Fernando Santa Isabel Llanos en El Blog de la Salud Brand Ambassador • beBee 28/9/2016 · 3 min de lectura · 1,1K

¿Por qué tenemos la sensación de que nos caemos cuando nos quedamos dormidos?

 

 

La sensación de caer cuando estamos dormidos se llama sacudida hípnica. 

Debería ser uno de los momentos más relajantes del día. Nos metemos en la cama, nos ponemos cómodos y calentitos, empezamos a sentir cómo nuestro cerebro se desacelera… y de repente, experimentamos la turbadora sensación de que nos caemos. Es como si uno calculase mal el número de escalones al bajar la escalera y hubiese dejado la pierna en el aire un momento más de lo esperado. No resulta agradable.

Esta sensación de que nos caemos cuando estamos en la cama es el fenómeno conocido como “sacudida hípnica” y puede ir acompañado de una alucinación visual. Puede que haya oído llamarlo “sobresalto del sueño”, “sacudida hipnagógica” o “sacudida mioclónica”, pero para no complicarnos nos atendremos a la primera.

Entonces, ¿qué es?

La sacudida hípnica se produce cuando los músculos, por lo general de las piernas (aunque puede observarse en todo el cuerpo), se contraen rápidamente de forma involuntaria, casi como un tirón o un espasmo. Aunque no se conocen con exactitud las razones para ello, la perspectiva evolutiva da a entender que cumple al menos dos funciones relacionadas entre sí, la primera de las cuales conserva su importancia en la actualidad.

La sacudida hípnica se produce cuando los músculos, por lo general de las piernas, se contraen rápidamente de forma involuntaria

En primer lugar, este despertar brusco nos permite vigilar por última vez nuestro entorno, nos brinda la oportunidad de asegurarnos de que es realmente seguro dormirnos, creando una respuesta similar a un sobresalto. A fin de cuentas, es posible que nos hayamos quedado dormidos sin querer en un sitio peligroso.

Otra función evolutiva de la que se ha hablado es que nos permitía –o al menos les permitía a nuestros primeros ancestros– comprobar la estabilidad de nuestra posición corporal antes de dormir, en especial si empezábamos a adormecernos en un árbol. La sacudida nos permitía comprobar nuestro “punto de apoyo” antes de entrar en la inconsciencia.

La otra teoría principal es que la sacudida hípnica es un mero síntoma de que nuestro sistema fisiológico activo cede por fin, si bien en ocasiones de manera reacia, al impulso de dormir, pasando de un control motor activo y volitivo a un estado de relajación y, finalmente, de parálisis corporal. En esencia, la sacudida hípnica puede ser una señal de que por fin se está pasando del sistema activador reticular del cerebro (que usa neurotransmisores excitatorios que promueven la vigilia) al núcleo preóptico ventrolateral (que utiliza neurotransmisores inhibitorios para reducir la vigilia y propiciar el sueño).

Aunque en la mayoría de los casos se trata de un fenómeno normal y natural, la sacudida hípnica puede constituir una experiencia desconcertante o aterradora

Cuando la sacudida se convierte en un problema

De cualquier modo, aunque en la mayoría de los casos se trata de un fenómeno normal y natural, la sacudida hípnica puede constituir una experiencia desconcertante o aterradora. En casos extremos –ya sea por su frecuencia o por la velocidad y la violencia de la sacudida– puede mantener a la persona despierta, impidiéndole entrar en un proceso normal de inicio del sueño, y provocando a largo plazo una forma de insomnio de conciliación.

Puesto que la sacudida hípnica está relacionada con la actividad motora, es probable que todo aquello que mantenga activo nuestro sistema motor por la noche aumente las posibilidades de experimentarla, y posiblemente también de manera más intensa.

Así, la cafeína (y otros estimulantes) o el ejercicio intenso a última hora del día y los niveles elevados de estrés y ansiedad por la noche van asociados a una mayor probabilidad de que se produzca una sacudida hípnica, y deberían en consecuencia evitarse en la medida de lo posible. Otras razones podrían ser el cansancio excesivo, la privación de sueño o los horarios de sueño erráticos. En este caso, es importante mantener un patrón de sueño/vigilia regular.

La cafeína o el ejercicio intenso a última hora del día van asociados a una mayor probabilidad de que se produzca una sacudida hípnica

Por último, desde la perspectiva nutricional, se ha indicado, si bien de modo anecdótico, que las carencias de magnesio, calcio o hierro pueden también aumentar las probabilidades de experimentar una sacudida hípnica espontánea. Dicho eso, se ha insinuado también que las sacudidas hípnicas podrían estar causadas por la estimulación sensorial durante el periodo de inicio del sueño, de modo que garantizar un ambiente fresco, oscuro y tranquilo para dormir puede ayudar a reducir la frecuencia y la intensidad de dichas sacudidas.

El hecho es que hay muy poca investigación sobre el tema, probablemente porque se considera en gran medida un fenómeno normal, lo que dificulta que se proponga un “tratamiento” definitivo. Sin embargo, sí sabemos que, con la edad, el número de sacudidas hípnicas que experimentamos deberían reducirse de manera natural. Lo principal a este respecto es considerar si la sacudida hípnica le causa problemas a usted o a la persona con la que comparte cama. Si es así, deberá acudir a un especialista del sueño. La dificultad estriba en que hay diversos trastornos, como la apnea del sueño, que producen síntomas parecidos a esa experiencia.

Y si todo lo demás falla, siempre podemos echar la culpa a nuestros antepasados.

Jason Ellis es catedrático de Ciencias del Sueño en la Universidad de Northumbria, Newcastle.  Este artículo fue publicado originalmente en inglés en la web The Conversation

Cláusula de divulgación: Jason Ellis ha recibido financiación del Consejo de Investigación Económica y Social británico, el Wellcome Trust, UCB Pharma, el Instituto del Deporte de Irlanda, los Institutos Nacionales de Salud (Estados Unidos), el Instituto Nacional de Investigación sobre la Salud (Reino Unido) y la Sociedad Real de Edimburgo.

http://elpais.com/elpais/2016/07/27/ciencia/1469632885_965986.html


Luizia Patrício 29/9/2016 · #1

Interessante Obrigada pelo arquivo.

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