Francisco Izquierdo Herrero en Aficionados a leer, escribir y compartir, Grandes Escritores Albañil, auxiliar de almacén y escritor diletante 12/1/2018 · 5 min de lectura · ~100

Primera parte, episodio 3 de Atrapados en la red


Primera parte, episodio 3 de Atrapados en la red














Bienvenidos al foro de la Amistad.

Creado por Juan:


…—Juan: Hola, buenos días amiga, en primer lugar, quiero darte las gracias públicamente por el apoyo que me brindas a través de los comentarios; en segundo, reitero mi agradecimiento por existir y estar ahí; y en tercero, si me lo permites, seguiré con mi historia:

…Un día, metidos de lleno en plena transición española, a la edad de 17 años, con grandes inquietudes, comencé a salir por los pueblos cercanos con mi hermano y sus amigos. Recuerdo que, al llegar a cualquier pueblo, por mi amabilidad y buenas palabras, conectaba rápidamente con las personas del lugar. Por aquella época, la mayoría de las chicas aún estaban condicionadas por las costumbres y creencias antiguas con respecto al comportamiento y la moralidad y no se dejaban tocar; pero en mi caso, descubrí que con buenas palabras y la promesa de volver al día siguiente: siempre sacaba algo de provecho y, como consecuencia de ello se fue corriendo la voz de un lugar a otro y me pusieron de apodo “el pillo”. En una ocasión, fuimos de fiesta a una ciudad que está cerca de nuestro pueblo, yo era el pequeño de la cuadrilla y los demás pasaban de los treinta. Recuerdo que permanecí en silencio durante todo el trayecto, mi hermano me había dicho que me mantuviese callado, ya que si no: para otro día me quedaría en casa. Así que no me quedó otra que dedicarme a escuchar lo que unos y otros decían, medió estrujado y flanqueado por dos gordinflones en el asiento trasero de un Citroen Dyane 6 del color de las amapolas. En silencio, escuchaba y observaba como los mayores decían, lo que iban a ligar, sobre todo el conductor y dueño del coche. Pues, según él, conocía a una chica y se lo pasaría muy bien. Recuerdo que al llegar al pueblo nos dirigimos a la discoteca y, después de tomarnos un par de copas, ellos se pusieron a mover el esqueleto y, como a mí eso de bailar me daba un poco de vergüenza, me coloqué un cigarrillo en la boca, pero sin encenderlo y, transcurrido un tiempo, me di cuenta que se acerca hacia mí una chica muy guapa, con el pelo castaño, muy esbelta y con una buena delantera, como a mí me gustan. La verdad es que era un poco mayor para mí, pero tampoco le di mayor importancia. Recuerdo que se acercó con el encendedor en la mano. ¡Toma!, “que llevas toda la noche sin encender el pito”, me dijo. Nos pusimos a charlar y, unos minutos después, nos dirigimos hacia la zona donde estaban las mesas, buscando un poco de intimidad, y comenzamos a besarnos apasionadamente. Mi hermano y sus amigos se quedaron extrañados al observar que, además de besarnos, la estaba acariciando los senos: algo que al parecer le tuvo que molestar bastante al Modesto, el dueño del coche, ya que mi hermano se acercó hasta nosotros y me hizo un gesto para darme a entender que tenía que decirme algo. Me puse en pie y, al llegar junto a él, me dijo que me fuese despidiendo, que el Modesto le había dicho que ya iba siendo hora de regresar al pueblo. ¡Joder!, vaya mierda de tío, ¡con lo bien que me lo estoy pasando!, le dije. Mi hermano sonrió y me dijo, tú verás si te vienes o te quedas. Me quedé pensándolo durante un instante, pero la distancia que hay entre mi pueblo y la ciudad fue la que me condicionó para obrar de la siguiente manera. Me dirigí hacia donde estaba esperándome Susana y, después de ponerla al corriente de todo, me dijo que, si me iba y la dejaba allí sin más, yo le respondí que no se preocupase, que volvería al día siguiente y fríamente nos despedirnos con un triste beso en las mejillas, ella se quedó con muy mala cara y yo con un humor de perros y, para más INRI, de regreso a casa, mi hermano lo único que hizo fue burlarse y darme a entender que él estaba por encima de mí, como siempre. Agapito es el típico hermano mayor que para dar ejemplo, cuando sale a tomar copas, al día siguiente no acude ni a trabajar. Al día siguiente, me levanté temprano, era domingo, se celebraba una comunión y tenia que ayudar a mi padre a preparar el banquete y, a pesar de que no me apetecía ir a trabajar con él, no me quedaba otra que ir, además, para mi desgracia, teniendo que soportar las voces y menosprecios que este me daba y hacía delante de unos muchachos que solían ir a ayudarle a cambio de unas monedas y a diferencia de ellos el pago que yo recibía era siempre el mismo trato vejatorio, pero lo que realmente me dolía más era que, en la cara de mi padre, se podía apreciar que no le importaba lo más mínimo que yo fuese su hijo. Recuerdo que, unos días después, al regresar a casa, me encontré con una escena muy usual; pero en aquella ocasión, al ver que mi padre estaba pegando a mi madre, en lugar de quedarme petrificado como me había ocurrido otras veces, me armé de valor y me lancé a él como una fiera y, tras el intercambio de puñetazos, me dirigí corriendo a mi habitación, cogí una maleta, la llené con toda la ropa que cupo en ella y sin perder más tiempo, temiendo por lo que pudiese acontecer después de que mi padre recobrase el conocimiento, tras despedirme de mi madre con un montón de besos y las mejillas inundadas, sin volver la vista atrás: decidí salir a recorrer mundo. La verdad es que aún me siento culpable por no haber acudido a la cita…

   —María: Buenas tardes Juan, quiero decirte que, después de haber leído con detenimiento el relato de hoy, has conseguido sacarme una sonrisa y un poco después, además de sentir tristeza, unas lágrimas se han deslizado por mis mejillas; pero a pesar de todo, quiero que sepas que no tienes que sentirte ni triste ni culpable por lo acontecido, ya que, posiblemente, aquello tuvo que suceder así porque el destino tendría otros planes para ti.

   —Amor de madre: Hola a todos/as, disculpen por intrometerme en su conversación; pero es que, pasaba por aquí y me llamó la atención que solo participasen dos personas en este foro y no sé si ha sido por curiosidad o por cualquier otra cosa: pero el caso es que me he puesto a leer y comparto con María cuanto dice. Es más, si a ustedes no les importa me gustaría seguir el foro y poder participar.

   —Empresario: ¡Vaya, vaya!, como está el patio, lo que hay que ver y leer. Yo, sin estar de acuerdo con ninguno de los tres: me quedaré por aquí a cotillear sin reparo alguno ¡Júas, júas, júas! Estoy convencido que me divertiré de lo lindo…

   —Peón de albañil: Hola, buenas noches a todos/as. Soy nuevo en este sitio y desde que no curro suelo entrar a entretenerme en Internet. Llevo poco tiempo en esta página y por lo que he visto en ella, tengo que decir a favor del foro que es muy distinto a los demás, de hecho, es en el único que me he atrevido a dejar constancia de mi presencia y, dicho esto, decirles que si ustedes me lo permiten me pasaré por aquí cuando mis quehaceres me lo permitan.

   —Empresario: ¡Buf!, lo que me faltaba por ver. No me dirás que estás buscando trabajo, ¿verdad?

   —Peón de albañil: Hola “amigo”, según tengo entendido, por las veces que lo llevo escuchando desde que tengo uso de razón, “nunca se sabe dónde puede saltar la liebre”. En primer lugar, permítame decirle que no entiendo su actitud; en segundo, basándome en su manera de actuar, me hace pensar que ignora el potencial de Internet, ya que está considerada por millones de personas como la mejor herramienta que hay en el mercado y, por último, independientemente de que uno tenga o no trabajo, ¿qué hay de malo en navegar a estas horas?

   —Empresario: Yo no soy tu amigo y déjate ya de referenciar refranes ni estupideces, que, estando en el paro, a estas horas, tendrías que estar acostado y pensando en madrugar para ir a buscarlo a las obras.

   —Peón de albañil: Bueno, tendrá que entender al menos que no todos pensamos ni actuamos de igual forma.

Empresario: ¡So zángano!, me la trae floja tu verborrea, ¡Más vale que buscases trabajo, en vez de andar tocando los huevos al personal!

   —Peón de albañil: Bueno, “amigo”, visto lo visto, decirle que no solo concuerdo con usted, sino que me ha convencido de que para estar perdiendo el tiempo aquí: mejor me voy a dormir. ¡Ah!, perdón, se me olvidaba despedirme como usted se merece, dígale a su mamá que, a pesar de no conocerla de nada, en estos momentos me estoy “acordando de ella”.

   —Empresario: Además de vago, me he dado cuenta que eres un miserable y un cobarde; pero no te preocupes que “dónde las dan, las toman” y dispongo de todo el tiempo del mundo y te aviso que como tenga la dicha de cruzarme contigo en la calle: en vez de la liebre, puede que te salten los dientes de un puñetazo.

Peón de albañil: ¿Sabes qué, “amigo”? Me parece absurdo ponerme a discutir en un sitio dónde se supone que ha de servir para facilitar el acercamiento y la comunicación entre las personas. En fin, tú mismo. Te pido disculpas si te has molestado por algún comentario y, ahora sí que me marcho a dormir, adiós.

   Peón de albañil estaba terminando de leer embelesado todos y cada uno de los aportes dejados en el foro, cuando, de repente, un sonido metálico le sacó de su abstracción, seguidamente, barrió en todas direcciones la pantalla de su monitor con la mirada  hasta que observó que en la parte más alta, a mano derecha, un icono con forma de sobre parpadeaba constante mente para indicarle que había recibido un mensaje privado y, dejándose llevar por la curiosidad, posicionó la flecha sobre este, hizo clic con el botón izquierdo del ratón y accedió al privado

                                                                                                                    De: La Canadiense Encantada. Para: Peón de albañil.

                 Hola, qué tal estás? Llevo tiempo participando en este sitio y hasta ahora no había visto a nadie que se comporte con tanta coherencia!!!. En tus comentarios se puede percibir que hay todo un caballero detrás. No creas De que estoy tratando de halagarte, yo soy muy sincera!!! y no me gusta andarme por las ramas. He visto en tu perfil que, además de chatear te gusta escribir y compartirlo por la Red, pero por más que lo he estado buscando por aquí no he visto ningún foro creado por ti.

                                                                                                                      De: Peón de albañil. Para: La Canadiense Encantada.

                   Hola, si te refieres a cómo estoy de salud y de ánimos, te diré que bien ¡a Dios gracias!, en cuanto a lo de escribir, sí, así es; en cuanto a lo de escribir y compartir, lo hago a través de un blog

                                                                                                                     De: La Canadiense Encantada. Para: Peón de albañil.

                  Me encantaría poder leerte!!! Podrías facilitarme algún enlace??? A mí me encanta leer.

                                                                                                                     De: Peón de albañil. Para: La Canadiense Encantada.

                  Sí, claro, ¡faltaría más!, espero que lo disfrutes, si no tanto como yo al escribirlo, al menos si un diez por ciento. http:// www. Escritos y Reflexiones. blogspot. com. Ahora he de dejarte, tengo que cerrar para cenar. Adiós.

                                                                                                                      De: La Canadiense Encantada. Para: Peón de albañil.

                  Muchas gracias amigo, me pasaré por allí para saber de que se trata; aunque viniendo de ti, estoy segura que será cosa buena. Adiós. Muaksss.

                                                                                                     *****

Gracias por la atención.

Saludos