Fernando Santa Isabel Llanos en Salud Brand Ambassador • beBee 23/9/2016 · 2 min de lectura · +300

Azúcar, ¡ojo a su cara amarga!

Azúcar, ¡ojo a su cara amarga!

2,6 millones de personas fallecen cada año en el mundo por enfermedades relacionadas con la obesidad y el sobrepeso. Una pandemia de la que el azúcar es, en buena parte, causante. Y no nos referimos a la cucharadita que le echamos en el café sino a un enemigo más poderoso: el azúcar 'invisible'.

Mil millones de personas en todo el mundo tienen sobrepeso. Y más de 300 millones son obesas, lo que hace que su probabilidad de sufrir diabetes, cardiopatía o cáncer se multiplique. Las enfermedades relacionadas con la obesidad y el sobrepeso son ya el quinto factor principal de muerte en todo el mundo. En España, el 62 por ciento de la población tiene obesidad o sobrepeso, según el Estudio de Nutrición y Riesgo Cardiovascular de 2011. Y lo peor: somos líderes europeos y mundiales en sobrepeso infantil. Pero, ¿cómo es posible que todo esto suceda en un mundo tan preocupado por las dietas de adelgazamiento y los cuerpos diez?

El origen del problema está en lo que consumimos. Si leyésemos con atención las etiquetas sabríamos que la mayor parte de los alimentos procesados que ingerimos contiene azúcar, además de sal y grasa, principales causas del sobrepeso. Sumadas todas las pequeñas dosis de glucosa que consumimos al cabo del día dan como resultado una cantidad muy superior a los 25 gramos (unos tres sobrecitos de azúcar) que la OMS recomienda tomar diariamente. En España, de hecho, consumimos cuatro veces más: una media de 111,2 gramos de azúcar diario, según la Alianza por el Control del Azúcar, responsable de la campaña 25gramos.org.

Objetivo: reducir el dulzor

Esto es posible porque el 75% de nuestro consumo de glucosa es indirecto, a través de otros alimentos. La cucharada de azúcar que añadimos al café es una anécdota comparada con el ‘azúcar invisible’, el que se oculta en los productos industriales.

«La mayoría del azúcar que consumimos proviene de bebidas envasadas, cereales, bollería y productos lácteos», afirma Modi Mwatsama, nutricionista y miembro de la organización internacional Global Health, quien preconiza la necesidad de un cambio de hábitos «para reducir el azúcar y disminuir el dulzor excesivo de los alimentos».

Un cambio que requiere un gran esfuerzo porque los alimentos procesados ocupan cada vez más espacio en los supermercados, suelen ser más baratos y porque, según los últimos estudios, el azúcar genera adicción. Es lo que Elizabeth González, directora de Nutrición del Instituto Médico Europeo de la Obesidad, llama «un aumento del ánimo artificial» que provocan los alimentos ricos en azúcares y grasas.

Sin embargo, este cambio de hábitos es prioritario, porque son nuestra salud y calidad de vida las que están en juego. Así que preste atención a las etiquetas, consuma, sobre todo, alimentos frescos y procure endulzarse la vida no solo con alegrías gastronómicas.

¿Dónde está el azúcar invisible?

Hace 50 años, los diez alimentos que más se compraban en España eran, por este orden, pan, patatas, legumbres, verduras, huevos, frutas, leche, harina, arroz, y pescado, que viajaban casi del productor a la mesa. Hoy, preferimos llenar el carro de la compra de pocos alimentos frescos y muchos elaborados: conservas, productos precocinados, helados, dulces, refrescos…

En la mayoría de nuestros alimentos cotidianos, y en otros productos más inverosímiles como el tabaco (los cigarrillos contienen un 5 por ciento de azúcar –y este porcentaje llega al 20 en los puros–), está presente el llamado azúcar ‘invisible’, la vía secreta por la que ingerimos el 75 por ciento de la glucosa que consumimos a diario. Las fuentes más importantes de azúcares añadidos son los refrescos (23%), los yogures y postres lácteos (22,3%), la pastelería y la bollería (16,9%), los zumos y néctares de frutas (11,9%) y los chocolates (11,4%). Pero, en general, cualquier alimento procesado y envasado, dulce o salado, contiene ese azúcar ‘invisible’.

Artículo publicado por Susana Macías en el Nº 116 de la revista Salud & Corazón.