Juan Ignacio Gilligan in Profesores y educadores, Oficios y profesiones, Cuidados Mayores Responsable • GILLIGAN EDITORA Jul 28, 2020 · 1 min read · +300

El poeta de la luz

El poeta de la luz

Si te dedicás a escribir te tratarán de holgazán. El oficio de escritor pasa muy desapercibido y en algunos sectores todavía existe el paradigma de que trabajar es andar con un pico y una pala. 

Los escritores suelen pasar mucho tiempo encerrados entre cuatro paredes, anotando, leyendo, imaginando. Así que a no ser que alguna de nuestras obras trascienda seremos para la sociedad unos regios holgazanes.

Si sirve de consuelo “Shantideva”, el sabio poeta indio, también era considerado un oso perezoso, un bueno para nada. Lo monjes que vivían con él lo tenían entre ojos porque no se movía al ritmo de ellos y siempre parecía colgado de una nube.

No es un dato menor que su padre había fallecido cuando él tenía 20 años dejándolo como único heredero del reino. Sin embargo, un sueño el día antes a la coronación, le hizo tomar la decisión de dirigirse a “Nalanda”, la universidad monástica más importante de su tiempo.

Así que Shantiveda pudiendo ser rey se convirtió en monje. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?

Como era una persona muy sencilla jamás respondía a los agravios, lo que enfadaba aún más a sus compañeros de estudio. Parece ser que un día, con el fin de humillarlo, los monjes lo invitaron a que recitará algo de las escrituras ante todo el monasterio. Shantideva rechazó con modestia la invitación. Sin embargo, ante la insistencia de sus compañeros, finalmente tuvo que aceptar. Los envidiosos quisieron aprovechar la ocasión para burlarse de su ganada reputación por lo que le pusieron un asiento altísimo, un asiento en el cual era imposible sentarse.

Llegado el momento Shantideva se acercó al asiento, estiró su mano y milagrosamente hizo que el asiento fuera más bajo. Una vez sentado preguntó si deseaban que hablara de algo conocido o preferían algo original. Con sarcasmo sus compañeros optaron por la segunda sugerencia.

Fue así que el dulce Shantideva expuso el magnífico poema en mil versos que hoy se conoce como el “Bodhicharyavatara”, una guía de espiritualidad práctica exquisita y tan poética como sublime.

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