Juan Ignacio Gilligan in Profesores y educadores, Oficios y profesiones, Cuidados Mayores Responsable • GILLIGAN EDITORA Jul 23, 2020 · 1 min read · +600

Como era en un principio

Como era en un principio
La creación es un pájaro sin plan de vuelo
. Qué gran verdad nos recuerda está frase de Violeta Parra. Quién no se ha conmovido con la libertad de la que gozan los pájaros, ajenos al mundo cuadriculado de los hombres.

El propio Jesús los tomó como un claro ejemplo de libertad.  Y al momento de sentarnos a escribir, también vale, al menos por un rato, abandonar cualquier expectativa, cualquier pretensión y dejar que la escritura fluya por sí misma, libre y suelta, como un pájaro en el cielo. Sin que esto último suponga, claro está, otro reto que no sea el mero acto de sentarnos a escribir.

Dos siglos atrás, el escritor y periodista alemán Ludwig Borne, recomendó este procedimiento libertario a cualquiera que deseara convertirse en un escritor original: “Tome unas hojas de papel y durante tres días sucesivos anote, sin falsificación ni hipocresía, cualquier cosa que le pase por la cabeza. Escriba lo que piensa de usted mismo, de sus mujeres, de la guerra de Turquía, de Goethe… o del juicio final, de quienes tienen autoridad sobre usted, y al cabo de esos tres días se asombrará de los pensamientos novedosos y sorprendentes de los que ha sido capaz”.

A lo mejor exageró con lo de los tres días. O a lo mejor solo se trate de un número simbólico. Lo cierto es que el propio Freud tomó nota de la técnica y la introdujo dentro del psicoanálisis. Desde entonces alentó a sus pacientes para que hablaran de todo lo que se les ocurra, habilitando un camino mucho más libre y propicio para la terapia; al parecer esto sucedió después de que una de sus pacientes le reclamara que la dejara hablar sin interrupciones, ante la insistencia del propio Freud para que le hablase de sus síntomas.

Dejando a los psicólogos los efectos terapéuticos, el acto de escribir usando el método de asociación libre puede resultar estimulante. O desafiante. Incluso angustiante. Soltar el control no es algo frecuente y de lo que se trata es de volcar nuestro torrente de pensamientos sobre el papel. 

Como casi todo lo emprendemos, al momento de sentarnos a escribir siempre lo hacemos bajo algún criterio funcional, deseando con ello obtener algún resultado, por tanto, nos cuesta abandonar este tipo de lógica. No hemos sido formados para ser originales, sino para ser meras fotocopias. Es un hecho que nuestra sociedad no apoya la originalidad, sino la funcionalidad. (Por eso hay tantos financistas y tantos soldados y tan pocos poetas)

Pero volviendo a la consigna, hay que animarse y probar escribir sin ningún requerimiento. Transcribir lo que aparece en la mente, ese fluir constante del pensamiento. Sin filtros. El propio Joyce también llevó esta técnica a su novela Ulises, al exponer textualmente el flujo de pensamientos de la mente de Molly Bloom sobre el final de su obra.Claro está,sin que esto signifique atosigarnos interiormente. Al fin y al cabo estamos solos y en todo caso la única aprobación que necesitamos es la nuestra. A la vuelta de este suceso literario, podemos examinar lo escrito y hacer con el lo que no dé la gana.

A lo mejor, lejos de parecernos una burrada y tal como señalara el propio Sr. Born, nosotros, aspirantes a escritores, seres de carne y hueso, siempre insatisfechos buscando por el mundo al genio de la lámpara, por primera vez encontremos en aquella escritura abstracta una obra  tan personal como originalísima. Finalmente, de eso se trata.


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