Cristina Ballester en El trabajo de buscar empleo, beBee en Español, Recursos Humanos Community manager 14/10/2016 · 1 min de lectura · 1,3K

Tú eres tú. Yo soy yo

Ayer vi en beBee un buzz compartido por @Alfredo Vela y los comentarios que se escribieron. El buzz trataba sobre lo mal visto que está el éxito en nuestra sociedad y afirmaba que era más tolerable el fracaso que el lograr nuestros objetivos.

No dudo de que Alfredo tenga razón, sin embargo en mi caso me alegro por los logros ajenos. Máxime si esos éxitos son fruto del trabajo duro. Todos conocemos personas que parece que han nacido con una estrella de winner sobre la cabeza, que todo lo que tocan se convierte en oro, los reyes Midas de la vida.

A otros, nos toca pelear y mucho para obtener sólo una parte de lo que aquellos obtuvieron en un instante. A pesar de ello, soy de las personas que piensan que nada se logra sin una dosis elevadísima de sacrificio y que, incluso esos que parece que llegaron y besaron el santo llevan a sus espaldas sacos de "noes" y proyectos fallidos (Aunque no lo reconozcan).

El gran problema de nuestra sociedad no es la envidia (que también), si no la comparación. Ya lo decía ayer en uno de mis comentarios, la comparación es una de las costumbres más dañinas que podemos tener como seres humanos.

Desde que somos pequeños, nuestros padres cuando llevamos a casa una nota mediocre nos preguntan qué tal les ha ido los demás? "Pues Lucía ha sacado un 8" "¿Un 8? Y tú sólo un 6! Eso no puede ser!"

La comparación con el resto no es negativa per se, ya que si nos alienta a mejorar como personas o como profesionales, es un arma de infinito valor. El problema estriba en cuando vivimos anclados en la comparación pero ello no provoca en nosotros la acción directa.

Bajo mi punto de vista, personal y para nada psicológicamente profesional, compararnos con el resto es una afición tremendamente autodestructiva. ¿Por qué? Por el simple hecho de que, habitualmente, no salimos victoriosos de esa contienda, y el hecho de mirar hacia los demás sólo consigue que nos veamos como unos diminutos incapaces de lograr aquello que la otra persona posee. Al compararnos con el resto, menospreciamos lo que somos, lo que sabemos hacer, y nuestras virtudes, en pos de las del otro.

Ten mucho cuidado con las aficiones que permites que tu mente tenga, pues pueden dañar poderosamente tu autoestima. No olvides nunca que tú eres tú y yo soy yo. Seguramente yo seré mil veces mejor que tú en ciertas cosas, pero sin duda tú me superarás las mismas mil en otras áreas.

La esencia de una vida feliz y de una profesionalidad sana, está en sumar y no restar. En cooperar sin competir. En que tus puntos fuertes y los míos se alíen para formar un "algo" mucho mayor, insuperable, inquebrantable.

Si vas a competir, que sea contigo mismo!! Esa es sin duda la única manera eficaz de avanzar.Tú eres tú. Yo soy yo Feliz viernes abejitas!



David Navarro López 15/10/2016 · #4

Gran post Cristina, me encanta como escribes. Todas las familias tienen "frases tópicas", y una de ellas era "las comparaciones son odiosas". Fue una suerte que a mi me educaran en una cultura diferente, a saber, en mejorarme a mi mismo sin mirar a derecha o izquierda. Sin embargo, ya desde hace varios siglos, la sociedad se obstina en clasificar y valorar a las personas según unos criterios predefinidos. El sistema de puntuación de un examen es una manera burda de valorar a un alumno. Los resultados económicos son otra manera burda de valorar a un empleado. La manía de intentar estandarizarlo todo, incluidos los seres humanos, hace que éstos intenten ajustarse a unos estándares, cunado no existe ningún estándar que pueda definir a un humano, pues todos somos diferentes. Por eso me gustan los sistemas educativos tipo Montessori, donde se adapta el programa escolar a las aptitudes del alumno, sacando el máximo de cada uno.
Creo que la única comparación "sana", es la que hacemos entre nuestro "yo de ayer", y nuestro "yo de hoy", y sacamos partido de ello para crear nuestro "yo de mañana"

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José Ramón López 15/10/2016 · #3

Muy interesante tu reflexión @Cristina Ballester.

Con relación al éxito de otras personas, especialmente el laboral, en la mayoría de casos hay (como bien dices) mucho sacrificio, tomar decisiones difíciles, asumir riesgos y muchos «noes» y fracasos previos.

También es justo no olvidar la labor de muchos padres que se han sacrificado mucho a fin de ofrecer unos buenos estudios a sus hijos. Todo lo anterior es digno de admirar, nunca de envidiar.

Y con relación a las comparaciones creo que casi siempre son nocivas, especialmente durante la infancia.

Las comparaciones fomentan la envidia y el descontento perpetuo, porque la otra persona siempre tendrá o hará algo mejor que nosotros.

Y la envidia (de lo que hablamos ayer) nos hace pequeños y acomplejados.

Feliz sábado, sonríe!!!

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Cristina Ballester 14/10/2016 · #2

#1 Como he comentado en el post, la comparación que ayuda a superarse no es negativa. El problema es cuando nos comparamos con alguien que cuenta con capacidades y/o posibilidades que nosotros no tenemos.
Creo que debemos de intentar ser siempre mejores que ayer, desarrollar nuestro potencial hasta la máxima potencia pero por nosotros mismos. Un abrazo @Fernando Santa Isabel Llanos

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@Cristina Ballester yo creo que la comparación no es mala ¿Que las comparaciones siempre son odiosas?, es sólo un dicho, el problema es cuando comparan peras con manzanas. En cuanto a la comparación de 2 estudiantes por las notas, depende como se haga, puede ser la forma de "activar" al estudiante, sin llegar a la obsesión, entonces sí sería un problema.
No creo que tenga nada de malo el poder competir con alguien por logar tal o cual cosa, siempre y cuando se haga con deportividad y con respeto. Yo no soy envidioso, nunca lo he sido y me alegro igualmente de los triunfos de otros. Soy de los que piensan que si alguien puede lograr algo grande yo también.

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