Javier Guerrero en elEconomista, Economistas y Financieros, Consultoría y Asesoría Técnico atención al usuario 27/11/2016 · 3 min de lectura · +600

Cláusulas Suelo, tascas y parejitas felices.

Hace unos días estaba tomando una tapa en un bar. Nada de elegancias, una tasquita a pie de calle donde si tienes prisa lo mejor que puedes hacer es comer en la barra y en la que aún no miran mal que se tire papeles al suelo; Lugar de culto de parroquianos culinarios.


El quit de la cuestión fue que como todo bar que se precie a las tres de la tarde,  la televisión estaba puesta en la esquina superior izquierda, y dentro de ella nuestra amiga Lourdes Maldonado murmuraba las últimas resoluciones de la tan famosa "Cláusula suelo".


En ese mismo momento una pareja que compartía mi suerte en la barra a unos excasos dos pasos de mí mantuvieron un breve diálogo, que comenzaba con una casi compugnida joven preguntándole a su amigo/novio/marido/amante/desconocido al que le cogió cariño rapidamente:


- Pobrecitos... nene, ¿qué es eso de la cláusula suelo?


A lo que el gallardo mozo le respondía con el pecho inflado:


- Pues sencillo, nena, lo dice el mismo nombre. Por lo visto cuando compraron sus casas le metieron una cláusula en el contrato por el que sin saberlo le daba un valor extra al terreno en el que la tenían construidas y le hacían pagarlo... ¡y eso es ilegal!


Al margen de que lo que planteaba seguramente fuera ilegal, eso me dio que pensar en dos cosas; en la cantidad de gente que habla sin tener ni idea, y en que quizá había más gente que, aunque cauta, no sabía en qué se basaba este conflicto social y de actualidad así que...




¿Qué es realmente la Cláusula suelo?


Para situarnos en este caso necesitamos:

1. Un móvil : el deseo de independencia y libertad.

2. Una víctima: Cualquier persona, pongamos una feliz parejita como mis amigos del bar.

3. Un aprovechado: La entidad bancaria de turno.


Dicho esto comencemos imaginando que una feliz pareja llevan muchos años en una bonita relación, que ambos tienen un magnífico trabajo que le reportan unos buenos ingresos y que, por fin y pese a la suegra, han tomado la firme decisión de irse a vivir juntos.


Pero desgraciadamente, no tienen todo el dinero que necesitan para comprarse ese pisito tan mono en aquella zona residencial, así pues acuden rápido a su banco, el de toda la vida, donde trabaja El señor X que es de confianza porque es muy majo y le lleva a rajatabla la cartilla a mamá.


(Aquí viene la parte técnica.)


El Señor X les ofrece una hipoteca.

Les presta una parte del dinero que necesitan para comprar la casa de golpe (depende de la entidad, pero generalmente el 80% del total) a cambio de que se lo