Fernando 🐝 Santa Isabel Llanos en Traducción y Localización Alianzas Nueva Edificación • Securitas Direct 18/5/2016 · 2 min de lectura · +100

Confundir 'puñetazo' con 'puñalada', así se traduce en los juzgados de Madrid


La denuncia de un abogado o un fiscal por falta de garantías podría anular centenares de juicios. Algunos magistrados deciden repetir vistas por las dudas con las traducciones.

Ser intérprete judicial es una profesión devaluada. Tras la llegada en 2007 de las empresas privadas, que gestionan el servicio de traducción e interpretación en los juzgados de Madrid, cualquiera puede obtener este trabajo. Los profesionales cualificados han huido de los juzgados por los pagos irrisorios: diez euros brutos la hora.  

Han quedado los traductores "buscavidas", los inmigrantes que se sienten con capacidad de hacer un trabajo de este tipo e, incluso, los farsantes e impostores.

Un periodista de Economía Digital se hizo pasar por traductor cualificado para demostrar lo fácil que es para cualquiera trabajar en los juzgados aún cuando no tienen ni idea del idioma que dice dominar. Sin haber acreditado conocimientos de idiomas ni haber aportado el título universitario correspondiente, fue contratado como intérprete por la empresa Seprotec y hasta se le asignó un juicio de agresión en los juzgados de Madrid.    

Los magistrados y los trabajadores judiciales están alarmados por el aumento de incidentes en los juzgados por malas traducciones. Cualquiera que se crea con dominio del idioma puede obtener este trabajo indispensable para garantizar un juicio justo.  

Confusión con los organismos:

Pero los traductores e intérpretes, muchas veces no tienen ni la capacidad ni las condiciones necesarias para desempeñar esas funciones. En un reciente juicio por agresiones en un juzgado de lo penal de Madrid, el intérprete de rumano traducía la versión del acusado.

Al explicar su versión, traducida al castellano, explicó que el detenido reconocía haber dado "una puñalada" al demandante. Entonces, el abogado defensor, que tiene conocimientos de rumano y castellano, tuvo que corregir al intérprete. "Mi defendido no ha dicho puñalada sino puñetazo", corrigió el letrado.