José Briceño Diwan in Comunicación y Periodismo, Profesores y educadores, Redes Sociales Director de imagen y relaciones institucionales • Corporación Ezequiel Zamora 7/11/2019 · 3 min read · 1.7K

Buenas y malas palabras para el Internet

 

Las redes sociales son un fenómeno que tomó desprevenidos a todos, es algo así como la radio o la televisión en su época de gloria, no eres nadie si cuando menos no tienes mil seguidores, tanto así que ahora las noticias se dan vía tuiter y se considera más que válida la fuente si de reportar se trata. Las noticias no son propiedad de ningún monopolio, cualquiera que se encuentre con una situación noticiosa puede reportarla inmediatamente, hacer videos y volverse viral en apenas segundos sin necesitar más apoyo que las repeticiones instantáneas que les dan otros usuarios, se multiplican hasta lograr cotas complicadas de vaticinar.

Como todo , ya muchos le han conseguido la trampa, desde bots que participan directamente anunciando falsos positivos, insultando y hasta espiando personas para detenerlas en nombre de la tal seguridad de estado por lo que poco a poco han ido perdiendo veracidad por aquello de la libre participación y el sano interés de muchos en confundir pues como populares que son también se han vuelto una máquina para influir opiniones , tendencias y en algunos casos hasta paralizar estados cuando se trata de subversión. Este fenómeno ha enlentecido las mentes de las mayorías, no es raro encontrarse con miles de anuncios con la misma veracidad científica de un vidente de circo, con el agravante de que muchos les creen logrando levantar negocios multimillonarios a fuerza de inventar futuros brillantes, analizar concienzudamente hechos noticiosos para profetizar algo que cualquiera con un mínimo de sentido común pueda hacer es otra de las nuevas “ventajas” de la ralentización mental producida por el continuo espectáculo de las redes sociales . Otro asunto negativo es que el ego de muchos está tocando espacios estelares que no le corresponden, hay insultos, vociferan palabrotas, ofenden a terceros todo bajo la consigna de que tienen razón solo porque así lo deciden.

Por otra parte se ha masificado eso de lo políticamente correcto y en virtud de mantener o apuntalar seguidores evitan nombrar a las cosas desde una perspectiva lógica , así se potencian los grupos radicales, amparados bajo la consigna de que su opinión es válida sin importar mucho a cuantas personas se lleven por delante, en nombre de una tal tolerancia se avalan cosas criminales como por ejemplo el feminismo radical, intente usted querido lector masculino decirle a una feminazi que no quiere violarla con su mirada o que por el hecho de ser mujer no se merece el cielo automáticamente , mejor, dígale que si no quiere abortar mejor es cuidadosa con el sexo que bastantes modos hay para evitar tener hijos, seguramente terminará por bloquear a ese personaje y quizás hasta denunciarla pues se ganará su odio radical porque no le respeta su opinión, sin importar mucho que ella tampoco respete la suya, así hay un largo etcétera de ideologías que se amparan bajo el amplio paraguas de la corrección política utilizada para abusar con su posición desde un teclado.

Si hablamos de política la cosa se pone más álgida, en esos espacios han logrado avances significativos, desde los ya mentados bots , agentes pagados para responder y repetir lo que se les ordena decir en defensa de su ideología , líder máximo, comandante o como quiera que llamen al gurú que los guía (y les paga) hasta una cosa llamada granjas de redes sociales donde un usuario tiene muchos teléfonos y previo pago ejecuta al mismo tiempo el envío (posteo, tuiteo, publicación) en todos los móviles para engañar la inteligencia artificial de esas plataformas y de esa manera el cliente gane popularidad instantánea llegando a más usuarios, también se aplica el pago a los mismos servidores para que les distribuyan publicidad engañosa con la cual captar seguidores de esos que se creen cualquier cosa publicada en las redes, además claro están los seguidores automáticos para engrosar artificialmente cuentas de tuiter por una modesta suma puedes comprar hasta millones de seguidores con los cuales deslumbrar y avalar cualquier cuenta como popular, aunque un ojo atento puede ver que ese candidato a concejal en el llano venezolano no debería tener tantos seguidores del Senegal donde ni siquiera saben en qué parte del globo está San Fernando de Apure , ni les importa.

El contraste más espeluznante es que esos millardos de usuarios de las redes sociales, habituales y muy duchos manejando el navegador de su móvil, que en Venezuela resulta ser un gasto oneroso pues los servicios de internet son bastante costosos, sobre todo los móviles , es que al parecer a muy pocos se le ocurre consultar otras fuentes, investigar en profundidad y se han vuelto seres tan crédulos e ignorantes por escogencia como cualquier campesino del siglo XIX, en las redes puedes asegurar cualquier cosa y esa gente, en base a un sistema de creencias que está definido más por su interés personal que por otra cosa, dan por cierto sin ni tan siquiera tener el beneficio de la duda, como ejemplo clásico está el asunto ese de los que aseguran que la tierra es plana ,sólo por nombrar uno que si revisamos las noticias del mundo podemos ver cuantos estúpidos hay en el planeta, sobre todo si lo circunscribimos a la política y la religión.

A pesar de todo lo malo también debemos acotar que el fenómeno de las redes sociales ha logrado hacer que la globalización sea un asunto menos abstracto, es normal que desde tu sillón y sin esfuerzo alguno puedas comunicarte con quien quieras sin importar distancias, ahora llamar en video conferencia con un socio en Singapur es más cuestión de cuadrar horarios que de afrontar las gigantescas cuentas telefónica de larga distancia que antes habían, las cartas ya no dependen del correo físico pues gracias al email llegan de manera instantánea y hasta con recibo para tener constancia de su entrega, los empleos en muchos casos ya no necesitan de oficinas, los negocios no tienen locales físicos pues hay países donde la distribución y venta queda en manos de terceros y el comerciante solo debe afinar su estrategia de publicidad vía redes sociales para encontrar clientes , hasta la búsqueda del conocimiento es otra cosa gracias a los navegadores , lástima que al parecer a nadie le interesa mucho investigar pues el mundo sería otra cosa y la credulidad no estaría tan evidente como para causar tanto daño como hasta ahora lo hace.

Como todo, el tiempo dirá hasta donde llegará ese fenómeno , quizás terminaremos viviendo en una sociedad estupidizada al máximo tal y como vaticinan algunas novelas que hablan sobre regímenes totalitarios donde el gran hermano somete la voluntad colectiva mientras los ciudadanos son felices borregos a disposición de militares y políticos, aunque mi esperanza es que se radicalice más la inconformidad global y termine por explotar una suerte de conflicto del cual salga una sociedad más inteligente con humanos trabajando en pos de la eliminación total de los absolutos, donde nos entendamos desde nuestra particularidades sin lastimar a nadie, el conocimiento sea una constante en la búsqueda de los humanos y el eterno show pase a segundo plano.

José Briceño, 2019


Buenas y malas palabras para el Internet