Jenny Patricia Sepúlveda Giraldo in Arte y cultura Directora - Creadora • SIETE ARTES Sep 26, 2019 · 2 min read · ~10

‘Fragmentos’: las cicatrices que nos dejó la guerra

“En la guerra se habla de ataque y contra ataque, en la paz de monumento y contra monumento”: Doris Salcedo.

‘Fragmentos’ es un espacio que evoca vacío y ausencia, nada distinto a lo que ha dejado una guerra de más de 50 años. Este contra monumento concebido por la artista Doris Salcedo es un espacio de diálogo y reconstrucción, perdón y transformación, arte y memoria, de un conflicto del que hoy siguen latentes sus cicatrices.

“El arte no puede compensar con belleza el horror causado por la guerra y, por esta razón, Fragmentos no intenta otorgarle una forma estética a la pérdida, el daño o la muerte violenta”: Doris Salcedo, dice en un documento oficial del Museo Nacional.

Fueron 20 mujeres las que participaron en la construcción de este espacio, dando forma y textura a los cincuenta moldes, una base para elaborar 1.300 láminas que hoy construyen este contra monumento.

‘Fragmentos’: las cicatrices que nos dejó la guerra

“Las 20 mujeres hacen parte de la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, han sido víctimas de violencia sexual de actores armados. Durante la organización para construir el contra monumento, las mujeres y la artista se contactaron con el fin de realizar un trabajo colaborativo; su participación se planteó con base a sus historias de vida y su representación regional”, Cuenta Catalina Delgado, mediadora del Museo Nacional en ‘Fragmentos’. Agregando que estas mujeres se han dedicado al activismo por las víctimas de violencia sexual, logrando que muchas se animen a denunciar estos crímenes.

El grupo de las Farc entregó más de 8.900 armas lo que se traduce en 70 toneladas. Doris Salcedo utilizó 37 toneladas para el contra monumento, un proceso que contó con rigurosidad y acompañamiento de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y la Unidad Policial para la Unificación de la Paz (Unipep) para que no se desperdiciaran gramos y cuidar que no se desaparecieran las armas.

‘Fragmentos’ está ubicado a dos cuadras del Palacio de Nariño, justo en el centro de las instituciones que toman las decisiones frente a la guerra y la paz, esta era una de las condiciones de la artista.

“Cuando el Distrito cedió este lote tenía algunas ruinas, sin embargo, el arquitecto en conjunto con la artista realizaron las adecuaciones necesarias al espacio para que estas ruinas no se vinieran abajo. En mi interpretación personal se interrelacionan con el espacio dando la impresión de haber sido una casa que pasó por una guerra, un espacio desolado y vacío que da cuenta sobre los actos de desplazamiento en el país”, agrega Catalina.


El proceso de construcción tardó aproximadamente un año desde la conceptualización, los diálogos con las Farc, militares, Gobierno y víctimas. El acuerdo era que debía terminarse antes de que se finalizara el periodo presidencial para dejarlo como parte de los acuerdos de paz.

“Según los acuerdos firmados por el Gobierno y las Farc, se debían construir tres monumentos con las armas: el primero está ubicado en Bogotá a cargo de la artista Doris Salcedo, el segundo estará en la sede de la ONU, en Nueva York, a cargo del artista Mario Opazo, coordinador de la escuela de artes de la Universidad Nacional, ese monumento ya se terminó pero no se ha inaugurado y es diferente a lo que propone Doris, se trata de una balsa que emerge de la tierra y el tercero será  construido en Cuba, pero aún no hay mucha información ni sobre el artista ni sobre el proceso”, explica Catalina.


¿Cómo fue la entrega de las armas y los diálogos con el grupo de las Farc?

“Hubo un proceso de negociación entre las Farc y la artista, muy similar a los acuerdos de paz. Doris conversó con ellos sobre el contra monumento en representación de las víctimas, pero los grupos de excombatientes tenían una idea un poco más de celebración al guerrero, y más allá de tratarse de un tema de prepotencia es porque para estos grupos fue muy significativo entregar unas armas que se habían convertido casi que en un objeto vivo, pues era lo único que los separaba de la vida y la muerte todo el tiempo”, cuenta Catalina.

Explicando que el malestar del grupo armado radicaba en saber que sus armas serían fundidas para convertirse en un piso, puesto que sentían que el guerrillero estaba siendo pisoteando pero a raíz del dialogo llegaron a la conclusión de que no era pisotear un ideal de lucha sino una demostración de lo que se podía construir dejando las armas.

“Este espacio tiene la tarea de acoger memorias antagónicas, donde sucederán diálogos difíciles y provocadores, que al igual que los de La Habana, nos permitan vislumbrar las posturas y mundos que nos son ajenos”: Doris Salcedo.