Francisco Izquierdo Herrero en Aficionados a leer, escribir y compartir, beBee en Español, Escritores Albañil, auxiliar de almacén y escritor diletante 7/3/2018 · 4 min de lectura · 1,2K

Margarita, te hará reír.

Margarita, te hará reír.

                                                            7 marzo, 2018 por franizquiero, posted in en el fondo del mar


   Margarita, a pesar de que guardaba un enorme parecido con el Asinos europeus nada tenía que ver con la especie, ya que ella: era de pura raza catalana. Era una burra de grandes proporciones, así lo evidenciaban su más de 160 centímetros desde el casco hasta la cruz y los 365 kilos que había testificado la báscula de la almazara la última vez que estuvieron allí, aprovechando que, de manera mecánica, se había subido a ella: «¡Ea!, ya que así lo ha decidido: veamos cuantas arrobas pesa», propuso Juan, al almazarero.

   —¡Vaya!, pues, sí que engaña la jodida —exclamó el empleado, al ver lo que indicaba el tique de tara.

   —¡Hombre!, tampoco es para tanto… —repuso Juan saliendo en defensa de la borrica—, date cuenta que está aparejada, y que entre la albarda y la cabezada: qué menos que veinte kilos habrá que descontar.

   —Sí, claro —respondió rápidamente el empleado sin necesidad de tener que utilizar ni lapicero ni calculadora—, pero, aun así: estamos hablando de 30 arrobas ¡Qué no es moco de pavo!, y, por si no te has dado cuenta, te recuerdo que estamos hablando de un asno, no de un elefante.

   Margarita, a pesar de su carácter energético y temperamental, se mostraba atenta y cariñosa tanto con las personas como con los animales de su entorno, le encantaba que le rascasen entre sus orejotas y, cuando esto sucedía, su hocico se retraía tratando de evidenciar lo agradecida que estaba a través de evocar algo parecido a esbozo de una sonrisa.

   Margarita caminaba —justo por delante de Meritxell—, con el ramal recogido sobre el cuello, como si de un fular se tratase, por la angosta, escarpada y retorcida senda que tantísimas veces había recorrido en compañía de su ama.

   —Hay que ver, desde que he llegado no he dejado de sorprenderme.

   Aquellas palabras dejaron a Trinidad desconcertada.

   —¡¿Cómo así, prima?! —preguntó unos segundos después.

   —No entiendo, que, teniendo un burro a tu disposición, vayas a pie.

   Margarita —que hasta entonces su única preocupación había consistido en tener que decidir si pegar un mordisco aquí o allá, en pos de lo apetecible que le pareciesen los herbáceos manjares que se hallaban a ambos lados de la vereda—, atenuó el ritmo de la marcha, levantó la cabeza tanto como le permitió su largo cuello y, con la oreja izquierda dirigida hacia adelante y la derecha hacia atrás, como si intentase descubrir que habría detrás de las malsonantes palabras que acababa de pronunciar aquella desconocida, continuó caminado como si tal cosa; con la oreja vuelta, por si las moscas

   Trinidad recargó sus pulmones con aire serrano.

   —Vayamos por partes. En primer lugar, cuando me casé y vine a vivir a la masía, y de esto hace ya la friolera de veinte años, Margarita ya estaba integrada en la familia… —Sin poder evitar que sus ojos se humedecieran, prosiguió relatando—. Y, si quieres disfrutar al máximo de la compañía de un animal, objeto o persona… cuando estos envejecen hay que tratarlos con mucho tacto, cariño y librarles de todas las causas y cargas que puedan minar su bienestar… —Hizo una pausa y, tras enjugarse los ojos con un pañuelo—; y, en segundo lugar: ¿te has dado cuenta del tipo que luzco? —dijo señalándose de arriba abajo con la mano derecha.

   Meritxell asintió y sonrió.

   —Sí, sí, ya me he dado cuenta que te conservas muy bien.

   Trinidad negó moviendo la testa de un lado para otro.

   —¡Cómo esto siga así, no sé a dónde iremos a parar con tanto modernismo! ¡Y lo que es peor! —exclamó llevándose las manos a la cabeza, en ademán de desesperación—, como nadie ponga empeño en ello: acabaran extinguiéndose.

   —¿El qué, prima?

   —Parece como si los que nos gobiernan ignorasen el daño que nos están causando tanto con la maldita industrialización como con el modernismo… y no creas que me estoy refiriendo solo a las personas… Antes, cuando los burros y demás caballerías abundaban y estos acompañaban a los rebaños de cabras, ovejas y ganado vacuno…, cuando todos pastaban a su libre albedrío por las dehesas y los montes: entre unos y otros se encargaban de mantenerlos limpios de pastizales y maleza…, y como consecuencia de ello: contribuían a evitar los incendios de toda la extensión geografía española. ¿Acaso creen que pueda existir algún sistema preventivo más económico y eficaz?

   —Pero tendrás que entender, prima, que todo en la vida tiene que avanzar… sin mencionar a nadie más, y por ponerte un ejemplo, en mi caso particular, de no ser por mi ciclomotor, además de llegar tarde al trabajo, estaría como vendida, ¿te imaginas lo cómodo y rápido que te resultaría bajar de la masía al pueblo, de hacerlo motorizada?

   Margarita, movió la oreja izquierda hacia atrás por lo que acababa de entreoír, con la intención de aguzar el oído; unos segundos después, malhumorada, comenzó a levantar el rabo con sigilo, y como aquel que no quiere la cosa, dando rienda suelta a su esfínter: se liberó ruidosamente de todo el aire que henchían sus intestinos.

   Meritxell se detuvo en seco y se giró hacia Trinidad.

   —¡¡¡Puaj!!!, ¡qué hija de puta!, ¡Se ha peído en toda mi cara!

   Margarita continuó la marcha, como si tal cosa, y alzando su voz:

   —¡Hiaaa, hiaaa! ¡Hiaaa, hiaaa! ¡Hiaa, hiaaa! —dijo replicando la actuación de quien reprendía un acto tan necesario como involuntario.

   —¡Vaya!, parece ser que la muy puta no ha tenido bastante y ahora, además, para su propio regocijo: tengo que aguantar sus risas.

   —La culpa no es de ella, sino mía. Te ruego que me perdones: se me olvidó advertirte que las caballerías cuando avanzan por terrenos que requieren de un esfuerzo físico, lo primero que hacen es reunir las fuerzas donde más lo necesitan y para ello se desprenden con facilidad de sus gases y excrementos.

   —No es necesario que salgas en su defensa, Trinidad, a pesar de que soy de ciudad, entiendo que al igual que nosotros tienen necesidades fisiológicas; pero tendrás que admitir que no es plato de buen gusto, recibir semejante pestilencia, justo en el momento que he inhalado profundamente para llenar mis pulmones[…].


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Francisco Izquierdo

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Gracias por la atención y tu valioso tiempo.

Saludos




@Francisco Jose 🐝 Paredes Pérez Global Brand Ambassador, gracias por la atención, el relevante y compartir.

¡Feliz día!

Saludos

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@Hector Fong, gracias por la acción y la atención.

Saludos

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Hector Fong 8/3/2018 · #1

,👏👏👍👍🆗✔

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