José Briceño Diwan en Comunicación y Periodismo, Escritores, Recursos Humanos Coordinador de redes • Corporación Ezequiel Zamora 15/1/2019 · 4 min de lectura · 3,1K

Relatos de un balsero de asfalto VI

  Argentina-Chile-Perú


Doce horas luego de salir de Buenos Aires llegó la primera parada, eran las ocho de la mañana y nos detuvimos en una suerte de resort popular donde había un restaurante, todos bajamos del autobús aunque tocó hacer tiempo pues el local de comidas no había abierto, mientras los otros pasajeros hacia fila esperando que abriese el restaurante, busqué al gerente del lugar a quien le vendí 10$ que utilizaría para comer , por suerte llevaba un maletín aparte donde tenía jabón, desodorante y dos mudas de ropa para cambiarme después de cada ducha, como iba a consumir en aquel sitio me negué a pagar el dólar que cobraban por el uso de la ducha pues es absurdo pagar de más si igual vas a hacerlo por una comida que de seguro iba a ser terrible así que me colé en el baño donde recibí una ducha “energizante” con agua fría además claro de cumplir con los obligatorios rituales matutinos de higiene.

En efecto la comida era malísima al igual que el café pero no hubo de otra, tocó pagar y hasta regatear por un litro de agua para el camino, mientras desayunaba una milanesa compartí mesa con una muy linda mujer, ella de mínima estatura (1,50 si acaso) primero me ignoró pensando que la iba a acosar pero al darse cuenta que la ignoraba buscó conversación, fue una telenovela, resulta que la joven de apenas 18 años volvía a su casa donde la esperaba su madre quien cuidaba a su papá que estaba en etapa terminal por un cáncer de alguna cosa, que había dejado a su novio luego de dos años de relación quien de paso tenía cuarenta años y una hija de la edad de ella , saque cuentas y me di cuenta que el fulano novio fácil le salía cárcel pues cuando se mudaron juntos ella tendría si acaso 16 años y él 28 , la muchacha lloró con la historia mientras pensaba que si tuviese más tiempo y fondos le sacaba toda la historia para escribir el guión de telenovela rosa que me sacaría de la miseria con solo agregarle los detalles faltantes, esos de familia millonaria, suegra malvada, cárcel o ceguera, amante bajo sospecha de incesto y final feliz con herencia millonaria sorpresiva, matrimonio y final feliz pero mi carácter fatalista no lo permitiría , solamente me rendí a la realidad para no dar una opinión que confundiese más a la muchacha y salí a fumar, asunto que hice con ansiedad pues al preguntar cuando seria la próxima parada , el chofer mu cómico él dijo que la haríamos a las cuatro de la tarde, antes de entrar a la frontera con Chile.

El viaje por el resto de la carretera no es muy interesante que digamos, hasta que vas llegando al paso del Jama, la frontera con Chile, es un sitio desértico que pude observar ya que había una fila de no menos de treinta autobuses esperando turno para la revisión de aduanas, debido al verano hay muchos viajes por aquella zona, no sé cómo será ahora pero en aquel momento no había el desbarajuste que uno ve ahora en las noticias con mis paisanos huyendo de cualquier manera por toda Latinoamérica y que he visto desde todos los noticieros digitales.

La frontera o hay más desolada en toda la ruta, el paso está situado en una explanada inmensa y desde la carretera solo se ve una estación de gasolina con su respectiva tienda de conveniencia, más allá un modesto centro comercial que tiene un aviso de Dutty free que parece no animar a nadie, un hotel con estampa dudosa , un urbanismo y al final del camino la estación de migración con su aspecto aséptico pero con el aura siniestra de los administradores de las leyes, en un desierto don el sol arde pero hace frio a la sombra, bueno, quizás no frio pero igualmente muy fresco para quienes gustamos del calor.

El turno a la revisión llegó cuatro horas luego de hacer fila en la gran cola de autobuses que esperaban por su turno de revisión, casi al filo de la noche , la única novedad fue que hubo un deportado , era un joven que por tener antecedentes policiales no se le permitió la entrada al Argentina, mientras hacíamos la fila para volver a entrar al autobús uno de los choferes nos reunió para notificar la novedad del nuevo pasajero pidiendo, además, colaborar para las comidas del muchacho quien no tenía para ningún gasto en la vía y todavía quedaban dos días de viaje, para sorpresa mía, todos los pasajeros aportaron dinero al muchacho a fin de que se alimentase, no fue la primera muestra de solidaridad pero si la más impresionante.

Antes de seguir debo comentar algunas cosas de los compañeros de viaje, habían de todas las edades, desde una señora mayor que viajaba con dos niñas y que todas las noches fastidiaba con el trasegó de las retoños al baño tropezando en el camino con todos los que dormíamos en el asiento del pasillo, también estaban unos cuantos jóvenes sospechosamente idiotas y con quienes pelee una madrugada debido al ruido que hacían lo que por supuesto no me volvió más simpático a los otros pasajeros, gracias a esa pelea, un par de mojas que viajaban en el asiento contiguo me regalaron , imagino que como muestra de gratitud por mantener a raya a los imbéciles que incluso se burlaban de las religiosas en uno de esos ejemplos de cómo hay quienes se toman a pecho los favores que uno se hace a sí mismo y de alguna manera los beneficio aunque debo admitir que patear a alguno hubiese sido un premio interesante. Estaba la joven que huía de una desigual relación, todos los demás algo normales, con la similitud de todos los pobres a pesar de lo multicultural del asunto la única similitud es que todos éramos pobres en tránsito. En la primera parada para comer se subió al autobús un joven peruano que terminó sentado a mi lado, según él volvía luego de varios años viviendo al borde con la esperanza en obtener alguna regalía del gobierno anterior (el argentino) y que al ganar el nuevo abandonó toda esperanza volviendo a su casa para recomenzar, luego de la primera parada donde vi que el muchacho no había comido por no tener fondos pero ser muy orgulloso para pedir decidí compartir mis sanduches de salami con queso pues pensé que después de las maravillas sucedidas en Buenos Aires el karma no se contentaría si no comparto, así lo hice hasta que se acabaron luego de pasar Chile.

Volviendo al paso hacia Chile, aquella frontera fue la más expedita a pesar de la cola de los autobuses, nos bajaron, hicimos otra fila donde comprobaron antecedentes e imagino que si habían prófugos para inmediatamente sellar pasaportes y de vuelta al autobús, al revisar mi pasaporte minutos más tarde me di cuenta porque casi nos ignoraban, dieron visa pero sin permiso de bajar en ningún lado, una visa sin fechas de vencimiento, lo que casi sentí ofensivo porque pensaba en la próxima parada pero hasta el día siguiente no hubo más paradas hasta la otra frontera, ya estaba más cerca del Perú por tanto un poco más cerca de casa a pesar de que aún faltaban cuatro días de viaje.

Al salir de la frontera y comenzar la carretera me entretengo mirando por la ventana olvidando por un rato la terrible programación de los monitores del autobús donde faltó poco para que pusieran películas porno de los años ochenta con todo y sonido suround. El paisaje por aquel paraje es hipnótico , montañas que parecían sacadas de alguna película de ciencia ficción, barrancos inmensos donde incluso llegue a ver una manada de Llamas trotando a la orilla de la carretera, un paraje alucinante que me hizo llorar la perdida de mi cámara y no tener ni un móvil para inmortalizar aquel sitio en imágenes Blanco y Negro que seguro me darían algún reconocimiento en alguna parte pero tengo la esperanza de repetir aquel paseo para reencontrarme con esas fotos que me debo, esas que tengo en la memoria pero que no he podido tomar, ojalá el futuro me depare el chance de hacerlo.

Al caer la noche hice un esfuerzo grande para quedarme dormido y así sucedió, hasta que ocho horas más tarde el autobús se estacionaba, estábamos en la frontera con Perú, eran apenas la cuatro de la mañana pero no podíamos bajar a estirar las piernas porque no teníamos permiso de hacerlo hasta entrar en territorio peruano gracias a la poca gentileza del gobierno Chileno, una tortura extra, entre mis ganas de fumar y yo habían solo cuarenta segundos pero por razones legales tenía que esperar casi dos horas para poder bajar del autobús, pero eso lo contamos luego.

Toda la aventura integra en este enlace

José Ramón Briceño, 2019

Relatos de un balsero de asfalto VIPaso de Jama, frontera entre Argentina y Chile



José Briceño Diwan 15/1/2019 · #2

#1 thanks, I'm back in Venezuela but I'm still looking for a way out without it being (again) a drama

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wow, interesting and sad story here

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