Algo cálido como la propia casa y algo por completo desconocido

Algo cálido como la propia casa y algo por completo desconocido

Fin de año había sido desgarrador, otro año en el que se sumaba el cansancio con el imperativo de festejar en familia. Se repetía un cuadro: recién separado y todos deseándome felicidades. En eso supongo que ser más viejo tiene algo bueno que es saber donde escaparte cuando la estás pasando mal.

Le confié las llaves de mi casa a un amigo, hice un equipaje acorde a mi deseo de una vida agreste y viajé miles de kilómetros. Primero, hasta la capital de la provincia de Neuquén y de ahí hasta una zona al pie de los Andes en donde conviven emprendimientos turísticos, austeras fábricas de dulces caseros y comunidades mapuches. Desde ese punto del mapa dejé atrás el favor de vehículos motorizados y empecé a caminar. Como me dijo una amiga, “hay que reivindicar el caminar como medio de transporte”; sí, esa era mi apuesta al despeje: largas caminatas y una mochila liviana (o no tan tan pesada).

La primera noche en la carpa tuve frío. Fue un mal indicador dado que todo enero tenía pensado dormir a la intemperie. A la hora del rocío me desperté y me puse otro pantalón y un segundo par de medias. Durante el desayuno el café fue neutralizando el disgusto y templando nuevamente mi cuerpo. Tomé conciencia de que no era suficiente abrigo el que había llevado.

¿Qué sucedió luego? Enterate en https://creandoexperiencias.com/blog/ensenanzas/algo-calido-como-la-propia-casa-y-algo-por-completo-desconocido/