Francisco Izquierdo Herrero en Comunicación y Periodismo, Comerciales y Vendedores, Estudiantes y Universitarios Albañil, auxiliar de almacén y escritor diletante 9/6/2018 · 2 min de lectura · 3,1K

Aquí dejo algo por si te apetece distraer la mente un rato de la marca personal, del trabajo, de cómo ganar dinero y/o hacerte rico; algo que no está a la altura de cualquiera por muchos tips que por este medio se compartan...

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(MÁS ALLÁ DE LAS PALABRAS, FRAGMENTO 6º DEL
Capítulo I, EN BUSCA DEL PORVENIR…).
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…—Esta casa palacio es conocida en la ciudad por la Casa de las Cadenas, es de estilo renacentista. Fue construida en el siglo XVI por la familia Gil Delgado, quienes más tarde ostentaron el título de Condes de Berberana. Cuentan que en ella se hospedaron Napoleón Bonaparte y el rey Fernando VII de España y que en 1828 se colocaron estas cadenas como recuerdo de su estancia y que, durante la Guerra Carlista, fue asesinado en su interior el General en jefe del ejército liberal Rafael de Ceballos-Escalera por soldados amotinados —explicó, a modo de saludo, un señor de edad avanzada que, ayudándose de un elegante bastón, se acercó hasta el forastero.
Jacinto se había limitado a prestar atención y asentir a todo lo narrado con voz altiva y de manera pausada por el erudito anciano.
—¿Y esa otra? —preguntó señalando a la que lindaba pared con pared en su flanco izquierdo.
—Esa es la Casa de los Urbina, es un palacio nobiliario del siglo XVI, es de estilo gótico. Él era un capitán que sirvió al Emperador Carlos V, y María de Salazar y Frías, su mujer, construyeron esta casa solariega entre los años 1540 y 1550. Según cuentan, y está escrito en los Anales, ella falleció en 1655, siendo huésped de sus dueños, la princesa Margarita de Saboya y Austria, duquesa de Mantua y de Montferrato y virreina de Portugal, viuda del duque Francisco IV Gonzaga. Y en 1660 también se hospedaron el rey Felipe IV y la infanta María Teresa de Austria, su hija, en su camino a Francia para desposarla con Luis XIV.
—Muy interesante la historia de estas dos casonas. Se nota que está usted bien informado, ¿señor…?
—Feliciano, Feliciano López —dijo tendiendo su largo y tembloroso brazo—. Natural de Burgos, profesor de Historia, Geografía y Arte, y residente en esta maravillosa ciudad desde hace más de cuarenta años.
—Encantado, jefe. Jacinto Sánchez, albañil recién llegado de Extremadura —informó mientras estrechaban sus manos.
—¿Estás de visita o vienes para largo, majo?
—Traigo intención de quedarme por aquí; pero, ya sabe usted que, a veces, no basta con lo que uno tenga en mente, sino lo que nos depare el Destino.
—Bueno, majo. Te dejo ya, que tengo que desplazarme hasta la Calle de la Estación… y al paso que voy, como me descuide, se me hecha la medianoche encima.
Jacinto sonrió complacido por la cercanía mostrada por el amigable y erudito anciano. Por un instante se sintió tan a gusto como si estaría en su adorada y extrañada Moraleja.
—Adiós, amigo. Hasta otro rato.
—Si Dios quiere, majo —dijo elevando y agitando el bastón para despedirse sin necesidad de volver la vista atrás ni detenerse.
Jacinto se dio una palmada en la frente al advertir que por un rato se había olvidado incluso de sus acompañantes. Su sorpresa fue mayúscula al verse junto al león que sujeta el escudo real, y sin pensárselo dos veces, comenzó a desandar los pasos que había avanzado mientras escuchaba al instruido anciano sin ser consciente de que tanto el volumen de la voz del narrador como el bullicio de la verbena habían ido disminuyendo a medida que se alejaban de la henchida plaza.
De pronto, una idea se apoderó de su mente, sintió un escalofrío, notó que le faltaba el aire, que se ahogaba y, temiéndose lo peor, aligeró el paso, pues, a pesar de que la ciudad es pequeña, no sabía cómo llegar a casa.
Al doblar la esquina, le dio un vuelco el corazón, se llevó la mano a la sudorosa frente y se pasó la palma de un extremo al otro emitiendo un chiflido de satisfacción.
—Pero ¿dónde andabas? —articuló preocupado Epifanio.
Jacinto bajó la mirada como el niño que es pillado haciendo algo que está prohibido.
—Esto… Nada, que me he encontrado con un señor mayor, nos hemos puesto hablar y…
—¡Hombre!, tampoco es menester que tengas que darme explicaciones —intervino Epifanio con tono afligido, al percibir, contrariado, el efecto que había causado en su amigo aquella inocente pregunta.
—Lo siento, no ha sido mi intención. Te pido disculpas.
—Nada que perdonar. Nos hemos puesto nerviosos los tres y eso es todo —explicó y, a continuación, tras darse por satisfechos, sin dudas que despejar ni rencores que guardar, pusieron el rumbo hacia la calle Vitoria[…].

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@Patricia Castaño, gracias por la atención y la acción.

¡Feliz finde para ti y los tuyos!
Saludos

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Patricia Castaño 9/6/2018 · #1

Me ha gustado 😊👏🏻. Un saludo y buen finde!!

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