Primera parte, episodio 3 de Atrapados en la red


Primera parte, episodio 3 de Atrapados en la red














Bienvenidos al foro de la Amistad.

Creado por Juan:


…—Juan: Hola, buenos días amiga, en primer lugar, quiero darte las gracias públicamente por el apoyo que me brindas a través de los comentarios; en segundo, reitero mi agradecimiento por existir y estar ahí; y en tercero, si me lo permites, seguiré con mi historia:

…Un día, metidos de lleno en plena transición española, a la edad de 17 años, con grandes inquietudes, comencé a salir por los pueblos cercanos con mi hermano y sus amigos. Recuerdo que, al llegar a cualquier pueblo, por mi amabilidad y buenas palabras, conectaba rápidamente con las personas del lugar. Por aquella época, la mayoría de las chicas aún estaban condicionadas por las costumbres y creencias antiguas con respecto al comportamiento y la moralidad y no se dejaban tocar; pero en mi caso, descubrí que con buenas palabras y la promesa de volver al día siguiente: siempre sacaba algo de provecho y, como consecuencia de ello se fue corriendo la voz de un lugar a otro y me pusieron de apodo “el pillo”. En una ocasión, fuimos de fiesta a una ciudad que está cerca de nuestro pueblo, yo era el pequeño de la cuadrilla y los demás pasaban de los treinta. Recuerdo que permanecí en silencio durante todo el trayecto, mi hermano me había dicho que me mantuviese callado, ya que si no: para otro día me quedaría en casa. Así que no me quedó otra que dedicarme a escuchar lo que unos y otros decían, medió estrujado y flanqueado por dos gordinflones en el asiento trasero de un Citroen Dyane 6 del color de las amapolas. En silencio, escuchaba y observaba como los mayores decían, lo que iban a ligar, sobre todo el conductor y dueño del coche. Pues, según él, conocía a una chica y se lo pasaría muy bien. Recuerdo que al llegar al pueblo nos dirigimos a la discoteca y, después de tomarnos un par de copas, ellos se pusieron a mover el esqueleto y, como a mí eso de bailar me daba un poco de vergüenza, me coloqué un cigarrillo en la boca, pero sin encenderlo y, transcurrido un tiempo, me di cuenta que se acerca hacia mí una chica muy guapa, con el pelo castaño, muy esbelta y con una buena delantera, como a mí me gustan. La verdad es que era un poco mayor para mí, pero tampoco le di mayor importancia. Recuerdo que se acercó con el encendedor en la mano. ¡Toma!,