Fernando 🐝 Santa Isabel Llanos en Traducción y Localización Voluntario • Asociación de Oncología Integrativa 28/9/2016 · 2 min de lectura · +200

Sin traductores, ¿qué seríamos?

Sin traductores, ¿qué seríamos?

El oficio de la literatura y los idiomas toma relevancia en la Semana Europea de los Idiomas.

Aunque son los invisibles de la cadena editorial, los traductores no podían estar ausentes del Día Europeo de las Lenguas (en realidad, la Semana, debido al éxito de las jornadas anteriores de estos encuentros culturales europeos). La traducción es una cuestión de la que se habla poco en los medios, pero tiene, sin embargo, mucho interés. Hace unos años, Ismail Kadaré llamaba la atención sobre el hecho de que los primeros versos de la Ilíada estén mal traducidos en todos los idiomas. De la famosa frase "Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles, el hijo de Peleo" sólo se ha mantenido correctamente el nombre de Aquiles, decía Kadaré: no es canta sino cuenta; es hada o poetisa en vez de diosa; no es cólera sino manía u obsesión, y no es hijo sino descendiente o miembro del clan.

La obra más famosa de Kafka hace unos años que se llama La transformación. Y qué decir de Shakespeare: lo que en una vieja traducción era "a qué viles usos podemos descender, Horacio", más recientemente es "funestos destinos nos aguardan". En cuanto al casi canónico "ser o no ser", alguna vez se vertió como "existir o no existir". Problemas, sí, los que se quieran, pero sin los traductores nuestro mundo sería más silencioso y más pobre, como dijo Isabelle Marc, coordinadora de la mesa redonda que se celebró ayer en el Instituto Cervantes con traductores europeos de varios idiomas.

Goedele de Sterck recordó lo que dijo Umberto Eco, que la traducción es la lengua de Europa. Y se refirió a algo en lo que insistieron también algunos de sus compañeros de mesa, que el traductor, con un pie en cada de los mundos en que trabaja (el idioma original y el de llegada), está obligado a una serie de equilibrios, así como a tener empatía tanto con el autor que traduce como con los lectores para los que trabaja. Señaló algo obvio, pero en lo que quizá no se piensa: la inmensa mayoría de los lectores, los que no acceden al idioma original, no leen a Proust o a Kafka, sino a sus traductores.

Por otra parte, al trasladar una lengua se traslada toda una cultura, una forma de vida, advirtió Kepa Uharte, traductor del checo al catalán y al español. "Cada palabra exige meterse en ella a fondo, comprobar porqué está ahí". Y siempre hay otra opción posible para cada frase, "ese es el riesgo que hace entretenida la traducción". Yvonne Mester, traductora del español al húngaro (de Javier Marías, por ejemplo), afirmó que no hay antagonismos irreconciliables entre las lenguas y llamó la atención sobre el hecho de que apenas existe crítica de las traducciones.

Para la venezolana Carmen Leonor Ferro, de formación científica, la traducción de poesía a la que se dedica le parece un ejercicio matemático en el que todo debe cuadrar, un ejercicio especialmente difícil cuando se trata de autores, como Ungaretti, a los que