DIEGO ARMANDO GARCIA HIDALGO in Científicos e Investigadores, Analista de Laboratorio, Biólogos Gestor técnico de laboratorio de microbiologia • SENA 4 d ago · 2 min read · ~100

LAS CÁPSULAS

Una lluvia suave caía en Millenium, zona industrial de Plassos, una ciudad gris por la contaminación de sus fábricas, con 10 millones de habitantes y decenas de miles de vehículos apilados en solo 200 kilómetros cuadrados. Esta noche, entre un vapor rojizo que ascendía desde el suelo se ve a una mujer. Famélica, encorvada y pálida, lleva puesta de pies a cabeza una manta celeste de tela barata salpicada de chispas de soldadura. De su rostro descubierto, solo se aprecia una tosca y exagerada carnosidad reseca que desentona con los vestigios de un esbelto rostro y de la cual salen unos tenues gemidos. Idanella, solo espera unos minutos sin lluvia que le permitan desplazarse rápidamente a su morada, a tan solo 500 metros cruzando el rio justo a las afueras de Millenium. Rengueando sobre humeantes y malolientes charcos, Idanella logra llegar a su pocilga, un piso subterráneo bajo 14 plantas de cemento humedecido y erosionado. Son las dos de la mañana, abre la puerta de tablas, y después de emitir un suspiro de alivio, se dirige a la única habitación, en donde subido a un cochambre sobre una pila de estibas de madera, cubierto con cobijas hechas de retazos de trapos, en medio de paredes tiznadas, se encuentra un desgarbado hombre, joven como ella, ojeroso y de altura considerable la cual se aprecia pese a estar encorvado en el catre, tal vez para apaciguar un fuerte dolor abdominal. Fucurum es el hombre que levanta con esfuerzo la cabeza durante 3 segundos, tras los cuales se asegura que es su esposa. De inmediato, vuelve a sumergirse en el sopor febril que padece con sudoración profusa y constante. 

La ciudad de Plassos fue diseñada por la élite empresarial para fabricar la fuente de sus ganancias, el plástico. En enormes edificios, bajo los cuales vive gran parte de la mano de obra, se fabrican miles de toneladas diarias de plástico de todas las formas, usos, variedades, tamaños, precios y calidades. Se trata de un apocalíptico y trágico escenario, una elite minoritaria tirana, abusadora, cruel e indiferente, sometiendo a una enorme masa de humanos resignados a trabajar eternas jornadas por míseras tarifas. Algo aterrador pero a la vez esperanzador ocurre en este lugar. Cada vez son más casos. 

Fucurum ha perdido gran parte de su movilidad y ya no habla. Un limo brillante y maloliente sale de su piel y sus labios, especialmente por sus rodillas, hombros, codos y cuello. Ya no tolera ningún alimento, hasta el agua le provoca fuertes calambres abdominales y vomito transparente. Ha perdido mucho peso, aunque sigue conservando un gran continente. Sus funciones vitales siguen estables, acompañadas de insoportables dolores en todo el cuerpo. Mentalmente también se ha deteriorado, con un estado de sopor constante, inerte, con pobres reacciones frente a los estímulos, pero si, con una agresividad amenazante al tocarlo. Por eso Idanella procura relacionarse con él a través de palabras, pocas y en tonos bajos. Son muchos los casos de este tipo, pero nadie reclama, pocos se cuestionan, mucho menos los afectados, quienes sufren de una notoria ausencia de rebeldía, curiosidad o animo de superar la crítica situación. Solo hay una tenue y cobarde suspicacia entre los “sanos” quienes sospechan vagamente de la causa de este acontecimiento.

La malvada élite empresarial de Plassos ha decidido probar en los obreros experimentos sobre el uso del plástico. Deliberadamente fueron introduciendo microplásticos en alimentos, medicinas, ropa y agua que después consumían la mayoría de los habitantes de Plassos y que recibían muchas veces de sus jefes como pago. El plástico es muy barato de producir y los recursos para fabricarlo son muy abundantes. Han descubierto que el plástico estimula una hormona que genera esclavitud, deseo incesante, episodios de inconsciencia, frenesí desbordado y energía inagotable. Así pues, quienes lo consumen, sin darse cuenta, se van volviendo bestias para el trabajo cuya única finalidad el día de pago es saciar sus ansias locas de consumir todo cuanto ven, huelen, tocan, oyen y degustan, con la ventaja para la élite de que estas “personas” ya casi no razonan ni piensan y mucho menos se abstienen. Tampoco protestan, por lo que el gobierno ve con buenos ojos la iniciativa empresarial. El plástico es el elixir de la rentabilidad, estimula el consumo generando un interminable ciclo de ganancias. 

Los resultados de este experimento son satisfactorios, casi definitivos. Pero la naturaleza es sabia, los cuerpos de Idanella, Fucurum y de otros, superan los efectos de esta macabra intoxicación. Como ellos, hay algunos elegidos por la naturaleza que poco a poco y tras mucho sufrimiento y dolor, van perdiendo su humanidad y se transmutan en algo diferente. Su piel adquiere un intenso brillo, sus brazos poco a poco y de manera irrefrenable se unen a su torso, sus piernas de juntan entre sí, sus ojos, nariz, boca y oídos se van cubriendo de capas de una fina tela plateada. Tras interminables jornadas de vómito y deposiciones, sin notarlo, ellos expulsan sus entrañas mientras continúan respirando. Mientras que los afortunados “sanos”, continúan con sus episodios cada vez más fugaces de placer en medio de la necesidad adictiva de consumir, las cápsulas se convierten en seres independientes, autónomos, autosuficientes y sostenibles. 

DIEGO A. GARCIA HIDALGO


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