Cristina Ballester Martínez in Navidad, beBee en Español, Escritores Técnico de selección Dec 11, 2017 · 2 min read · 2.4K

Un cuento de felicidad

Un cuento de felicidad

Se acerca la Navidad y con ella los polvorones, los mazapanes, el turrón y…  la compra- venta de la felicidad más ostentosa.

Que se note. Que se note mucho que eres feliz, aunque sea de mentira. Ponerse la careta y fingir que todo va bien es lo correcto. ¡Cómo no! No hay año en el que los anuncios, las tiendas, la sociedad en general no nos acribillen con mensajes cuyo único fin es convencernos de que en estas fiestas tenemos la obligación de ser felices.

Hace ya mucho tiempo que se nos viene vendiendo la felicidad como un estado de vida gracias al que todo irá bien, pero es ahora cuando el bombardeo se torna brutal.

Personalmente no creo en la felicidad como un modo de andar por mi existencia. Creo en la felicidad de a poquitos, la que se encuentra en los pequeños detalles. Para mi día a día, me visto de actitud positiva y de apreciación. Ya lo decía Tolstoi:

“Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”

Pero contigo, si es que aún crees que debes luchar por alcanzar la felicidad, quiero hacer un viaje. No uno al uso, con maletas y billetes de avión. No necesitas vacunas ni equipaje, sólo necesitas tu mente y tus recuerdos. Estoy segura de que te sonará. ¿Preparado?

El fantasma del pasado

Si volvemos atrás en el tiempo, ¿recuerdas los días de lluvia en tu infancia? Tu madre te ponía botas y gabardina, te daba el paraguas e intentaba que no te mojases. Pero tú tenías otros planes. Para ti era la excusa perfecta para chapotear en los charcos, luchando contra otro barco pirata, encallado en el patio del colegio.

Quizás con los años has olvidado la sensación de aventura que tenía cada excursión, el dolor de tripa que causaba reírse hasta terminar llorando por oír un pedo o aquel escalofrío que te recorrió el cuerpo cuando la persona que te gustaba te miró por primera vez. Disfrutabas de los momentos como si fueran los últimos.

Es curioso que en aquella época no tuvieras nada que pudiera llamarse tuyo y sin embargo, no necesitabas más que tu imaginación para construir un mundo mágico y feliz.

No tenías dinero propio, más allá del que tu abuela te colaba en la mano sin que tus padres la vieran. No tenías más trabajo que el de estudiar para “labrarte un futuro”. Ni tenías, ni querías otro amor que el de tu familia y amigos.

Tu aspecto no te preocupaba. Podías ir lleno de barro hasta las cejas y, cuando tu madre te lo echaba en cara, sólo podías pensar en lo mucho que te habías divertido tirándote por un tobogán hasta una piscina de lodo.

Todo es mágico cuando se observa desde los ojos de un niño, todo cobra una esencia que con los años se difumina hasta terminar por hacerse invisible. Una flor en medio de un camino empedrado, el olor del desayuno por la mañana, los nervios antes de un examen, un gesto, una mirada.

Ayer habías peleado hasta la extenuación con un compañero de colegio, pero hoy es tu mejor amigo otra vez. Ayer suspendiste un examen pero hoy vuelves a calzarte la mochila y te subes de nuevo al ring. ¿Por qué? Porque de niños no vivimos en el pasado, no nos flagelamos con lo que pudo ser y no fue.

Anclamos nuestros pies en el presente, en el ahora. Nada más importa y sólo queda disfrutar de cada instante.

De adultos pasamos la mayor parte del tiempo arrepintiéndonos del pasado. El presente se nos escapa como arena entre los dedos, no permitiéndonos vivir en él. Hemos olvidado que la felicidad crece en cada momento que vivimos, no es un fin en sí mismo si no un camino.

El fantasma del futuro

Cuando empecé mi rehabilitación no era del todo consciente de qué me esperaba, así que cumplía con lo que me mandaban y observaba, como una mera espectadora, lo que ocurría.

Con los días descubrí que aquello funcionaba, que mejoraba a diario. Y fue entonces cuando tropecé.

Podría haber seguido alcanzando pequeñas metas pero mi mente se obsesionó con el resultado final, sin pararme a admirar los pequeños avances que lograba. De pronto, todo se volvió cuesta arriba. La frustración se apoderó de mí y no existía en mi mente otra felicidad que la de llegar a la meta. ¿Qué había cambiado? Simplemente que había dejado de vivir en el presente para empezar a vivir en el futuro.

No fue hasta que... no lo dejes ahora! Sigue leyendo :)



Cristina Ballester Martínez Dec 22, 2017 · #28

#26 Ohhh muchisimas gracias por tus palabras. Una de mis metas es conseguir conectar con quienes me leen y tu comentario me ha hecho muy feliz. Gracias de corazón! Un abrazo y felices fiestas!

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Hector Fong Dec 22, 2017 · #27

"La felicidad es vivir el presente con mucho Amor y disfrutar de cada cosa insignificante que parezca"

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Hector Fong Dec 22, 2017 · #26

Cristina eres fantástica me has hecho viajar en el tiempo osea retroceder a mi infancia y he recordado momentos felices que nunca pensé que recordaria y los añoro con alegría y tristeza a la vez y no he podido contenerme de soltar algunas lágrimas ,gracias por hacernos reflexionar con tus relatos tan llenos de sentimientos. @Cristina Ballester Martínez excelente post..Un abrazo.

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Cristina Ballester Martínez Dec 22, 2017 · #25

#24 Me alegro mucho. Gracias por comentar y compartir. un abrazo Julio!

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Julio Angel 🐝Lopez Lopez Dec 22, 2017 · #24

😉 Me ha gustado. Me has ayudado a recordar y a pensar.

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Cristina Ballester Martínez Dec 13, 2017 · #23

#22 Gracias!

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#21 Hecho!!!

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Cristina Ballester Martínez Dec 13, 2017 · #21

@Federico 🐝 Álvarez San Martín por si os interesa el comentario #20 😢

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