Enrique de la Rica in Política, Historia Co-Founfer & co-CEO • The Dreamers Factory May 2, 2019 · 3 min read · +100

Bilbao, 2 de mayo

El 2 de mayo los madrileños conmemoran los acontecimientos sucedidos en 1808 por la protesta popular ante la situación de incertidumbre política derivada tras el motín de Aranjuez que fue reprimida por las fuerzas napoleónicas que desembocarían en la guerra de la independencia española.

Pero también el 2 de mayo es una fecha histórica para los bilbainos (especialmente a los que nos consideramos bilbainos por encima de otras consideraciones que nos intentan imponer ahora).

En el marco de la Tercera Guerra Carlista, las tropas carlistas (tradicionalistas) sitiaron durante más de dos meses Bilbao intentando hacerse con la ciudad (que siempre ha sido y será pese a que muchos intenten lo contrario una plaza liberal) y la bombardearon sin piedad, sin respetar colegios, iglesias, hospitales siendo muy criticados por la prensa europea (aunque tanto les gusta a muchos recordar el bombardeo de Guernica, este bombardeo continuo resultó mucho más cruel porque la ciudad estaba “sitiada”; nadie podía salir ni entrar...y en el mes de abril el hambre comenzó a ser un problema para los bilbainos).

Cuenta un ilustre bilbaino, Miguel de Unamuno en su novela “Paz en la guerra” la tragedia de aquel asedio. La artillería sitiadora empezó a escupir fuego el 21 de febrero de 1874 a mediodía, al terminarse el plazo que los carlistas habían otorgado para que dejasen Bilbao los extranjeros, las mujeres y los niños. El sitio duró setenta días (21 de febrero-1 de mayo), de los cuales 39 fueron de bombardeo real y los 31 restantes se completaron con descargas de fusil. Las baterías carlistas enviaron a la Villa  5369 bombas, 1307 balas, 107 granadas y dos cargas de metralla. En total, fueron 6758 proyectiles, es decir, 280 toneladas de hierro y 40 de pólvora. Los puentes colgantes de San Francisco y Fueros quedaron destruidos y el del Arenal muy dañado. Las calles quedaron agujereadas por los impactos y edificios-mito como el Teatro de la Villa, la antigua Casa de Misericordia, la casa cural de la Basílica de Santiago, el Hospital Civil de Achuri o el Ayuntamiento sufrieron graves desperfectos. La emblemática Basílica de Begoña fue la que más sufrió los ataques directos del ejército carlista. Esta iglesia, junto con las de San Vicente y San Nicolás, se abrieron al culto bastantes años más tarde. Las áreas urbanas que más sufrieron fueron el Campo de Volantín, encima de la línea de fuego, y las calles Correo y Bidebarrieta, las que mejores edificaciones portaban. Añadamos la falta de limpieza o el tener que vivir con basuras y escombreras de forma permanente o con la presencia de piojos, liendres, pulgas, ratas y roedores de todo pelaje, siempre portadores de enfermedades infecciosas. Todo este panorama ayudó enteramente a aumentar la mortalidad de manera considerable. Máxime cuando muchos estómagos hubieron de acostumbrarse a alimentarse con carne de caballo, de gato, de rata, de ratón o de gaviota, que se compraba a precios desorbitados. Esta circunstancia, junto a la mala calidad de los alimentos enlatados y el pan hecho con harina de habas o de maíz, no siempre en óptimo estado, generó incremento notable de la morbilidad.

No es de extrañar, pues, que en virtud de tanta desgracia la liberación de la Villa se celebrase con tanto alborozo y parabienes. de música de los regimientos de la guarnición de Madrid entonaron antología selectiva ante el propio general Serrano. Quien, por cierto, recibió numerosos telegramas de felicitación desde toda España, tanto de círculos republicanos, como liberales y monárquicos (no carlistas, obviamente).

Con esta resistencia Bilbao revalidó su título de "Invicta" y reforzó su imagen de ciudad liberal frente al tradicionalismo defendido por los carlistas (entre los que se encontraba Santiago Arana y su familia). En aquellos años su hijo fundó un partido político con aquella ideología tradicionalista. Arana era anti socialista y anticapitalista, no por conciencia de clase proletaria (su familia era burguesa), sino por considerar también el capitalismo como expresión de la destrucción de las formas de vida tradicionales de la nación vasca. Combate a los los liberales porque “tienen en sus manos todos los resortes del estado que tanto abomina”. Llama despectivamente"fenicios" a los empresarios bilbainos como Ramón de la Sota, por anteponer sus ingresos económicos al espíritu vasco. Otra idea clave en la ideología aranista es el exacerbado catolicismo, presente en sus raíces carlistas, y que justifica sus fines independentistas. “Para que los vizcaínos puedan salvarse colectivamente como pueblo, deben independizarse de los españoles, un pueblo que ha sucumbido al virus del liberalismo”.

A partir del año siguiente los bilbainos celebrábamos nuestro 2 de mayo. Se iniciaba con Te Deum en la Basílica de Santiago y “procesión cívico-militar” al mausoleomonumento situado en Mallona. Había refrescos y viandas ofertados por el Ayuntamiento, además de diversiones populares como un muñeco de grandes dimensiones con tobogán interior que se tragaba a los niños (al que llamaron “gargantua”). Había también corrida de toros, que más tarde fue seguida de otra que solía celebrarse el domingo siguiente. La celebración del 2 de mayo tenía alta significación política y, durante mucho tiempo, las familias carlistas abandonaban este día la Villa pues se entonaban canciones de corte liberal con claras alusiones anticarlistas. Durante la dictadura de Primo de Rivera, hasta 1930, no volvió a celebrarse la festividad del 2 de mayo. En 1931, en cambio, y en los arranques de la Segunda República estuvieron en la procesión a Mallona Indalecio Prieto (ministro de Hacienda), Marcelino Domingo (de Instrucción Pública), el general Queipo de Llano, el comandante de aviación Ramón Franco, Miguel de Unamuno y otras personalidades. El 2 de mayo de 1933 asisitió el Presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora y varios miembros de su gobierno.

Hasta que llega la Guerra Civil y la conmemoración del 2 de mayo fue suspendida. Y tras la dictadura lamentablemente las actuales instituciones no han mostrado interés en recuperarla. Quizás porque, en cierta manera, 145 años después, el liberalismo bilbaino continúa sitiado.


Ignacio Orna (Nacho) May 2, 2019 · #1

La Historia tiene sus historias, sin las cuales es difícil entenderla.

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