Juan Manuel Pérez Palomanes en Directivos y Ejecutivos, Recursos Humanos, Directores de RRHH Responsable de RRHH • CUMSA (Comercial de Útiles y Moldes, S.A.) 10/1/2018 · 1 min de lectura · 5,2K

Olvidemos la excelencia

Desde siempre hemos escuchado que debemos buscar la excelencia en todo lo que hacemos. Esto nos hará personas y trabajadores excelentes, pero no será gratuito.

La relación entre el esfuerzo dedicado y el resultado obtenido no es lineal, sino exponencial. Evidentemente, a mayor dedicación, mayor nivel de excelencia, pero a partir de un determinado momento, una mínima mejora en el resultado supone una gran dedicación de esfuerzo.

Olvidemos la excelencia

Desde el punto de vista empresarial, podemos encontrarnos con la situación de que, para mejorar mínimamente un producto, tengamos que hacer tal inversión de tiempo y recursos que convirtamos un producto rentable en uno que deja de serlo.

Por este motivo, antes de iniciar cualquier proyecto, es conveniente:

· Ser realista: No es lo mismo plantearse correr un maratón si llevamos años manteniendo unos hábitos sedentarios que si lo hacemos después de haber estado entrenando durante años.

· Marcar objetivos: Más que la excelencia, lo que debemos buscar es un nivel de calidad determinado que sea asumible y realista. Siguiendo el ejemplo anterior, la persona sedentaria deberá empezar corriendo unos pocos kilómetros el primer mes. Si lo consigue, ya llegará el momento en el que se marque los 42.

Como toda virtud, cuando se da en exceso, la autoexigencia puede llegar a ser un defecto. El exceso de exigencia puede dar lugar a:

· Baja autoestima: los perfeccionistas nunca están satisfechos con el trabajo que hacen. Suelen centrarse en aquello que debe mejorarse. Si es excesi