José Ramón López en Tercera edad, Trabajo social, Psicólogos Freelance • joseramonlopez.net 24/11/2016 · 4 min de lectura · 1,2K

Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos.

Las residencias de ancianos y centros de día están considerados como lugares donde las personas mayores reciben los cuidados y la atención que necesitan durante la última etapa de su vida.

No obstante, no siempre se ha tenido esta visión del ingreso de un padre, madre, tío, hermano, cónyuge o cualquier otro familiar en una residencia geriátrica. Hasta hace poco tiempo, las residencias de ancianos estaban consideradas como lugares donde se “aparcaba” o “abandonaba” al anciano que no se podía atender en casa.

Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos.

De vez en cuando, escuchamos alguna noticia negativa relacionada con personas mayores y residencias de ancianos. Son notícias que aun siendo precisamente eso, noticia por su excepcionalidad, pueden pintar en nuestra mente una idea totalmente falsa e injusta del trato y cuidados que se ofrecen en los centros geriátricos.

Gracias al trabajo de los profesionales, esta idea ha ido cambiando, y se ha podido comprobar que la convivencia y sociabilización dentro de una residencia permite aumentar la esperanza de vida.


Motivos por los que algunos tienen sentimientos de culpa

El sentimiento de culpa aparece cuando se produce un choque entre el modelo ideal de conducta interiorizado y lo que se hace en realidad.

Cuando alguien está atrapado en la culpa, no se gusta, se descalifica, se tortura y se siente incapaz de tomar las riendas de su vida.

Los cuidadores a menudo sienten que llevar a la persona a una residencia es una traición. Usted puede sentir que ha dejado a la persona, o que debería haberse hecho cargo por más tiempo.

Es posible que haya prometido previamente a la persona que usted siempre iba cuidar de ella en su casa y ahora se siente obligada a romper esa promesa.

Recuerde que las promesas fueron hechas probablemente en una situación completamente diferente, cuando no tenía idea de lo que podría suceder en el futuro.

Puede ser de ayuda hablar con otros cuidadores en un grupo de apoyo, pero no deje que otros que todavía están cuidando en casa influyan en su sentimiento de culpa. La situación de cada persona es diferente y, al igual que en otros ámbitos de la vida, no debemos compararnos con otras personas.

Nunca olvidaré el día que tuve que dejar a mi mamá en un hogar de cuidado durante la primera etapa de su Alzheimer cuando todavía no cumplía los 70 años. Era la residente más joven.

Todavía me despierto por las noches con la culpa de haberla dejado mientras imploraba “Pero si yo soy tu mamá…” y yo me alejaba del oeste de Gales rumbo a mi esposo e hijos en Londres.

Aún recuerdo las cuatro horas que pasé en el auto, con el rostro inundado de lágrimas.

Mi padre me había dicho que no podía cuidar de ella y yo lo odiaba por eso. Lo que no sabíamos entonces era que él también estaba en las primeras etapas del Alzheimer.

(Testimonio de Fiona Phillips)

Es habitual que en los casos en la que la persona ingresa en la residencia con una actitud poco colaboradora o incluso en contra de su voluntad, las dudas y los sentimientos de culpa se hacen aun mayores. Este tipo de situaciones son habituales en cuadros de demencia y alzheimer, especialmente en sus fases más precoces.

En casos como el anterior, se inicia una lucha entre lo que nos dicta la razón (el enfermo necesita cuidados profesionales y estará mejor atendido)  y lo que sentimos (que no somos buenos hijos, por ejemplo).

Si bien ese tipo de sentimientos no son fáciles de erradicar, especialmente cuando el residente no está de acuerdo con la nueva situación, o cuando intenta chantajear emocionalmente al hasta ahora cuidador, sí que podemos esforzarnos por actuar de tal modo que la experiencia sea lo menos traumática posible e incluso agradable. ¿Qué podemos hacer?


El ingreso no significa abandono

El traslado a una residencia no tiene por qué significar que usted renuncia a su papel de cuidador por completo, a menos que esto sea lo que quiere; es sólo una forma diferente de cuidar. Su participación aún puede ser muy importante.

Algunos cuidadores sienten que la atención residencial les ayuda a tener una mejor relación con la persona, ya que su tiempo juntos puede ser más especial, menos estresante y más como lo que solía ser antes de que llegase la constante preocupación sobre aspectos prácticos del cuidado.

Entrar en un centro es, sin embargo, un momento de transición; puede llevar a la persona y a su cuidador un tiempo para asentarse y acostumbrarse al cambio.

Lógicamente llevar al mayor a una residencia no significa que los familiares se vayan a desatender de su ser querido. Lejos de eso, es cuando más cercanía debe de haber entre el nuevo residente y los familiares.

Las residencias hacen mucho hincapié sobre el papel que juegan los familiares en la adaptación del nuevo residente en la fase de ingreso y adaptación.

Cómo gestionar los sentimientos de culpa al ingresar a un familiar en una residencia de ancianos.

El principal objetivo que persiguen las residencias es que el acompañamiento familiar en las fases de preingreso, ingreso y adaptación de un nuevo residente al centro sea fundamental para lograr su plena integración, sin sentir un cambio demasiado brusco en su vida y mucho menos que sienta que lo están apartando de su grupo familiar.

Independientemente de nuestras circunstancias y de cómo nos sentimos nosotros y el residente ante la nueva situación, será bueno tener  en cuenta algunos de los principales beneficios de ser atendido en una residencia.


Beneficios de ser atendido en una residencia

Sociabilización

En una residencia los ancianos se relacionan entre ellos, crean amistades, salen juntos a pasear, juegan a juegos de mesa, e incluso se visitan dentro de las habitaciones.

Un informe sobre envejecimiento activo recoge que el 60% las personas con más de 85 años presenta dificultades al caminar o al vestirse, esto provoca que no salgan a la calle, provocando una reclusión perjudicial para la salud mental.


Estimulación cerebral

La estancia en un centro activa necesariamente la mente de sus residentes con actividades y talleres programadas por los psicólogos o educadores sociales del centro.

Aprenderse los nombres del resto de residentes o ir caminando a otras plantas, practicar gimnasia suave o caminar por los jardines del centro, son actividades diarias que les ayuda a mantenerse mentalmente y físicamente activos.


Dieta equilibrada

Los ancianos con demencia o pérdidas de memoria empiezan a tener problemas para cocinar en casa y acaban comiendo incorrectamente. En la residencia se consigue que establezcan una dieta sana y equilibrada, observándose grandes mejorías en su aspecto físico y anímico gracias al aporte correcto de los nutrientes.


Mejor Salud

Actualmente los mayores de 65 años representan cerca del 42% de las altas hospitalarias en nuestro país, un dato que se reduce cuando las personas mayores viven en una residencia al estar controlados por un equipo médico permanente.

Por otro lado los olvidos de los ancianos sobre la toma de la medicación o las sobredosis de medicación no se dan en una residencia. Los medicamentos se guardan en la farmacia del centro y enfermería se encarga de repartirlos a las horas convenidas. También se supervisa que el residente se tome la medicación, dándola en boca o triturándola si es necesario.


En resumen podemos decir que gracias al impagable trabajo de los profesionales que atienden a nuestros mayores en las residencias, estos están bien cuidados y atendidos, obteniendo una serie de beneficios de sociabilizar con el resto de residentes, de participar en actividades adaptadas a sus circunstancias, recibiendo una dieta equilibrada y adaptada, manteniendo un control exhaustivo en la toma de medicación y en definitiva, obteniendo una mejoría en su calidad de vida.

Y por otro lado, podemos hacer mucho de nuestra parte al participar de manera activa en ayudar al residente en su nueva situación que, tengamos en cuenta, le costará un tiempo adaptarse a ella. Nuestras llamadas y visitas regulares seguramente reforzarán la idea en el residente de que es un ser muy amado y querido por nosotros.


Fuente: uno de mis artículos publicado en septiembre de 2016 en Residencia Sol i Natura



Hugo Chinchilla Hace 4 d · #17

#16 Sí, es algo cultural, y hay de casos a casos. Los pacientes con alzheimer requieren un cuidado especial porque según he escuchado muchos se vuelven violentos porque no reconocen nada ni a nadie en su entorno. En un caso así sí valoraría hacerlo, pero con mucho dolor en mi alma. @José Ramón López

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José Ramón López Hace 4 d · #16

#15 Te entiendo @Hugo Chinchilla perfectamente. Son culturas distintas (aunque a la vez hay tantas cosas que nos unen). Aquí somos algo más independientes, empezando por el propio anciano que en muchos casos es él o ella quien desea esa independencia y prefiere que los hijos hagan su vida.

En nuestro caso fue lo primero que hicimos. Contratamos a una mujer de confianza (mi madre la conocía de años) para que la acompañara y se encargara del tema comidas, medicación y tal, pero mi madre (afectada ya por el alzheimer aunque aun no lo sabíamos) sencillamente la echó de malas maneras diciendo que en su casa no entraba nadie. Hizo lo mismo con otra cuidadora. Los hijos no entendíamos nada hasta que los acontecimientos se precipitaron y descubrimos su enfermedad. Seguro que a cualquier cuidador le "sonará" familiar este tipo de historias. Son muy comunes.

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Hugo Chinchilla Hace 4 d · #15

Muy buen artículo, es un tema complejo. En mi opinión eso de meter a tus seres queridos en residencias me parece que es muy europeo o estadounidense. Para mí como latinoamericano es impensable que voy a dejar a padres, abuelos o tíos lejos de mí. Mejor contrato a una persona que les pueda dar la debida atención pero en mi casa. Personas que lo dieron todo por mi vida jamás serán una carga, pero como digo, es mi forma de ver las cosas. @José Ramón López.

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Hay personas que no reconocen que son ya mayores y mal tratadores en su vida y que todo sigue igual que siguen creyendo que tienen 30 años , no reconocen su enfermedad ,

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José Ramón López Hace 5 d · #13

#11 Cierto @Benito Guembe Cabra. Hay personas que son muy independientes y de mayores no van a cambiar. Esto en si no es malo si no hay limitaciones importantes que pongan en peligro la salud, la vida del anciano e incluso en ocasiones la vida de otras personas. Los ancianos con demencia senil, alzheimer y otras enfermedades similares no pueden vivir solos pues no están capacitados para cuidarse correctamente e incluso pueden crear situaciones peligrosas (despistes con el gas es un caso típico). El reto es que especialmente en los inicios de la enfermedad el anciano no reconoce su problema y se crean situaciones muy desagradables para todos.

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José Ramón López Hace 5 d · #12

#10 Gracias a ti @Pedro Gómez por leerlo y comentar. Saludos!

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Benito Guembe Cabra Hace 5 d · #11

Buen artículo, me siento identificado en muchos aspectos, pero hay personas mayores que por lo que sea, que quieren vivir solas y que nadie les programe en su vida, en su beneficio, mi abuela en particular, la hubiéramos disfrutado más si nos hubiera echo caso y se hubiera venido a vivir con nosotros, pero ella quería vivir a su manera y lo decidió así.

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Pedro Gómez Hace 5 d · #10

Tema complejo y muy interesante, gracias @José Ramón López !!!

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