Francisco Izquierdo Herrero en Aficionados a leer, escribir y compartir, beBee en Español, Escritores Albañil, auxiliar de almacén y escritor diletante 9/3/2018 · 3 min de lectura · +600

Arreando, que es gerundio


Arreando, que es gerundio


   A eso de las nueve, los jóvenes bajaron en silencio y, olisqueando una estela invisible, tal y como lo haría cualquier animal, se adentraron en la cocina siguiendo el agradable aroma a café recién hecho.

   —¿Trinidad? —dijo con voz altiva Alberto.

   —Estoy en el baño, ahora mismo salgo.

   —Nada, nada. Tranquila. Era solo por saber si había alguien en la casa.

   —¿Qué tal se ha pasado la noche? —dijo a modo de saludo, desde el otro lado de la puerta de la cocina.

   —Buenos días prima —dijeron los dos a la vez.

   Trinidad les brindó una linda sonrisa.

   —¿No habéis extrañado la cama?

   —La verdad es que yo caí en coma al poco de acostarnos  —respondió Alberto, tratando de justificar los inoportunos chirridos manifestados por el acusador somier.

   —A mí, me costó un poco más; pero una vez que cogí el sueño, hasta ahora, y porque me ha despertado él —alegó Meritxell, señalando con el mentón hacia su marido.

   —Y, el primo, ¿dónde anda? —consultó Alberto.

   —Estará al caer ya, porque hace como media hora que ha terminado de ordeñar a las ovejas, y cuando me he asomado, solo le faltaba echar el pienso en los comederos, llenar los bebederos, que están dentro del prado que hay vallado en la parte de atrás de la casa, y pasar por el gallinero y recoger los huevos que pusieran ayer tarde…

   Alberto se llevó la mano a la cabeza a la par que emitía un silbido.

   —Pues, ¿a qué hora os habéis levantado? —consultó.

   —A la misma de todos los días, sobre las cinco más o menos: es la única forma de que nos dé tiempo a hacer todas las gestiones que conlleva el vivir en el mundo rural.

   —¡Hombre! Juan, si antes te mencionamos antes apareces —exclamó Meritxell.

   —Hola, buenos días —respondió con manifiesta alegría—. Quiero imaginar que sería para bien, ¿verdad?

   —Pues, no te creas…—insinuó Meritxell con tono festivo.

   Juan se dirigió al cuarto de baño y, tras cambiar el agua al canario, y lavarse las manos con un trozo de jabón casero, se adentró en la despensa y, seguidamente, condujo sus pasos hasta la cocina económica. Alzó el brazo para descolgar de la pared una sartén onda, de esas antiguas de dos asas, la puso encima de la placa, echó un generoso chorretón de aceite de oliva Virgen y cuando este alcanzó la temperatura óptima, tras cascar contra su borde un par de huevos y freírlos, una vez que los retiró del candente líquido, agregó un par de trozos de chorizo rojo y la estancia se llenó de un momento para otro de aquel sencillo, pero a la vez tan apetecible manjar. Después, regresó junto a la mesa dónde los huéspedes comenzaban a tomarse un tazón de café que les había preparado Trinidad, antes de ir a recoger la ropa que tenía tendida desde el día anterior en el desván.

   —Si os apetece estáis a tiempo —invitó Juan.

   —¡Ufff, cualquiera se mete eso ahora… —repuso Meritxell.

   —Gracias primo, pero la verdad es que a estas horas un cafecito y poco más —dijo Alberto.

   Ante la negativa de los parientes, Juan se levantó a por una hogaza, asió una botella de aceite, y tras cortar un par de rebanadas, sobre una de ellas fue esparciendo un hilo del oro líquido.

   —Toma y disfruta de estos sabores tan puros y beneficiosos    —le indico a Meritxell.

   —Eso si lo voy a degustar —respondió al tiempo que extendía su mano derecha para recoger el ofrecimiento—. Según tengo entendido es muy saludable y me apetece comprobarlo y, sin perder ni un segundo más, se lo llevó a la boca ansiosa por descubrir a qué sabía.

   —¡Hmmm!, mucho mejor de lo que pensaba. ¡Está delicioso!

   —Me alegro por ti. Y, además de lo bueno y nutritivo que es, viene muy bien para la salud —explicó Juan.

   En ese instante, Trinidad regresaba del desván.

   —Bueno, a ver si se ve movimiento, que de noche, nos vamos todos a Madrid, pero cuando llega el día aún seguimos aquí —dijo con retintín.

   Meritxell se volvió hacia la recién llegada.

   —Perdona, pero no pillo. Sé que va por algo, pero ahora mismo: no tengo ni idea.

   —¡¿No os acordáis en lo que quedamos anoche?!

   —Sí, claro que sí: no estamos tan desmemoriados —aclaró Meritxell.

   Alberto miró su reloj de pulsera, y tras comprobar que eran las diez y cuarto, dijo:

   —Yo sí la entiendo, según acordamos ayer, a estas horas deberíamos estar en camino hacia el lugar que íbamos a visitar.

   Meritxell se encogió de hombros.

   —¡Ah!, si es por eso: yo, ya estoy preparada.

   —Pues, venga: no se hable más —indicó Juan poniéndose en pie y, después de recoger la mesa, se dirigió hacia donde estaban los barreños y, tras fregar lo cubiertos que se habían utilizado para el desayuno—: Arreando, que es gerundio —gritó.

                                                                                                   *****

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                                                                                                        *****

Gracias por la atención.
Saludos



@Anca Raileanu, gracias por compartir.

¡Feliz día para ti y loc tuyos!
Saludos

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#3 ¡Equilicuá!, o sea: eso mismo.
Nada que agradecer y mucho por leer y por compartir:

Saludos

+1 +1
Hector Fong 9/3/2018 · #3

#2 Gracias Fran por tu explicación,osea es como decir Hay que ponerse en marcha que ya es hora o también Manos a la obra y comenzar.👏👏👍👍🆗✔

+1 +1

@Hector Fong, nada que disculpar. Esa expresión se utuliza con el fin de animar u ordenar a alguien ponerse en marcha o iniciar un asunto.

Gracias por la atención y el interés evidenciado.

Saludos

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Hector Fong 9/3/2018 · #1

Disculpa mi ignorancia que significado tiene la expresión "ARREANDO QUE ES GERUNDIO?@Francisco Izquierdo Herrero Agradeceré tu explicación. Buen finde.

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