Tocando las campanas.

Tocando las campanas.


(Esta historia no es mía…la escuché hace años)

…Esto era un pueblo extremeño cerca de la frontera con Portugal.

..Cuentan que un día en la puerta de la iglesia depositaron un canasto con un bebé dentro. El párroco, que era un hombre de gran corazón, cuando vio al niño se apiadó y le dijo a sus hermanas que lo iban a criar. Le pusieron Antonio. Después de todo era el patrón del pueblo.

El niño fue creciendo en el entorno parroquial. Al cabo de algunos años, vieron que el niño no es que fuera “un lumbreras”. Iba a la escuela parroquial pero como que al pobre le faltaba un hervido que se dice por ahí. Más bien un par de hervidos. Fueron pasando los años y Antonio….Antoñito para los del pueblo, era un mozo fuerte….muy simple…pero muy buena persona.

El pobre no destacaba en nada…bueno si….tocando las campanas. Tocando las campanas tenía mucho arte. Tanto las de misa de doce como las de las ocho la tarde daba el tío unos “solos “que no veas. El orgullo del pueblo.

Los años fueron pasando y Antoñito se convirtió en el chico de los recados de la parroquia….y por extensión de casi todo el mundo. Era de fiar y honrado. Y era también el campanero oficial del pueblo.

Un día el párroco falleció. Desde la diócesis mandaron a un cura nuevo. La familia del antiguo párroco tuvo que dejar la casa parroquial. Incluido Antoñito. Las hermanas se fueron a Barcelona a vivir con una tía solterona. Y Antoñito fue adoptado por Dña. Concha…una vecina viuda que tenía una casa muy grande.

Pero Antoñito no faltaba a su cita con las campanas.

Un día desde la diócesis territorial llegó una carta. Querían modernizar la parroquia. Lo primero que dijeron era que para poder ser contratado había que pasar una prueba de aptitud. Había que tener por lo menos el Bachillerato.

Antoñito apenas sabía leer y escribir. Eso sí…las cuentas se le daban bien. Y las campanas.

Pero las nuevas instrucciones eran claras…para permanecer en el entorno parroquial había que tener el Bachillerato.

Antoñito se recluyo en casa de Dña. Concha. Un día un vecino le pidió a la señora una carreta con dos mulas que tenía ella en la cuadra. Y le dijo a Antoñito que le acompañara. Iban a Portugal a comprar unas cosas.

Días más tarde volvió a pedirle a la Sra. la carreta. Y esta vez Antoñito hizo el recado él solo.

Antoñito era honesto y efectivo. Cumplió el encargo y el vecino le dio una propinilla. Los vecinos empezaron a encargarle cosas y Antoñito ya iba casi todos los días a Portugal a traer encargos de los vecinos. Todos le daban siempre una propina. Los guardias fronterizos lo conocían y le dejaban pasar sin problemas. No era contrabando…bueno…poca cosa…café. Bacalao…toallas…

Pero por lo menos no hacia la cola.

Fue pasando el tiempo y Antoñito, a base de propinas se había hecho un pingue capital. Rondaba las 50.000 pesetas de la época.

Dña Concha le dijo un día. …

…Sería mejor que el dinero no lo guardaras en la caja zapatos. A ver si un día va a venir alguien a robarnos. Llévalo al banco… Don Julián...el nuevo gerente seguro que te aconseja que hacer con el dinero.

Total que Antoñito se fue para el banco. Don Julián lo recibió en su despacho. Caja de zapatos incluida.
Cuando D Julián termino de contar el dinero puso cara de sorpresa. Más de 50.000 pesetas.

Bueno D Antonio (cuando tienes dinero eres Don…) de dónde has sacado tanto dinero.

…haciendo recados… le respondió Antoñito tímidamente.

Bueno ..y tú que estudios tienes…

Yo nada…leer y escribir más o menos…

Caramba…si apenas sabes leer y escribir…y has conseguido tanto dinero….que hubiera pasado si tuvieras estudios superiores…que estarías haciendo ahora…

¡¡¡¡ TOCANDO LAS CAMPANAS ¡¡¡¡ ….respondió Antoñito… ¡¡¡¡ TOCANDO LAS CAMPANAS ¡¡¡¡...