José Briceño Diwan en Comunicación y Periodismo, Profesores y educadores, Recursos Humanos Coordinador de redes • Corporación Ezequiel Zamora 22/1/2019 · 2 min de lectura · 3,6K

Relatos de un balsero de asfalto

 

 Venezuela- Uruguay

Una vez quise huir de Venezuela y lo hice con dirección al sur, me fui por tierra y un trecho por aire, fue emocionante, desde que comencé a planteármelo, tres fronteras diferentes, dos países más, culturas diferentes en cada caso, ver un Brasil donde hacen publicidad para alcohol y cigarrillos, cervezas hasta en la farmacia sin las mojigaterías propias de Venezuela. Donde (casi) todo es muy pulcro, organizado, desde en la más humilde bodega hasta el lujoso sitio igualmente impolutos, un tercer mundo con visos de primero donde se nota la diferencia en contraste con el caos venezolano.

Pero no todo es tan bueno, ahí por primera vez me sentí tratado con desdén y antipatía por ser extranjero, como si eso fuese poco, los mismos venezolanos se tratan mal entre sí, incluyendo algunos que se niegan a hablar español. Por ejemplo, escuche a un fulano decir, muy orgulloso que jamás se sintió venezolano solo por tuvo la “suerte” tener un abuelo europeo que se le asoma en el color de piel, la cosa me dio asco en verdad, vale, no somos la gran cosota que se diga pero que un tipo tan musiú como yo , me diga que no se siente parte del país que lo vio nacer porque el de sus abuelos estaba en una crisis de hambre o de guerra cuando aquel abuelo se mudó hasta mi país natal, me pareció de alarmar ,seguro hay muchos como ése personaje que no aportan nada más que mala vibra por su condición introxenofóbica y una ignorancia vil pues el tipo a la primera oportunidad se identificó como profesor de matemáticas egresado de una universidad venezolana , es de suponer que un título universitario debe darte un proceso de pensamiento que te permita ejercer la inteligencia no diciendo tamañas idioteces como esa de negar su gentilicio .Sin tocar el tema de la bronca entre unos y otros todo el tiempo, total, tenemos muy mala fama por múltiples razones aunque en mínimo número pues me niego a pensar que todos los emigrantes son así.

Me entristece saber que los compatriotas se tratan mal entre sí, casi tanto como enterarme de malvivientes con un pasaporte muy parecido al mío andan por ahí abusando de la buena fe local, por las malas costumbre que exportan junto con ellos, la envidia manifiesta entre unos y otros ya que (sospecho) que todos se miden por un asunto de costumbre por creerse más por lo que hacen y no por lo que son, la verdad no entiendo. Si hubiesen más inteligentes debería existir aunque sea un bar oficial para que se reúnan los venezolanos así como hacen otras comunidades cuyos clubs funcionara , además, como centros de negocios y hasta espacios que terminarían como potenciales instituciones que pudieren mejorar las condiciones de los compatriotas con ganas de trabajar y aportar cosas buenas para el país que los acoge sin la necesidad de olvidar el propio, eso me encantaría en verdad, de seguro en esta última etapa de diáspora , los que se van y han conocido el hambre a pesar de tener empleo formal con supuesto sueldo de profesional especialista, así que es una tragedia común donde no te puedes traer a todos tus seres queridos por razones económicas, conocen más de cerca la destrucción nacional, quizás ellos puedan ser luego más comprensivos y colaboradores con esos tantos que vienen atrás y como si fuese poco, lavar la cara a la mala percepción de nosotros como gentilicio en exilio gracias a otras actividades culturales, deportivas , artísticas o científicas entre instituciones educativas , comerciales o empresariales de cuyo intercambio nazca otra mirada a nuestros connacionales en el exilio, lo contrario, eso que vi en Brasil no me agradó, lo peor es quizás solo una manifestación de un fenómeno global.

Estar divididos ha sido nuestro gran pecado nacional, a pesar de toda la buena gente venezolana que he conocido en mi vida, de lo cual me siento orgulloso de ser sus compatriotas, al salir por Maiquetía (aeropuerto internacional) parecen sufrir algún tipo de lesión cerebral que los convierte en seres negativos. Pero estoy generalizando mucho, debo admitir que también me han tratado muy bien en otros sitios, un buen amigo venezolano me prestó toda su ayuda, desde hospedarme en su casa hasta nacionales que me prestaron apoyo con la compra de pasajes en las distintas ocasiones, desde una intrincada ruta aérea a un excelente precio que me ahorró 60 horas menos de carretera hasta un humilde pasaje de bus en algún remoto rincón brasilero.

El resto del relato lo pueden encontrar en este enlace

Relatos de un balsero de asfalto