Francisco Izquierdo Herrero en Aficionados a leer, escribir y compartir, Comunicación y Periodismo, Estudiantes y Universitarios Albañil, auxiliar de almacén y escritor diletante 9/1/2018 · 4 min de lectura · +900

Te invito a leer _Atrapados en la red_


Te invito a leer _Atrapados en la red_



Hola:
A partir de hoy,  si te apetece leer, iré subiendo uno a uno los episodio de Atrapados en la red, una de las cinco novelas que he autopublicado y tengo a la venta en Amazon.

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  Todo empezó a raíz de que:

   Allá por el año 2012 me aventuré a escribir Al otro lado, una novela de apenas 98 páginas, de corte realista, en la que pretendía mostrar en qué y cómo se entretenía y entretiene el personal en las Redes Sociales. Por aquel entonces, coincidí en el medio con una supuesta editorial, la cual no vio ningún obstáculo en publicarla tal cual estaba escrita, es decir, sin que los oportunistas interviniesen más allá de la creación de la portada y la edición. 

   Firmamos el correspondiente contrato y me animé a escribir Conversando con mi pantalla, con la intención de secundar el primer volumen (¿Te imaginas una novela escrita por alguien que, además de ignorar la mayoría de las normas gramaticales, no tenía ni pajolera idea de cómo estructurarla con arreglo a los requisitos, que posteriormente fui averiguando de manera autodidacta?). Animado por la facilidad en publicar y los consejos que me indicó el que se publicitaba en Internet como gerente de una prestigiosa organización… cuando en realidad no era más que un malintencionado oportunista en busca de incautos, tal y como pude comprobar con el paso de los meses.

   Al cabo de un tiempo sin tener noticias del supuesto señor, vía telefónica, me puse en contacto con él para preguntarle si se había vendido algún ejemplar.

   Su respuesta me dejó desconcertado:

  —No, aún no; pero no se desanime. Lleva poco tiempo en el mercado y tiene que dedicarle más tiempo a promocionarse en Internet y convencer a sus familiares y amigos para que le compren la novela.

   —¡¿Cómo que no se ha vendido ninguna?! —exclame con desaire y voz altiva—: Tengo la certeza de que al menos se han vendido una treintena», afirmé con brío.

   —Aquí no consta ningún registro de venta —insistió.

   —¡¿Me estás llamando embustero, o crees que me he caído de un guindo?!

   —No, no, en absoluto. Solo le estoy informando de que aquí no consta ninguna descarga.

   —No, si no se han solicitado por Internet. La venta se ha tramitado a través de la entidad bancaria que me indicaron, es decir, han realizado el ingreso y han recibido el pedido.

   —¿Y podría demostrarlo de algún modo?

   —Sí, claro. Pero me llevará algún tiempo reunir los comprobantes de quienes lo han comprado, por estar dispersos por la geografía españolas.

   Un mes después, se puso en contacto conmigo con la intención de hacerme ver que estaba molesto porque todo había sido fruto de un lamentable error.

   —Lo siento. Has generado desconfianza en mí, y como los contratos son cosa de dos y por mi parte estoy en desacuerdo, he tomado la decisión de rescindirlos.

   —!Hombre, no sea así! Somos humanos y…

   —Venga, déjate de absurdas historias que no me interesa tener trato con sinvergüenzas. Y como me entere que después de rescindir los contratos se vende alguna novela más, nos veremos las caras en los Tribunales.

                                                                                                    *****

 

    En el año 2015 decidí aprovechar parte de lo que en su día fueron Al otro lado y Conversando con mi pantalla y surgió Atrapados en la red.

   Al cabo de un par de años, descubrí, por casualidad, que la supuesta editorial había desaparecido y que no es posible hacerse con ninguna de las novelas publicadas por otros autores, que como yo, se sentirían estafados y que, posiblemente, alguno de ellos denunciase al listo de turno.

                                                                                                      *****


                                                                   Prefacio



   El Tercer Milenio pasará a los anales de la Historia como: «La Era de la Comunicación». A día de hoy, es insignificante el número de personas que desconocen que el estar conectados a Internet y navegar por los millones de páginas que conforman la Red es una forma de estar interrelacionados con el resto del mundo: sin duda alguna, es la gran revolución del siglo que apenas acaba de pasar. Quién hubiera imaginado hace sesenta años que en unos segundos podría recibir noticias de un amigo que vive al otro lado del charco, cuando por aquel entonces, por correo convencional, lo normal es que mediase cuanto menos un mes.

   Una de las infinitas posibilidades que nos ofrece la Red, es la comunicación ociosa y personal con el resto del mundo a través de foros y chats de una manera cómoda, sin necesidad de abandonar el lugar en que nos encontremos.

   La demanda de Internet es tal que, cada día son más los dispositivos que permiten el acceso al servicio. «Quién sabe si en un futuro cercano a los neonatos se les pueda implantar un microchip que les permita, cuando tengan uso de razón, acceder a su libre albedrío tal como lo hacemos a la hora de tomar el sol, o de inhalar el aire que demandan nuestros pulmones. Es tal la magnitud que puede alcanzar la capacidad de imaginar en cada ser, que, incluso en un futuro próximo nos pueda generar un serio problema al ser incapaces de distinguir realidad de ficción.

   Bonifacio Martín, al igual que millones de personas trata de entretenerme y adquirir conocimientos a través de Internet en su tiempo libre. Su propia experiencia le ha demostrado que, si navegas y no te dejas llevar por lo primero que aparece en la pantalla, existen infinidad de páginas donde se pueden seguir cursos de cualquier índole; participar en foros, chats, o incluso descargar todo tipo de archivos de manera gratuita, aunque, si bien es cierto, estas también suelen ofrecer al público diferentes opciones, es decir, te ofrecen una serie de privilegios a cambio de un pequeño aporte económico; pero Bonifacio, prefiere disfrutar de las versiones Free porque considera absurdo pagar por algo a lo que puede acceder de manera gratuita, para él ese es el mayor privilegio que le pueden ofertar y afirma estar convencido de que un mundo mejor sería posible si la humanidad se concienciase que es una necesidad perentoria y que no admite más demora. «¡Ojalá, que a pie de calle contásemos con las mismas oportunidades! —sin duda alguna— otro gallo nos cantara».

   Bonifacio Martín, Boni para sus amigos, es un hombre alto, robusto, de pelo cano, cuidado bigote y de tez blanca, curtida por el sol. En invierno acostumbra a vestir pantalones de pana, camisas de franela a cuadros y, cuando el frío arrecia, suele utilizar un acolchado plumífero azul oscuro. Bonifacio es amante de la verdad, y frente a los demás, normalmente, se muestra de manera afable, sensato; le apasiona la tecnología; se interesa por el medio ambiente y por todo cuanto le rodea; le gusta salir al campo a contemplar la Naturaleza en vivo, recoger setas y practicar la pesca sin muerte.

   Él mismo, se define como una persona observadora que siente necesidad de escudriñar todo cuanto ocurre a su alrededor; y quienes le conocen, dicen de él, que: «Es una persona cabal, extrovertida, buen amigo y compañero cuándo las cosas están como ‹Dios manda›; pero, que, si no es así: es aconsejable mantenerse apartados de él para evitar males mayores».

                                                                                                       *****

 

Gracias por la atención.

Saludos