Evelyn Lagos Heise en Arquitecto Socia y Gerente general • ELH y CÍA. LTDA (Consulting Company) 20/4/2017 · 2 min de lectura · ~100

EL RESCATE DEL ARTE EN LA CIUDAD POSTMODERNA

Las  ciudades  son constructos sociales, que acarrean y reproducen los valores de sus ciudadanos. La materialización de esos valores es una obra edificada, que puede ser o no, descrita como arte. Si acaso una ciudad puede ser descrita como arte, dependerá del nivel de consciencia de: forma, contexto, tiempo (historia) y espacio que sus ciudadanos (que construyen) decidan imprimirle en el tiempo. Es la continuidad de propósito, y la comprensión del tiempo y espacio de sus ciudadanos lo que permitirá a una ciudad crecer coherentemente e imprimir en ella esos valores que posibilitan caracterizarla como una “obra de arte”. Por el contrario, una ciudad cuyos ciudadanos construyen sin sentido de continuidad, contexto, tiempo (historia) y espacio, carece de aquellos elementos requeridos para aproximarse a lo que, en general, entendemos y percibimos como Obra de Arte.

EL RESCATE DEL  ARTE EN LA  CIUDAD  POSTMODERNA

El conocimiento ontológico de la “ciudad” pretende entender- estudiar- lo que hay, desde un punto de vista metafísico (más allá de lo físico o concreto); y responder preguntas ¿cómo es la ciudad objeto de arte? ¿materia tangible o un proceso?, la condición poética, artística en la ciudad, ¿está supeditada, por ejemplo, a leyes que la regulan?, ¿Es el azar que las ordena o un propósito?, ¿Es su propia Historia la que les proporciona esa cualidad? Esta entidad que llamamos ciudad y que está en permanente transformación ¿Cuándo cumple la condición de ser llamada una obra de arte? ¿Es posible usar este término o es arbitrario? ¿Son simples objetos? ¿Forman parte de lo que conocemos como Turismo Cultural? Todas estas interrogantes serán planteadas o esbozadas, para dar inicio a una discusión acerca de la cualidad estética de un asentamiento humano que hemos convenido en llamar ciudad.

¿Hay Poesía en la ciudad posmoderna? ¿Hay Arte en las ciudades hoy? ¿Lo hay sólo en algunas, cuándo y por qué? ¿Es válido hoy hacerse estas preguntas, en un escenario en donde la ciudad ha perdido mayoritariamente su condición de objeto de arte para ser un bien de consumo?

Se pretende demostrar que las ciudades contemporáneas son o pueden ser una obra de arte en sí mismas. Sus habitantes -con sus intervenciones sobre el espacio-, producen una suerte de instalación que llamamos ciudad, o aldea o pueblo o villa; en fin, en todos los casos, se trata de un asentamiento humano permanente y que es fruto del trabajo colectivo de todos sus ciudadanos. Ellos (los ciudadanos), con mayor o menor consciencia estética y ética, aportan el valor a sus ciudades, y hacen de ellas objetos memorables. ¿Son entidades abstractas o entelequias en el sentido aristotélico de la palabra? Cuando hay mayor sensibilidad, aún en situaciones precarias, la ciudad produce placer estético multidimensional a sus habitantes. Hay un “algo” que las hace interesantes de ser habitadas. Este “algo” ¿es significativo para quienes habitan la ciudad o es una idea de quienes trabajamos en los márgenes del arte y relacionamos el arte con la funcionalidad de la ciudad, y con su calidad estética? ¿Habrá alguna forma de salir al rescate de las ciudades para transformarlas en una unidad, sentido coherencia y atributos estéticos significativos? Con certeza no podemos responder todas estas interrogantes, pero espero avanzar en la reflexión crítica de los temas planteados. Este ejercicio analítico compara algunas ciudades, en contextos muy diferentes, en algunos casos toma barrios de las ciudades (ya que el tiempo no permite abordar las ciudades en su totalidad) a objeto de extraer los valores que las hacen memorables, o que permiten identificarlas con el concepto “Obra de arte”.

El propósito que subyace es el reconocimiento de algunos parámetros, indicadores, o elementos comunes, y proponer (en las conclusiones) la replicabilidad de algunos de estos atributos que hacen de la ciudad una obra u objeto de arte. El propósito último es el de ser capaces de proyectar una vida más agradable a los sentidos, a la vez que funcional, y de paso entender si el arte juega o no algún papel en la ciudad contemporánea o es parte solo de la concepción del pasado.