Jorge Hernández Alonso en Directivos y Ejecutivos, Pastry Chef, Recetas Escritor y articulista • Vivir el Vino 23/11/2016 · 2 min de lectura · +200

Tortilla guisada, el reciclado en la cocina

Tortilla guisada, el reciclado en la cocinaLa tortilla guisada es de aquellos platos de otros tiempos. Tiempos y recuerdos de blanco y negro en esas televisiones que parecían más armarios roperos que cuadros vanguardistas ultraligeros, con carta de ajuste y horarios de emisión escuetos que te permitían saltar a las tertulias de la radio como adecuada alternativa.

Tortilla guisada, el reciclado en la cocinaDe cuando no estaban prohibidos los infernales verdugos que los niños padecían si las madres tenían frío mientras los chiquillos estábamos a un grado de la combustión espontánea, ya el nombre de la prenda lo dice todo. Por favor madres del mundo debéis una disculpa, es el momento.

De cuando las rodilleras y las coderas no eran un elemento estético sino un recurso habitual de la economía de subsistencia que permitía ocultar las zonas erosionadas de las maltrechas articulaciones.

De cuando los niños merendábamos un bocadillo de chocolate, un mendrugo o chusco de pan con un agujero donde debería existir miga y unas onzas embutidas de azúcar, leche, un toque de cacao que más tarde algún iluminado de la publicidad decidió llamar "bollycao", quizás bollocao no sonaba lo suficientemente internacional como los pastelitos que le sucedieron: Pink Panther, Bony, Bucanero, Tigretón,...

De cuando los bollos no eran industriales y tenían tamaños XXXXL. Esos triángulos que no cabían ni en las mochilas molonas, esas palmeras más grandes que las orejas de Dumbo, esos cuernos que nada tenían que ver con ornamentas o astas de animales pero que se hacían eternos en aquellos patios de colegio durante el griterío de los recreos.

De cuando el tendero del ultramarinos se llamaba Eusebio, Teodoro,... aquellas tiendas de productos infinitos, de olores inconfundibles, en donde se combinaba a la vez fiambres, saludos, botes de conservas, listas de fiar e historias de cariño y vidas compartidas... ahora estos locales se llaman "chinos", me temo que cumplen funciones muy distintas y por más que me sonría Juang Lee y me pida que le llame Juan Lui, no me despierta las mismas vivencias que lo hacían las mañanas de recados.

Tortilla guisada, el reciclado en la cocinaDe cuando tu madre te enviaba a la compra con los cascos del sifón para que te devolvieran aquellas entrañables pesetas. Hago un inciso pues en mi cabeza se agolpan algunas preguntas: ¿Qué pasó con esas bebidas que los niños utilizábamos como extintores para mojar la ropa colgada de los vecinos (lo siento Marisa)? ¿Cuándo nuestros mayores dejaron de tomar “agua de seltz”? ¿Quién le dio ese nombre que parece alemán o de tierras de norte poco conocidas? ¿Qué función cumplía esa redecilla verde o azul?, ¿Para qué fue inventada? ¿Tiene alguna relación con la gaseosa? ¿Qué diferencia hay entre soda y seltz? Y como decían Statler y Waldorf (los abuelos de Barrio Sésamo):

“¿A quién demonios le importa?

¿Por qué tanta obsesión con el sifón y qué relación tiene con la Tortilla guisada?

En mi casa todos los domingos se tomaba vermú con agua carbonatada y era frecuente tomar la tortilla guisada de aperitivo con este brebaje. Para mí es una asociación clara en la tradición gastronómica familiar, sin embargo hoy en día el “vermout” lo tomo sólo y la tortilla guisada cuando sigo los mismos pasos que la “mía mamma”, que en breve os narro.

La tortilla guisada es un claro ejemplo de las 4R: Reutilizar, reciclar…

Reutilizar la comida del día anterior, reducir el espacio de la nevera para dejar más lugar al medio limón pocho, recuperar las materias primas y los sabores de la dieta pasada, y reciclar. Ese era el hogar de mis padres y en casa de mis promenitores a diferencia de Esparta:

“no se tira nada

La tortilla guisada exponente de la cocina de excesos

Mi madre como buena asturiana preparaba viandas para un regimiento, platos de almuerzo para cuatro que podrían alimentar a dos o tres familias de ansia y apariencia famélica durante semanas. El resultado eran tortillas de patatas que tras la primera confrontación apenas sufrían merma y tenían que esperar la segunda vuelta que normalmente pasaban por un segundo tiempo de guiso para que el paso por la garganta no fuera excesivamente complicado. El paso por el frigorífico provocaba un efecto de resecado similar al de la desertización, así que con la ayuda de un buen vino o no tan bueno, azafrán o en su defecto pintura amarilla de esa que llevan las paellas de menú y el toque de esos ingredientes “typical spanish” que llevan el 90% de nuestra gastronomía (ajo, cebolla, harina y AOVE) todo volvía a revivir en la mesa con un suculento aperitivo de domingo.


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Jorge Hernández Alonso 24/11/2016 · #7

#6 gracias por tus palabras Sonia. Me alegra saber que has disfrutado de la lectura. Ten un gran día.

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Sonia Quiles Espinosa 24/11/2016 · #6

Buenas noches @Jorge Hernández Alonso, me ha encantado el Post, muchos recuerdos ... se han despertado. Mi más sincera enhorabuena. Un abrazo

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Pedro Gómez 23/11/2016 · #5

#4 igualmente Jorge, un placer leerte.!!!

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Jorge Hernández Alonso 23/11/2016 · #4

#1 Muchas gracias Pedro por tu comentario, es siempre un placer compartir vivencias pasadas con aquellos que compartieron experiencias similares. Ten una estupenda tarde y mejor noche.

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Jorge Hernández Alonso 23/11/2016 · #3

#2 Gracias José Ramón, ten una estupenda tarde.

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José Ramón López 23/11/2016 · #2

Genial la receta y el post! @Jorge Hernández Alonso

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Pedro Gómez 23/11/2016 · #1

Excelente post Jorge, lleno de aromas y sabores de siempre y de gratos recuerdos del pasado....un saludo.

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