José Briceño Diwan in Las Reflexiones de hacen pensar, Comunicación y Periodismo, Profesores y educadores Director de Prensa • Cámara Venezolana de Empresas Aeronautica Jun 3, 2020 · 5 min read · 1.1K

Muerte a la venezolana

 

Uno de mis pensamientos recurrentes es sobre la muerte, sobre todo en estos tiempos donde la patraña del coronavirus está haciendo estragos más psicológicos y económicos que físicos, no es que crea que el virus no es mortal ni que los reportes desde el extranjero donde las cifras hablan de cientos de miles de muertes sean falsos, es que en Venezuela a pesar de toda la propaganda con los reportes presidenciales cada tarde desde hace casi tres meses, los diez muertos que asegura el estado parecen puro ruido comunicacional destinado a entretener a los ciudadanos ante el tamaño de la fosa en la que han caído mientras el estado comunista termina de aniquilar la empresa privada, es imposible pensar que en un sitio donde una muela con caries que se infecta aun es causal de muertes en pleno siglo XXI porque el paciente no tiene como comprar el antibiótico en la farmacia pues por lo general este cuesta hasta tres meses de sueldo, es imposible que de la noche a la mañana el peor sistema de salud del mundo logre un milagro de tal magnitud, por tanto y hasta que se demuestre lo contrario seguiré pensando que es un embuste del tamaño de un estadio de beisbol. Digamos que es cierto, ese solo punto aumenta las probabilidades de que mi muerte sea próxima más allá de los desoladores pronósticos de este desgraciado año 2020.

En tiempos normales, si vives en Venezuela es normal que te inquiete el tema cuando te acercas a la cincuentena, por mucho que te cuides, el cuerpo pasa las facturas completas pues comienza el natural declive debido al desgaste de los años. No es que piense morirme a la brevedad posible ni tengo ningún ánimo de catar raticida alguno, es que vivo en Venezuela. Más allá de algunas infecciones respiratorias recurrentes soy un hombre sano , físicamente al menos que del cerebro no estoy muy seguro que digamos, tengo cuarenta y ocho años pero todavía subo diez pisos por las escaleras sin desmayarme como muchos de los amigos cuarentones largos como yo, no sufro de hipertensión ni alguna de esas dolencias que acechan a los hombres luego de haber cumplido los cuarenta, aun fumo un par de cajas a la semana, bebo moderadamente de vez en cuando y como un poco de todo sin limitaciones, si viviese en otro país quizás pensar que en cualquier momento puedo morir no tendría sentido más que en los delirios de alguna psicopatía contemporánea , sin embargo con veinte mil muertos anuales por la violencia en una nación de apenas veinticinco millones (y restando) reduce las probabilidades de seguir ileso cuando menos en un quince por ciento, viviendo en la capital y usando exclusivamente transporte publico aumenta en dos por ciento la probabilidad, asunto que sumando mientras voy envejeciendo por el normal desgaste de esta máquina maltratada llamada cuerpo.

Voy con un ejemplo imaginario pero factible, digamos que soy un hombre totalmente feliz con suficiente presupuesto mensual como para poder comer en cualquier restaurant de categoría pero resulta que aquella tarde, mientras esperaba salir de trabajar para comer en el restaurante español que queda a tres cuadras de mi trabajo pues he llegado a ganarme el dinero suficiente para negarme a cocinar pagando por el pecado de soberbia una cuenta en dólares bien habidos, aquella tarde el asistente de cocina del restaurant donde iría horas más tarde, olvidó una pechuga de pollo que expuesta al calor de la cocina comenzó a descomponerse, al mismo tiempo el gerente fue incapaz de conseguir otras para surtir la despensa pero además tampoco se percató de aquella anomalía, entrada la noche el cocinero del turno nocturno al verla supuso que estaba en buenas condiciones, este hombre es un amigo con quien comparto trago y conversa, al verme entrar como muestra de buena voluntad me presentó un pollo a la parmesana solo por ser amigo de la casa ya que el plato no estaba en la carta, todo preparado con la carne recién descompuesta ,en aquella cena gasté por primera vez en la vida cien dólares por una exquisita comida, un mes más tarde fácil podría estar hospitalizado con una infección mortal de salmonella. Esto en el hipotético caso del exceso de la elegancia pero fácil te puede pasar en cualquier tenderete barato de los que mi presupuesto permite.

Puedo mojarme una mañana con lluvia y me produce una gripe incomoda pero inocua que degenera rápido en neumonía, la salvación está complicada solo por comprar el antibiótico, estos son escenarios altamente posibles. El extremo es el de tropezarse con el hampa , una bala perdida, un asalto, fuego cruzado , enamoramiento súbito de malandros acomplejados hasta el aún más extraño caso de caer preso bajo sospecha de corrupción espiritual y las posibilidades de sobrevivir se achican, lo impresionante es que la lista de casos donde la muerte sorprende a inocentes por el arrebato homicida de cualquier desalmado que porte un arma sin importar mucho de cual lado de la ley milite , las estadísticas son arrebatadoramente aterradoras cuando dicen que por lo menos cien asaltos suceden cada día en el país, eso es una lotería con más ganadores que la de los animalitos, por lo que estas perennemente expuesto a esa posibilidad.

La de caer enfermo dependerá en gran parte de la disposición de efectivo en divisas que tengas pues ello te abrirá las puertas de cuanta farmacia, mercado negro, servicios médicos de calidad o instrumental quirúrgico, de resto tus posibilidades de sobrevivir se reducen ostensiblemente ya que muchas veces en el proceso de conseguir los fondos la patología arrasa con el cuerpo del enfermo para morir solo por no disponer de tiempo ni dinero. Pensar en hospitales públicos es un deseo inocente pues allí, a pesar de la propaganda oficial, no hay ni algodón para los enfermos , la tasa de sobrevivencia en los hospitales públicos es directamente proporcional a la asistencia de alguien que haga todos los malabares para encontrar fondos, pescar medicinas, hacer colectas por internet, sobornar porteros, hurgar en el mercado negro, cazar laboratorios, radiografías o cualquier otro examen, los hospitales son infraestructuras donde solamente funciona el personal, imagino que por mística pues por el sueldo lo dudo.

En todo este panorama no es muy difícil que uno tenga bajo la cama uno que otro libro que hable de vidas pasadas para confirmar que al final no nos volvemos abono orgánico, es que las probabilidades en Venezuela son aún mayores que las de un habitante de la franja de gaza. No estamos en guerra pero el país se está destruyendo al mismo ritmo de cualquier guerra civil , lo más vil es el pan nuestro de cada día por tanto sabes que la lotería macabra de este siglo XXI en cualquier momento te puede tocar a ti, he visto demasiados casos como para desestimar la especie.

Desde siempre he respetado la estatura académica de la gente como para desestimar al Dr. Brian Weiss , no puedo creer que un psiquiatra egresado de universidades tan importantes, jefe del departamento de psiquiatría de un hospital de renombre mundial se ponga a inventar cuentos chinos para poder comerse un buen pedazo de la inmensa torta de las editoriales New Age dándole un barniz científico a alguna superchería paranoide . quiero tener fe en que las universidades e instituciones de prestigio no se prestan a quedar en ridículo y todo lo que narra el hombre en sus libros es absolutamente cierto, entonces morirse no es ni malo, si al final hay una escala que va mejorando las vidas con cada reencarnación hasta llegar a una vibración máxima que nos hará convertirnos en una forma energética superior con acceso a todo el conocimiento del inmenso cosmos infinito, el asunto de morirse hasta provoca, sin embargo es aterradora la sensación de que te puedes morir en cualquier instante con el añadido de que no necesitas adquirir un cáncer o alguna enfermedad venérea por andar de mala conducta , son acciones simples como comer en cualquier sitio, dejarte mojar por la lluvia, caminar por sitios solitarios, sin luz y hasta entre multitudes es fácil ser víctima de cualquier malvado de gatillo o puñal alegre, viajando en el autobús que no pudo pagar la reparación de los frenos, hubo un asalto, le caíste mal a los guardias que hacen la alcabala de control, una caries que no has podido curar, tomaste agua del grifo, compraste licor adulterado, te enamoraste de la novia de un capo, en fin son tantas posibilidades que el análisis sería muy largo .

La vida debe volverse una suerte de negación constante, usar el pensamiento positivo, comer sano y en casa, no exponerse a los resfriados, no tomar si no tienes dinero para un licor de marca comprado en una cadena de supermercados de alta gama ahí te roban pero no te matan con cosas de muy mala calidad, siempre sospechar de todo y sobre todo saber que una vez muerto el asunto es de otros, que si el Dr. Weiss tiene razón debes portarte bien para reencarnar ( en mi caso) siendo un potentado Inglés que vive en una isla del caribe rodeado de una hermosa familia que en su vejez espere la muerte como recompensa por una larga y dichosa vida, de otra reencarnas en habitante de alguna barriada Venezolana de esas tantas con casas de cinc , empleo mal pagado y cero acceso a todo como castigo infernal hasta que aprendas a ser gente para tener derecho a una mejor vida, morirse no es tan malo, lo triste es que existan tan altas posibilidades de que te alcance en cualquier esquina y no en tu cama, cuando seas un bisabuelo feliz.

José Briceño 2020

Muerte a la venezolana