José Briceño Diwan en Comunicación y Periodismo, beBee en Español, Escritores Coordinador de redes • Corporación Ezequiel Zamora 18/9/2018 · 3 min de lectura · 1,1K

La perversión del Quijote en la cultura latinoamericana

A pesar de todas la dificultades he tenido la suerte de pasar por varios países y como buen peatón ( que no turista) una de las primeras cosas que me da por observar es la relación de las “fuerzas del orden” con los ciudadanos, todo desde el cuidado extremo de nunca jamás quebrantar norma alguna pues cuando se es extranjero y pobre es mejor existir desde la invisibilidad ya que por muy civilizados que parezcan , los policías en latino-américa tienen fama de todo menos de comprensivos. En fin, el cuento es que en ninguna parte he visto fulanos tan groseros e irrespetuosos como los venezolanos , quienes de tan terribles son tan temibles como los malhechores que en teoría persiguen, quizás la cosa más fea que tienen esos fulanos es la estampa de matones de barrio que tienen, no hablan, ladran y pretenden ordenar a todo el mundo como si los civiles fuésemos alienados mentales como sus subalternos, no sé, soy de los que piensan que con educación todo se consigue pero creo que mi concepto es un asunto algo utópico.

Una mañana mientras esperaba el metro para ir a mi trabajo escuché como un policía regañaba a unos ciudadanos con gritos solo para que el regañado se separase de la linea amarilla que define el área de seguridad en los andenes del tren, el uniformado incluso llego a gritar que si no le hacían caso él tenía el poder de prohibir al tren abrir sus puertas si no le  pues el cumplía las ordenes de su comandante y que para eso él tenía poder, todo con actitud de Rambo del tercer mundo, quizás fue el uniforme de camuflaje que le lucía como disfraz o por su tono de voz, el paso de carcelero disfrutando el temor de sus victimas desde la comodidad de su inmunidad por ser militar pero la molestia creció hasta hacerme perder la muy sana costumbre de mirar hacia otro lado, me acerqué hasta el tipo y le reclamé por ser grosero, que así no se le habla a la gente, que en el cuartel eso es bueno (mientras pensaba que otros idiotas son felices cuando un estúpido les grita) pero que los civiles no somos subordinados de nadie, él hombre se sintió aturdido pues no esperaba que alguien le hablase, intentó argüir una excusa pues la gente también es grosera, que él hizo eso un tiempo, que tenia que haberlo escuchado como le habló a un hombre y este le respondió que si acaso lo atropellaba el metro quien se moriría era el y que lo dejase en paz (estoy seguro que de manera menos elegante), a lo que le mandé a callar diciendo que si bien a mi me hablaba en tono mesurado y hasta elegante lo que había escuchado era otra cosa, en caso tal no me importaba lo que sucedió antes, que él era un grosero y que en futuro debía tener más mesura en su hablar.

El soldado era un señor más o menos de mi edad (45) pero bajó la mirada y  agradeció la sugerencia con respecto a su actuar, luego se fue y yo quedé esperando el fulano tren , con jaqueca por la bronca además de cierta admiración por no caer en el fácil tema del insulto pensando que quizás eso fue lo que me salvó, la educación hizo creer al militar que quizás yo soy un fulano con cierto poder y que no es recomendable meterse conmigo. Con los años he aprendido que si quieres que piensen que tienes poder jamás hagas alarde de eso, simplemente aplica la superioridad léxica en conjunto con cierta sequedad en el tono, los soldados, policías y demás engendros serviles del poder huelen algo diferente y se baten en retirada antes que meterse en líos por nada.

Mientras viajaba iba pensando en cuales son los mecanismos para que alguien se comporte de esa manera y cual es la pasión de tantos por tener un carnet, un uniforme, un arma o un cargo que les permita sentir que tienen una cuota de poder, lo peor es que asumen que los demás somos menos. La conclusión a la que he llegado va ligada a la autoestima de su nada intelectual sumada a una patológica compulsión a la imitación de los patrones del imaginario mediático. Fijémonos un poco comenzando desde (más)abajo en la escala de la idiotez aunque dejaré muchos ejemplos por fuera hay algunos icónicos que bien vale señalar; en los bajos fondos los mal vivientes imitan a los ¿músicos? del fulano regeton en una mezcolanza extraña en conjunto con los raperos pero del tercer mundo y a pesar de no saber ni leer andan armados amedrentando y logrando cuotas de poder difíciles de imaginar en un país civilizado, se creen emulos de cualquier héroe de acción e imaginan que son super hombres con aventuras de esas que pasan en los cines , los militares y policías son iguales pero con la legalidad que le ofrece su trabajo, se disfrazan de Top Gun (o el que este de moda) y los que no lo son terminan buscando desesperadamente algo que los haga parecer a eso.

Ni los políticos se salvan , tanto así que parece que en Venezuela saltamos directo del siglo XIX al XXI pues los fulanos del gobierno no hacen si no hablar de las “hazañas” de los libertadores como ellos (los actuales) hubiesen estado allí, los idiotas militantes repiten como loros amaestrados cuanta tontera se inventan, los militares se disfrazan (otra vez) y así pues la lista sigue. Creo que vivimos en una época donde por alguna razón hay una suerte de efecto Quijote, recordemos que la locura de aquel fue por creerse caballero andante y en base a ese delirio de imitación terminó andando, aunque me parezca ofensiva la comparación (para el Quijote claro) bien vale al ver a tanto idiota imitando lo que jamás serán, pasando por encima a la inteligencia, admirados por quienes tienen idénticas aspiraciones, idolatrando a los consumados de las altas esferas y así se vuelven mayoría mientras la inteligencia languidece en la anonimia de la no imitación.

Vivo en un país de fantoches , razón tiene J.M Coetzee (premio Nobel de literatura) quien asegura en su novela “Diario de un mal año” que lo normal es que ante nuestra incapacidad para poder definir el inmenso cumulo de nuestra ignorancia terminemos creyéndonos la gran cosa, quienes no son así sufren de un terrible problema genético pues la evolución nos hace idiotas. Visto desde ese angulo la culpa no era del militar, es genética la cosa y yo sufro de una mutación que me hace diferente, por fortuna no somos tan pocos pero lo más amargo es que somos minoría.

José Ramón Briceño, 2018

@jbdiwancomeback

La perversión del Quijote en la cultura latinoamericana


Ignacio Orna (Nacho) 18/9/2018 · #1

Yo también quiero que me hagas un sitio en tu armadura, que yo también voy cargado de amargura. https://www.youtube.com/watch?v=MxkznSMFHM8

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