"Albuquerque"

"Albuquerque"

Como noble, pero escudero, la escritura entonces me era esquiva. Solo ahora, en el crepúsculo temprano de mis días, me tomo la licencia de escuchar las teclas que yo mismo digito. Qwerty no es el nombre de la doncella, su nombre es un nudo con reserva de otra nave y de otro relato. Este parte en un rodoviario, seguido de una noche en vela, de cientos de focos fugaces que el insomnio me llevó a cuantificar entre Santiago y Concepción; ese lugar de la mancha de nombre revelado donde residía mi entrañable Alonso Quijano, cuyo alias era Rodrigo y que era de nariz y no de quijada prominente.


El día previo a mi viaje y de nuestro encuentro vi un capítulo de Bugs Bunny en el que el conejo chocaba con una roca y al emerger de la tierra, con cara de circunstancias dice: “Creo que debería de haber tomado ese desvío a la izquierda a Alburquerque”. Dos meses antes, desvelado, había visto una ridícula película de terror animal: “La noche de los conejos gigantes” donde unos orejotas mutantes del tamaño de un lobo y sedientos de sangre, acechan a los moradores de una granja de Arizona. Ocho patas son dos conejos y un solo acertijo.


Rodrigo me esperaba en la estación. Había comprado al por mayor, dos bolsas de caramelos. Tras ponerme al día de sus variadas lecturas, tomamos el tren hacia Valdivia. Los asientos de palo de la clase económica y las múltiples paradas del itinerario eran un desafío a todo el arsenal de juegos de salón que poseíamos. Frente a nosotros viajaban dos gemelas pre adolescentes, gorditas, con caras redondas, trenzas y mejillas rojas, que llevaban un canasto con cocaví. Eran más tímidas que nosotros…


¿Qué habrá sucedido en ese viaje en tren?¿Hay una historia de amor amor en puerta? Leé la historia completa a continuación y descubrilo: http://creandoexperiencias.com/blog/amor/albuquerque/