Hannah Arendt y la banalidad del mal

Hannah  Arendt y la banalidad del mal

El antisemitismo es un insulto al sentido común. En efecto, la filósofa Hannah Arendt, a lo largo de su producción filosófica, ha insistido en los gravísimos problemas causados por la irresponsabilidad burocrática del mal. Ya que la obediencia rutinaria y neutra puede conducir al exterminio, como sucedió con el holocausto judío durante el nazismo.

La matanza de unos seis o siete millones de judíos en los campos de exterminio fue una de las mayores barbaridades y monstruosidades de la historia. Y la banalidad o lo trivial e insustancial del mal está en la ausencia de  malignidad. Ya que el hombre se ha transformado en algo superfluo en la mente, por ejemplo, de Eichmann, y de otros jerarcas nazis. Según Arendt la incapacidad de juicio, y la falta de reflexión y pensamiento es lo que explica la horrible conducta que causó el pavoroso sufrimiento  y muerte de millones de inocentes, simplemente, por su condición de judíos. La diferenciación entre conocer y pensar es el eje que hace posible entender la bajeza moral a la que se puede llegar.

El propio Eichmann decía que había leído a Kant. Pero el deber por el deber, y la observancia del imperativo categórico kantiano es lo más opuesto que quepa pensar a lo que ordenaron y realizaron los jefes nazis de las SS. Se puede afirmar que este criminal nazi no tenía empatía, y no pensaba moralmente, aunque tuviera ideas, elaborara teorías, y resolviera problemas técnicos. No era capaz de juzgar éticamente de modo coherente y racional, por falta de discernimiento y reflexión. Lo que no significa que fuera un idiota moral. Justificaba sus actos y conductas con una falsa interpretación de un deber, que, en realidad, era  absolutamente indigno. La irreflexión también se da en personas normales, y es una de las causas de la pasividad del pueblo alemán durante el nazismo.

Como escribe Hannah Arendt  en Los orígenes del totalitarismo: «Lo que hace que los hombres obedezcan o toleren, por una parte, el auténtico pode y que, por otra, odien a quienes tienen riqueza sin el poder, es el instinto racional de que el poder tiene una cierta función y es de utilidad general». Arendt puede ser considerada como una filósofa política de la fraternidad. Y está convencida de la necesidad de la participación cívica de los ciudadanos en los asuntos sociales y políticos. Puesto que para Arendt el hombre público se siente responsable de las cuestiones y los problemas de la colectividad, y debe intervenir  en su resolución.

La virtud cívica es la base que sustenta el republicanismo afirmado por Hannah Arendt, y que sigue la línea iniciada ya por Tucídi