Francisco Prieto Roselló en sensamientos, Profesores y educadores, Recursos Humanos Atención al cliente • Librería TROA Hace 5 d · 1 min de lectura · 3,2K

Retírate y que sea lo que Dios quiera

Las cosas son como se ven en soledad, en silencio, en la simple y llana contemplación de nuestro ser, existir y amar. 
Queremos amar y ser amados, para ello luchamos. Por hacer más cosas; tenemos miedo a la falsa inactividad; tendemos a llenar de productos y consumibles nuestra cotidianeidad para adolecer de esa sensibilidad que nace del profundo interior del corazón. 
Anhelamos los frutos de la plenitud del ser, que sólo la serenidad, la paz y el sosiego, dan; y sin embargo buscamos lo poco, siempre fugaz y débil, que nos permita sobrevivir. 
Necesitamos, necesito, y quizá tu también, unos días de retiro. 
Y en ellos estoy. 
Apartarse del mundo no es algo propio de monjes o cartujos, todos necesitamos en mayor o menor medida, la soledad que no es tal. Porque nos acompaña en lo profundo de nuestro existir Quién nos lo ha dado, y quién nos sostiene en él. 
La soledad que nos permita soñar con los pies desnudos y palpar nuestra frágil condición. 
La soledad que nos permita reencontrar la conversación y el diálogo en la ininterrumpida prosa de nuestro deleite. 
No es que odiemos la compañía o nos de pánico el bullicio, es que necesitamos recargar nuestras fuerzas que de tanto activismo del bueno hemos terminado por agotar. 
Recargarmos nuestra voluntad e inteligencia llenando de ilusiones y procurando deseos meritorios. 
¿Cómo valorar lo que somos?, ¿por lo que construimos? Con nuestra mirada, a veces, no podremos. Hemos de mirar, con otra mirada, con la mirada de quién no juzga, no critica, no recrimina. La mirada que te comprende hasta en lo profundo de tus posos. 
La mirada del ser que subsiste para nuestra existencia. 
Retírate y que sea lo que Dios quiera