Eva Tejedor Alarcon en Leyendas, Fandom: Fanatic Kingdom, Lectura Escritora • Mi aventura de escribir Hace 4 d · 5 min de lectura · ~100

Un vistazo a Kamelot 2.0

Un vistazo a Kamelot 2.0Se sentía como el ángel de la muerte, caminando por aquel bosque.

Bosque cuyo suelo estaba cubierto por la nieve y los cuerpos sin vida de los guerreros que habían caído en la batalla, horas antes. Caminaba entre los cadáveres, rematando con su espada a los que aun agonizaban, mientras seguía buscando.

El silencio que se había establecido en el lugar resultaba antinatural y ensordecedor, después de horas de los gritos y golpes del combate.

Miró al cielo, en un intento de calcular la hora. El sol estaba bien alto. La última batalla comenzó al amanecer y duró unas pocas horas, pero se habían sentido como años.

Del ejército que trajera su rey quedaron menos de cincuenta hombres que, en ese momento, andaban reagrupándose y encargándose de los heridos. El enemigo se llevó la peor parte, sin embargo. Los pocos que no habían caído durante el combate estarían huyendo hacia el norte en ese momento.

No le preocupaba que intentaran regresar con refuerzos. La tormenta que se avecinaba se encargaría de ellos antes de que pudieran llegar a ninguna parte, estaba seguro.

En ese instante su mente estaba centrada únicamente en terminar de localizar al último de sus amigos. El último que cayó en esa cruenta guerra y cuyo cuerpo no debía estar demasiado lejos de donde se encontraba, si sus cálculos no estaban equivocados.

Ya tenía reunidos en el claro los cuerpos de Lancelot, Gawain, Galahad, Tristan y Percival. Los fieles guerreros que ahora esperaban a su rey y amigo para hacer su último viaje.

Sus ojos se nublaron con lágrimas al pensar en su buen Lancelot. La historia solo le recordaría por un malentendido. Nadie sabría el leal y dulce compañero que fue, tanto para su rey como para el resto de sus amigos, siempre preocupándose de todo y todos.

Nadie sabría que pecó de un exceso de buen corazón, que cometió el error de creer las mentiras de Morgana.

Pero Arturo también se equivocó. Y por eso le perdonó.

Tampoco sabría nadie, sin embargo, que luchó hasta el último aliento por su amigo, no por la corona.

Y quizás fuera mejor así. Algunas cosas estarían mejor fuera de la historia.

Merlin tembló cuando una ráfaga de aire le golpeó con más violencia de la esperada y atravesó su capa de viaje. A pesar de la insistencia de Arturo, jamás quiso cambiar sus modestas ropas de cazador ni el viejo habito que le delataba como curandero. Se sentía có