Juan Ignacio Gilligan in Profesores y educadores, Oficios y profesiones, Cuidados Mayores Responsable • GILLIGAN EDITORA 20/5/2020 · 1 min read · 4.2K

En la casa del Padre

En la casa del Padre

¿Cómo será el amor que Dios guarda por cada uno de nosotros?, ¿te lo has preguntado? 

Cuenta Jesús que un padre tenía dos hijos y que  el menor de ellos un día le pidió la parte de su herencia y se largó de su casa. El joven despilfarró sus bienes y comenzó a pasar hambre. Cayó tan bajo que terminó viviendo entre los cerdos, deseando la comida de estos animales. Desesperado, viéndose en ta penosa condición, decidió regresar a su hogar, pedir perdón a su padre y rogarle que al menos lo aceptara como un jornalero más, pues sabía que hasta los jornaleros tenían comida abundante en su casa.


Aclara Jesús que el padre lo reconoció “aún cuando estaba lejos”. Y este es un detalle hermoso que nos hace saber que el padre siempre había estado atento al mismo horizonte por donde alguna vez lo había visto alejarse. Tras verlo, corrió hacia donde estaba, se echó sobre él y lo besó.

El hijo le pidió perdón. Seguramente habría concluido ¡cómo pude haber sido tan tonto para abandonar esta vida sencilla y disciplinada junto a mi padre! 

La parábola sigue diciendo que el padre mandó a matar el mejor becerro y a confeccionar el mejor vestido y mandó a que pusieran calzado en sus pies. Y esto nos enseña que el amor sólo es capaz de dar las mejores cosas, nunca menos. El amor nunca va especular con nosotros. Todas las expresiones del amor son máximas, sin manchas. El padre mandó a ponerle un anillo recordando a su hijo su condición natural, algo que nunca había perdido, ni siquiera cuando vivía entre los cerdos.

Su otro hijo, cuenta la historia, se enfadó mucho. Él nunca había pedido nada pese a que había trabajado sin descanso; este padre, se advierte, no criaba hijos consentidos. Pero su  hermano, que había malgastado su herencia, era recibido con una fiesta.

Aquí una de las partes más bellas porque una gran equivocación también puede dejarnos grandes enseñanzas. El primer hijo aprendió mucho de su error, sobre todo aprendió qué tan grande era el amor de su padre; pero el segundo hijo –quien nunca se había equivocado- también pudo aprender. Su padre también tuvo paciencia con éste. Salió a buscarlo fuera de la fiesta para recordarle cuánto lo amaba: “Siempre me has tenido a tu lado y todo lo tengo es tuyo”.

Muchas veces, incluso habiendo actuando equivocadamente como el primer hijo, tomamos la actitud del segundo hijo. El mismo ego que antes nos había llevado a la perdición más tarde se cree con derechos a establecer justicia. Pero la postura del Padre nos enseña la postura correcta. La postura del amor, como mira, como evalúa, como se comporta. ¡Glória in excélsis Déo!


Daniel Gutierrez Perez May 22, 2020 · #2

Hola @Juan Ignacio Gilligan te recomiendo leer esto, probablemente sea de tu interés https://bit.ly/2zVJ09Z

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Alberto Murazzo May 20, 2020 · #1

Muy linda reflexión amigo :)

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