Fernando Santa Isabel Llanos en El Blog de la Salud Brand Ambassador • beBee 27/9/2016 · 2 min de lectura · +200

Hábitos saludables para reducir riesgo de la "enfermedad del olvido"

El Alzheimer se trata de una patología que no se puede prevenir, pero es posible tomar medidas para mantener el cerebro en buenas condiciones


Hábitos saludables para reducir riesgo de la "enfermedad del olvido"

La memoria que resulta más afectada es la de corto plazo, es decir, el paciente tiene muchas dificultades para recordar lo que hizo durante ese día.

Con el paso de los años, es normal que se vayan perdiendo algunas facultades: la vista no es la misma, el oído comienza a fallar y, algunas veces, la memoria se vuelve frágil. Si bien esto ocurre en la mayoría de las personas, es necesario poner atención a algunas señales que podrían indicar que se está en presencia de algo más, como el Alzheimer, cuyo Día Mundial se conmemoró hace unos días.

Pérdida de memoria, problemas de lenguaje, alteraciones conductuales, y desorientación de tiempo y espacio, son algunos de los síntomas más frecuentes para reconocer la aparición de esta enfermedad neurodegenerativa que provoca una pérdida progresiva de la capacidad intelectual, y que se manifiesta clínicamente como una demencia.

"En su desarrollo está involucrada la muerte de las neuronas cerebrales y la atrofia del cerebro, pero su causa definitiva se desconoce", explica Pablo Araya, neurólogo de Clínica Ciudad del Mar.

Juan Ignacio González, neurólogo de Clínica Universidad de los Andes, agrega que en lo que sí existe acuerdo es en que la mayoría de los pacientes tienen una combinación de factores genéticos, ambientales y de estilo de vida, que pueden afectar al cerebro. 

Y si bien no existe una forma específica de prevenir el Alzheimer, es posible tomar algunas medidas que pueden reducir el riesgo a padecerlo.

"Un estilo de vida saludable, con dieta balanceada, ejercicio acorde con la edad -por ejemplo, caminar-, asociada a un estricto control de factores de riesgo, como diabetes, niveles de colesterol e hipertensión arterial, son fundamentales para mantener un cerebro en buenas condiciones", señala González.

Pablo Araya agrega que, a lo largo de la vida también se pueden tomar algunas medidas que ayudan a cuidar la memoria, tales como:

- Aprender a tocar un instrumento

 - Aprender idiomas

- Leer y escribir

 – Realizar controles preventivos de enfermedades

 - Tener un trabajo estimulante

– Mantener una activa vida social

Una enfermedad lenta e incurable

El Alzheimer representa cerca del 70% de las demencias en total (que incluye la senil y la vascular, entre otras), y va determinando una disminución de la capacidad intelectual del individuo, suficiente como para interferir en el desempeño social y funcional de éste, y en su calidad de vida.

La memoria que resulta más afectada es la de corto plazo, es decir, el paciente tiene muchas dificultades para recordar lo que hizo durante ese día, pero lo hace bastante bien con detalles aprendidos hace tiempo o en su infancia.

Algunos de los factores de riesgo para desarrollar esta patología, son: edad avanzada (después de los 65 años); sexo femenino; historia familiar; deterioro cognitivo leve; antecedente de traumatismo encefalocraneano grave o repetido; y estilo de vida. 

El Alzheimer se inicia en forma lenta y se desarrolla en tres etapas: temprana, intermedia y avanzada. En la primera, los síntomas pueden pasar desapercibidos o ser confundidos con trastornos asociados al envejecimiento normal. 

Luego, los síntomas se notan con mayor facilidad y se agravan. Se presenta dificultad para comunicarse, hay cambios conductuales y los pacientes comienzan a necesitar ayuda para su cuidado personal.

Finalmente, en la etapa avanzada, la dependencia y la inactividad son casi completas.

Actualmente, el tratamiento del Alzheimer se basa en un manejo multidisciplinario del paciente y su entorno. Hay un diagnóstico clínico que hace el médico con la información que extrae al conversar con el paciente y sus familiares.

Es importante destacar que el Alzheimer no tiene cura, por lo que su tratamiento está enfocado más bien en darle al paciente una mejor calidad de vida. En este sentido, explica Pablo Araya, se puede proceder por medio de dos componentes fundamentales: el no farmacológico y el farmacológico. 

El primero consiste en preparar un lugar grato para que el paciente se sienta a gusto y no esté expuesto a peligros y pueda moverse con libertad.

En tanto, el tratamiento farmacológico incluye fármacos específicos como los inhibidores, que han demostrado que pueden hacer más lento el avance de la enfermedad, y los no específicos, que ayudan a manejar síntomas como depresión, insomnio y agitación.

"Ningún tratamiento por sí solo es muy eficaz contra la enfermedad, pero utilizados en combinación y racionalmente ayudan bastante en muchos casos", puntualiza Araya.

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