José Briceño Diwan in Comunicación y Periodismo, Fotógrafos Profesionales, Fotos Director de imagen y relaciones institucionales • Corporación Ezequiel Zamora Jan 30, 2019 · 2 min read · +700

Fotografía e intención


  Hay varias acepciones de lo creativo, la mayor parte coincide en hablar del proceso artístico como un asunto espontaneo cuya existencia depende por entero de la inspiración momentánea, del toque de la musa o la suerte de estar en el instante preciso para hacer el disparo que te llevará a la gloria de los galardonados. En mi criterio todo eso es completamente falso, el arte es el asunto menos ingenuo que existe, hasta los fotógrafos que pensamos ingenuos debido a su falta de educación formal dentro del área, dejan de serlo porque su trabajo está realizado en función de lo económico, asunto que mata lo espontaneo además de lo ingenuo pues la estrategia es vender y para ello has de complacer a tus clientes.


Desde que comencé a transitar los caminos de la imagen me preguntaba cuál era la razón para que en los años cincuenta toda la prensa del momento estaba plena de trabajos tan hermosos como impactantes , sobre todo esos que provenían de la segunda guerra mundial, donde muchos de los grandes maestros de la imagen dejaron para la posteridad su trabajo, cumpliendo la muy complicada dupla de informar manteniendo un discurso visual impecable, que aun hoy a casi cien años todavía sorprenden , la solución al cuestionamiento vino una tarde mientras discutía con uno de mis alumnos sobre cómo mejorar su trabajo y por cual razón la mayoría de las imágenes de la clase no servían para mucho. Para los maestros de los años cuarenta en adelante, la noticia era solo la excusa para que ellos mostrasen su pensamiento al mundo, cada imagen publicada era el compendio de la opinión muy personal de su autor, en muchos casos se trataba de denuncias, pero todos son el reflejo de las diferentes sensaciones que les producían los horrores de una guerra de larga data.

En ese instante se hizo la luz y entendí muchas cosas, por ejemplo mi poca disposición para hacer trabajo social, no me gustan las aglomeraciones de gente ni me agrada tener que vérmelas con cientos de desconocidos, mucho menos aguantarme unas cuantas horas de un espacio que si bien muchos disfrutan yo estoy trabajando y sufriendo la incomodidad de estar ahí solo por llegar a fin de mes y vaya que hacer eventos es una buena ayuda para fin de mes, sin embargo, si no te agrada la situación difícilmente lograrás hacerte notar de entre el montón de gente que está esperando su oportunidad, tengo la impresión de que para ser un buen fotógrafo de bodas debes tener un cumulo grande de ganas de casarte y tener un anhelo que te haga identificarte con los novios, así cuando hagas la entrega final, los clientes que a fin de cuentas no saben mucho del asunto visual de manera consiente pero si lo que quieren pues sienten el aura de energía que pretenden tener como el recuerdo de toda la vida, cosa que no sucede cuando el fotógrafo está desconectado de esa energía por la razón que fuere, igual pasa en todos los espectros del ámbito fotográfico.

No importa cuán mecánico sea el proceso, la opinión del fotógrafo siempre se cuela entre los pixeles (o haluros), puede que las imágenes sean lo más perfectas posibles pero su contenido nunca será lo suficientemente completo para agradar del todo a nuestro cliente, he ahí el quid de todo el asunto, nuestro espíritu debe estar alineado con la intención de nuestro trabajo, de otra nunca jamás vamos a pasar de ser uno más del promedio y por tanto estaremos siempre relegados a alguna gaveta de la historia.

Si lo llevamos a la praxis, una vez que identificamos cual es el nicho de la fotografía que mejor nos sienta pues es algo en lo que nos sentimos no solo cómodos si no también interesados, debemos comenzar a observar con paciencia todo lo que fotografiamos, ver las potencialidades no siempre es tarea fácil, a veces toca no mirar el trabajo hasta meses después para poder apreciar en toda su amplitud lo que nos hacen sentir esas fotografías para al final lograr un portafolio coherente.

Todo eso va unido por supuesto a un profundo trabajo de investigación, comenzando por entender que en el arte lo ingenuo no existe, mucha lectura y algo de meditación para saber hasta dónde llegar con nuestras fotografías, por supuesto también hay que estar claro en que los niveles de exigencia personales deben ser lo bastante altos como para sentir que mucho del trabajo que tenemos no sirve, aunque para el lego sean fotos “bonitas” con eso no basta, en primer lugar la fotografía debe sorprender a su creador, lo otro es un valor agregado. Recordemos que la diferencia entre un artista y quien no lo es, está en que el artista solo se complace a sí mismo, el otro se debe solo a su cliente, cosa que no está mal pero que tampoco aporta mucho.

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Prof. José Ramón Briceño, 2019

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Fotografía e intención