esta teoría surge la hipótesis del “estilo característico”. Es decir, si un mismo autor ha diseñado ambas obras, es normal que utilice las mismas proporciones faciales. Es precisamente lo que hemos tratado de demostrar dejando patente la evidente influencia de Verrocchio en Leonardo y la progresión artística de este».

Sobre la Tavola Lucana:

«¿La pintura es de Leonardo y reclama su autoría sin tratarse de un autorretrato? ¿La pintura representa a Leonardo da Vinci, pero él no es el autor y es otro quien reclama esa autoría? Estas preguntas retóricas no hacen más que introducirnos en un laberinto mental cuando analizamos la siguiente cuestión. Las palabras pinxit mea aparecen escritas de manera especular (escritura en espejo). […] ¿Quién escribía de manera especular en el Renacimiento? El hijo de ser Piero da Vinci, Leonardo».

«Hemos comprobado cómo a través de los años la imagen representada en la Tavola Lucana, por uno u otro motivo, quedó, de igual modo que ocurrió con el retrato en posesión de Melzi, en la reminiscencia de todos aquellos que quisieron continuar con el legado de Leonardo como embajadores de su ingenio. ¿No es motivo suficiente, pues, como para otorgarle un mínimo de credibilidad? Por supuesto que sí. ¿Es Leonardo da Vinci? ¿Realizó él mismo el supuesto autorretrato encontrado en Acerenza? No puedo asegurarlo con el cien por ciento de fiabilidad, pero, sea como fuere, una nutrida colectividad de artistas así lo creyó».

El autor y sus colaboradores

Christian Gálvez (Madrid, 1980) compagina su trabajo en televisión —donde conduce con éxito el concurso cultural Pasapalabra desde hace diez años— con la investigación de las grandes figuras del Renacimiento —como Leonardo, que es el tema estrella de sus conferencias—, motivo por el que vive a caballo entre Madrid y la Toscana. De su curiosidad y afán investigadores, surgió Matar a Leonardo da Vinci, su debut literario, que obtuvo gran éxito de venta y crítica. La novela, primer volumen de sus Crónicas del Renacimiento, alcanzó las cinco ediciones y lleva más de 50.000 ejemplares vendidos. Rezar por Miguel Ángel fue la segunda entrega de una trilogía que aúna thriller histórico con literatura de aventuras y los extensos conocimientos del autor sobre el mundo artístico de la Italia de la época. Leonardo da Vinci —cara a cara— es su cuarto libro de no ficción.

Para dar forma a este estudio, y sobre todo para la ardua tarea de buscar fuentes, datos, imágenes y contactos, el autor se ha querido rodear de un equipo cualificado en el que figuran algunos de los mejores especialistas del mundo en torno al universo de Leonardo. Así, esta obra cuenta con las valiosas aportaciones de expertos de diversos ámbitos.

En el ámbito «vinciano» han colaborado: Ross King, novelista canadiense y escritor de numerosos ensayos bestseller sobre arte; Giovanni Saccani, director de la Biblioteca Real de Turín, en cuya colección se encuentra el dibujo conocido como Autorretrato de Leonardo da Vinci; Alessandro Vezzosi, crítico de arte, erudito en Leonardo da Vinci y director del Museo Ideale Leonardo da Vinci; Martin Kemp, profesor emérito de Historia del Arte en la Universidad de Oxford y autoridad de prestigio mundial en Leonardo da Vinci; Nicola Barbatelli, director científico del Museo delle Antiche Genti di Lucania, descubridor de la Tavola Lucana y autor de diversas obras sobre Leonardo; Mario Taddei, académico italiano y director técnico e investigador jefe del centro de estudios italiano Leonardo3 en Milán, y Carlo Vecce, profesor de Literatura Italiana en la Universidad de Nápoles y miembro y secretario de la Comisión Vinciana desde 1994.

En el ámbito científico han intervenido: Juan Manuel García López, sinergólogo y técnico en morfopsicología en la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil; José Diego de Alba González, técnico en morfopsicología, guardia civil de la Unidad Central Operativa (UCO); Francisco Etxeberria, doctor en Medicina y profesor de Medicina Legal y Forense de la Facultad de Medicina de la Universidad del País Vasco; José Antonio Lorente Acosta, catedrático de Medicina Legal y Forense y director del Laboratorio de Identificación Genética en la Universidad de Granada, que colabora en el Proyecto Leonardo; Manel Gorina Faz, cirujano oral, maxilofacial y médico estético en Gerona, y Vicente Calatayud Maldonado, catedrático emérito de Neurocirugía en la Universidad de Zaragoza y académico de número en la Real Academia Nacional de Medicina, sillón n.º 45, Neurocirugía.

En el ámbito histórico ha participado José Enrique Ruiz-Domènec, catedrático de Historia Medieval de la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en la Edad Media, la cultura europea y la herencia mediterránea.

En el ámbito literario han intervenido: José Manuel Querol, doctor en Filología Hispánica por la Universidad Autónoma de Madrid y especialista en teoría de la literatura y literatura comparada; David Zurdo, director de la revista Qué Leer, autor de más de cuarenta libros y miembro de la Junta Directiva del Centro Español de Derechos Reprográficos (CEDRO); Julio Marvizón Preney, periodista, meteorólogo y miembro asociado al Centro Internacional de Sindonología de Turín y al Centro Español de Sindonología de Valencia, y Clara Tahoces, diplomada en Grafopsicología y Especialidades, y autora de doce obras ensayísticas sobre el tema.

Además de estos expertos, la obra cuenta con las brillantes ilustraciones de María Emegé —ilustradora, diseñadora y fotógrafa licenciada en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid— que sirven de artístico hilo conductor durante toda la exposición. Al margen de estas, como en todo estudio histórico y científico serio, el lector encontrará asimismo las imágenes originales de las obras artísticas para no cargar de subjetividad todo dibujo o pintura analizados.


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LEONARDO DA VINCI - CARA CARA



Una investigación muy exhaustiva. Se nota la pasión sobre el tema de Leonardo da Vinci. ¡Felicidades @Christian Gálvez!

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Qué gran personaje Da Vinci.

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Sergio Weinfuter 18/3/2017 · #1

Muy interesante!

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