José Briceño Diwan in Comunicación y Periodismo, Profesores y educadores, Redes Sociales Director de Prensa • Cámara Venezolana de Empresas Aeronautica Nov 11, 2019 · 4 min read · 2.4K

La fotografía en la era del espectáculo

 La fotografía tiene una cualidad que no tiene casi ningún otro arte, puede ser ejecutada por programas automáticos y funcionar para determinada ocupación que va desde adornar el álbum familiar hasta ser una declaración compleja sobre la naturaleza humana, quizás pueda suceder en otros ámbitos, pero en casi ninguna expresión del arte puede ser sustituido el intelecto humano y ser efectivo, multitudes de profesionales del modo automático dan fe de que mi tesis es válida. Los instrumentos electrónicos necesitan ser afinados y programados para que funcionen en determinado ciclo, pero los tradicionales no pueden trabajar solos, los pinceles, hornos de fundición, cinceles, lápices ni programas de escritura pueden hacer su trabajo sin la intervención humana, que sean virtuosos o no, eso es tema de otra discusión, el asunto es que hay hasta cámaras de vigilancia que en un momento determinado del día hacen una imagen perfecta pues la iluminación así lo determina.

Esa cualidad ha logrado que este siglo XXI sea indudablemente el siglo del espectáculo donde todo se mercadea en cuestión de segundos y las redes sociales hacen que una imagen pueda ser vista por millones en apenas minutos. Toda esa avalancha de buenas, malas y peores fotos han logrado que pueda asociarse imagen con demandas de justicia ante las inmensas salvajadas que comete la especie humana alrededor del mundo, esa otra cualidad imaginaria de la fotografía como documento hace que pensemos que solo con la imagen se hará justicia porque el mundo es un sitio justo, divina inocencia la que tenemos todos. Si bien es cierto que en la historia hay fotografías que en realidad impulsaron cambios, como aquellas de principios del siglo XX que mostraron en todo su espanto los horrores cometidos por el muy elegante Rey Leopoldo en el Congo hasta la del estudiante retando a un tanque de guerra en la Plaza Tianamen a principios de los ochentas , pero es en este siglo XXI cuando la saturación de imágenes además del muy accesible Photoshop han dado excusas a los encargados de la justicia para mirar hacia otro lado.

Para poder hablar de justicia tendríamos a su vez que (necesariamente) plantear el castigo como medida justa de su existencia. A continuación voy a hablar de un tema que me atañe y no meterme en honduras filosófico interpretativas sobre la realidad de otros países, acá en Venezuela hay múltiples fotos premiadas en los medios más importantes del mundo donde se relatan atrocidades cometer contra otras personas indefensas pero en menos del 10% de esas denuncias son encontrados los culpables, para evitar el lugar común del insulto antigubernamental voy a plantear varios escenarios por los cuales la demoledora imagen que grita una retaliación para los culpables de tantos horrores es inefectiva, sin que al parecer a nadie le interesen más allá del comentario en tono de chisme, de esa forma comentan las noticias sangrientas, de cárceles políticas, hambre, desempleo, devaluaciones o hambrunas con el mismo tono con el que un despistado le dice a su vecino con alegría ¿ veamos cuan mierda amanece el país hoy? Y como hay evidencias luego sigue un profundo careo sobre las maldades de la ciudad/barrio/país donde lo terrible es la norma y lo otro cada vez más una excepción. Se intercambian videos e imágenes y hasta ahí, luego se van a continuar el ciclo de las lamentaciones con todo aquel dispuesto a hacerlo, de tanto realizar ese macabro ritual de la desesperación ya les parece hasta divertido el asunto de la tragedia nacional, como si de un sitcom se tratase, por tanto asumen la noticia/imagen como algo distante que forma parte del reality show de los juegos del hambre tropicales. En el mismo espíritu pero con matices locales sucede otro tanto en Latinoamérica (es lo que conozco).

Ese aire de espectáculo que tienen ahora las noticias gracias al marketing y el internet que no conoce fronteras ha ido insensibilizando al público, dando pie a que los culpables se sientan intocables pues no hay nadie que levante el dedo acusador para pedir justicia, siempre terminan siendo cuatro gatos que terminan presos sin que a nadie parezca importarles mucho, más allá de los comités y organizaciones que pelean en esos predios. Una segunda opción es pensar que con toda la contaminación existente nuestros genes mutaron hasta revertir la evolución para dar paso nuevamente al Homo Habilis, un ser humano funcional cuyo defecto es más bien intelectual, esa especie, gracias al internet ha derivado en una subespecie invasiva llamada Homo Videns que sustituye la inteligencia por el espectáculo interminable del internet. Los Homo Sapiens son minoría y rápidamente están mutando hacia el Homo Videns , por tanto la indiferencia de las multitudes puede deberse a un defecto genético que les impide pensar con claridad sobre nada que no les ataña directamente , dándoles una patente de corso como simples espectadores más pendientes del entretenimiento que del avance intelectual, por tanto, no mejora el pronóstico.

La cercanía de los programas de retoque e intervención hacen que los decididos a ignorar crean que cualquier barbaridad puede ser reconstruida con un pc casero y les da la calma espiritual necesaria para negar fehacientemente la realidad sólo para poder vivir con la secreta alegría de que esas cosas horribles les pasan a otros, si no me creen vean la cantidad de películas de horror gringas donde asesinos destripan ciudades enteras , pero en Latinoamérica no se producen ese tipo de filmes pues los asesinos son una realidad cercana para todos por lo que las hace impráctica la inversión, no creo que nadie quiera ver como asaltan en los autobuses, los malandros destripan a familias por unos dólares, matan ancianos, violan niñas, venden mujeres en el mercado negro y hasta secuestran niños para sacar sus órganos, esas películas no funcionan por lo cercanas a nuestra realidad, en cambio en los países del primer mundo son asuntos tan aislados que todos se creen inmunes a tal cosa tan cotidiana, en mi país al menos.

El texto iría muy largo si meto otras dos teorías posibles sobre la justicia ausente que ni las imágenes la dinamizan, según este pensar la cuestión es que a todos les divierte en el fondo el asunto del morbo, algo como una expresión de su alegría por no salir destripado, quemado, ahogado o puñaleado en la foto que se hizo para denunciar la atrocidad, según esto la justicia ni siquiera existe , a nadie le interesa a menos que le saque provecho, es más bien el trabajo de unos aguafiestas que a fuerza de seguir las leyes tienen el poder para detener la barbarie, lo triste del caso es que ni ellos pueden con todo o en algunos casos son parte de la comparsa del mal que azota el país.

Cuando la omisión de la realidad es la norma en un país encendido por los cuatro costados y asediado por los mismos que deberían defenderlos, es imposible pensar en que una foto logre justicia, fuera de nuestra frontera pasa otro tanto y son apenas una veintena de países que pueden caer cuando la imagen impacta pero de resto, es abrumadora la cantidad de injusticias sin castigo. Ahora bien, donde no existe justicia podríamos inferir que armas menores como las cámaras son inefectivas para desperezar a un sistema que necesita de balas para motivarse, el trabajo de los cientos de fotógrafos jugándose la vida en las calles y trincheras del mundo buscando difundir las barbaridades cometidas por unos señores o señoras a quienes les vale madres la opinión de otros ya que asumen que ellos solo hacen lo que la republica les ordena, entonces, según el razonamiento, solo cumplen órdenes y la justicia misma está encarnada en ellos, por tanto lo que hacen es un acto de justicia y tu fotografía hace ver mal los supremos designios de mi general/comandante/supremo líder etc.etc.

En el caso anterior y muy común en el mundo el poder emanado por los líderes del mundo está más allá del bien y del mal, por lo que el pretendido justiciero no es más que un vulgar carterista de los medios que toma imágenes mal intencionadas porque al imperio le ofusca que no sigan sus dicterios ni los avances de alguna revolución de las pocas en el mundo donde los líderes son la máxima expresión del país, además claro de criminales con la patente de corso que significa ser un alto funcionario o aspirante a serlo.

La fotografía bien puede ser un vehículo de ideas, pensamientos, manifiestos y hasta documentos realizados con la intención de que los culpables reciban castigo y los malvados en la fila sepan que tienen quien los vigile para señalar con el dedo las iniquidades naturales de toda actividad política amparada bajo cánones del bajo mundo, lo más triste es que cada día a menos gente les importan causas serias, la noticia ahora solo sorprende más no conmueve, los grandes poderes son como pranatos elegantes donde la bondad es extraña y la fuerza la norma, en este escenario tan poco alentador una denuncia basada en imagen fija ya no tiene efecto, por tanto la fotografía como arma en contra de la injusticia ha pasado a ser como el árbol que se derrumba en medio de una inmensa selva, todos pensamos que hace mucho ruido pero la verdad nadie está muy seguro de como es pues no estaban presentes en el estruendo.

José Briceño, 2019

La fotografía en la era del espectáculo