¿Que pase lo que tenga que pasar?


Jorge esperó durante 3 años para que su jefe se jubilara. Al llegar ese momento, los directivos asignaron a otra persona para ocupar ese cargo sin considerarlo como una posibilidad.

Para el jefe, Jorge era un colaborador espléndido, disciplinado y técnicamente eficiente, pero siempre consideró que donde Jorge se sentía cómodo era el área técnica, no gerencial.

La decisión de colocar a alguien más, significó un declive en estado de ánimo de Jorge, quien culpó a su exjefe y directivos por ser injustos al no considerarle, a los meses comenzó a buscar otras alternativas de trabajo y finalmente salió de la empresa.

En este ejemplo (que he visto suceder varias veces y en diferentes dimensiones), podemos simpatizar con Jorge y argumentar que la razón por la que no obtuvo la promoción fue que los directivos fueron injustos al no fijarse en él, que no lo valoraron lo suficiente y que por lo mismo no era adecuado para la posición.

La razón principal por la que Jorge no obtuvo la promoción que esperaba fue sencilla, su jefe (ahora retirado) nunca supo que él aspiraba a ese cargo.

Muchas veces nos preocupamos por que las cosas no salen de la manera en que deseábamos, y pensamos que nuestro destino está en manos de otras personas (jefes, pareja, familia, gobierno, etc) y sin pensarlo asumimos un rol de víctimas cuando el resultado es opuesto o diferente a lo esperado.

¿Qué hubiera pasado si Jorge hubiese hablado con su jefe un par de años antes de su retiro y le expresara el deseo de sustituirle cuando tomase la decisión de jubilarse?, ¿Qué hubiera pasado si cambiase la forma de acercarse a su jefe pidiéndole desarrollar un plan en conjunto para mejorar sus cualidades y facilitar el proceso de decisión cuando los directivos llegaran a ese punto?

Y es que aunque eso no le asegure que consiguiese la posición, tanto su jefe como los directivos tendrían claro su deseo y su iniciativa para conseguir el puesto. Quizá no le asegure el triunfo, pero sin duda lo colocaría en una mejor posición de arranque cuando la dirección tome la decisión.

A nuestro alrededor suceden cosas que de alguna manera deseábamos, otras que no y otras que ni en lo más remoto de nuestros pensamientos llegamos a imaginar que sucederían.

En los últimos años me he convencido de que la clave para que las cosas sucedan es simplemente atreverse. Atreverse a hablar claro con el jefe, a hacer una llamada, a pedir un aumento, a pedir un trabajo en otro país, hacer un viaje, conseguir el primer cliente, etc… la lista puede ser interminable.

¿Que pase lo que tenga que pasar?

La clave es dejar de esperar que las cosas sucedan, hacer conciencia de lo que está en nuestras manos, lo que queremos, y tomar las riendas de nuestras decisiones, sean buenas o malas, las consecuencias y beneficios nos harán crecer mucho más y prepararnos para seguir buscando nuevos retos y horizontes.


@jfvaliente